La reforma concursal de 2022 dio un giro al escenario para las empresas en dificultades, un nuevo paradigma que otorga una mayor responsabilidad a los consejos de administración.
Históricamente, los consejos de administración de las compañías en dificultades debían elegir entre dos alternativas antagónicas: resistir o presentar concurso. Esa inevitable disyuntiva se ha esfumado tras la reforma concursal de 2022, que dio lugar al nacimiento de los planes de reestructuración.
A diferencia del pasado, ya no es un recurso a la desesperada, sino una herramienta que puede activarse con antelación. Es decir, cuando la compañía aún es viable pero necesita reordenar su pasivo, renegociar con la banca o dar entrada a un nuevo inversor.
"Ese cambio de paradigma traslada la responsabilidad al consejo de administración: no basta con reaccionar cuando el problema es evidente, sino que hay que anticiparse a él", explican Alejandro Rey y Diego Gutiérrez, socios de RSGM Abogados.
Varias resoluciones dictadas por las Audiencias Provinciales en los últimos meses, que revocan homologaciones por defectos en la formación de clases o en la extensión de efectos, dejan una enseñanza común. Los planes que fracasan no suelen hacerlo por falta de necesidad o justificación económica, sino por planteamientos estratégicos del proceso de reestructuración mal enfocados.
Estas son las preguntas que debería hacerse un consejo de administración ante un plan de reestructuración, como sugieren desde RSGM Abogados:
- ¿Se está actuando con la suficiente anticipación?
Un plan de reestructuración se basa en el principio de que la continuidad de la empresa pasa por reorganizar la estructura de deuda. Para ello, Alejandro Rey hace hincapié en que "anticiparse es uno de los elementos esenciales de este tipo de procesos". De hecho, los tribunales llegan a penalizar planes que se presentan a homologación sin tiempo real de negociación.
- ¿La empresa sigue siendo viable o únicamente está ganando tiempo?
En un plan se debe explicar, con cifras, por qué la empresa merece continuar. Las resoluciones judiciales que califican planes como ineficaces indican que "ganar tiempo sin un proyecto viable detrás no protege al consejo, sólo aplaza el problema y encarece la solución final".
- ¿Qué riesgos asume el consejo si retrasa la toma de decisiones?
Las consecuencias de hacerlo no son neutras. Los socios de RSGM explican que "cuanto más se deteriora la situación, menos margen queda para negociar en condiciones razonables y mayor es la exposición personal de los administradores en términos de responsabilidad si después se cuestiona su diligencia en la gestión de la crisis".
- ¿Es necesario iniciar ya un plan de reestructuración o existen alternativas menos invasivas?
No toda tensión financiera requiere un plan de reestructuración formal. Antes de activarlo conviene agotar otras vías como la renegociación bilateral o la refinanciación ordinaria. Un instrumento mal empleado puede generar resistencias adicionales entre los acreedores.
- ¿Hay información financiera suficiente para decidir?
Varias homologaciones recientes han caído por informes de expertos poco solventes o por valoraciones discutibles de la empresa en funcionamiento. Si no se cuenta con datos fiables sobre el valor real del negocio, cualquier decisión del consejo se sostiene sobre una base frágil.
- ¿Qué acreedores son verdaderamente estratégicos para el éxito del proceso?
No todos los acreedores tienen el mismo peso. Identificar a los realmente decisivos -ya sea por garantías o por capacidad de bloqueo- permite diseñar una negociación realista, en lugar de dedicar esfuerzos en frentes no esenciales para la viabilidad del plan.
- ¿Cómo afectará la reestructuración al negocio y a los clientes?
"Un plan mal comunicado puede dañar la confianza de clientes y proveedores más que la propia dificultad financiera", advierte Diego Gutiérrez. Por eso, el consejo debe valorar el impacto operativo y reputacional, y no sólo el jurídico, antes de anunciar el inicio del proceso. Liderar la gestión de la comunicación es clave para evitar el descontrol o que sea manejado por terceros.
- ¿Puede el consejo mantener el control de la compañía durante todo el proceso?
La reestructuración no implica perder el control de la gestión, pero sí exige aceptar un cierto nivel de supervisión. Anticipar hasta dónde llega esa cesión de autonomía evita sorpresas cuando los acreedores empiezan a condicionar decisiones operativas.
- ¿Qué papel jugarán los socios durante la negociación?
Los socios no son simples espectadores. Su postura sobre ampliaciones de capital, dilución o entrada de nuevos inversores puede condicionar el plan tanto como la posición de la banca. Ignorar sus intereses suele derivar en litigios posteriores.
- ¿Es posible imponer un acuerdo a determinados acreedores?
La ley permite extender los efectos del plan a acreedores disidentes, pero esto sólo ocurre si las clases están correctamente formadas y se respetan las mayorías exigidas. Los tribunales han anulado planes enteros por errores de este tipo, que pueden evitarse con un seguimiento estricto de las previsiones legales.
- ¿Qué pasa si algún acreedor trata de paralizar o bloquear la reestructuración?
Un acreedor minoritario no puede paralizar por sí solo un plan bien construido, pero sí puede impugnarlo si detecta defectos formales. La mejor defensa frente al bloqueo no es la presión, sino un proceso impecable en términos jurídicos desde el primer día.
- ¿Cómo puede entrar un nuevo inversor durante la reestructuración?
La capitalización de deuda y la ampliación de capital son vías habituales para dar entrada a un inversor, pero generan tensiones con los socios existentes y con eventuales pactos parasociales previos. Conviene anticipar esos conflictos antes de ejecutar la operación.
- ¿Qué operaciones pueden realizarse sin poner en riesgo el proceso?
No toda operación societaria es segura mientras el plan está en discusión. Ejecutar ampliaciones de capital u otras decisiones relevantes antes de que la homologación sea firme puede obligar a deshacerlas si el plan se acaba rechazando.
- ¿Qué enseñan las resoluciones judiciales más recientes sobre la actuación de los administradores?
La jurisprudencia reciente es exigente con la calidad técnica del proceso: informes de experto sólidos, clases bien formadas y trato paritario entre acreedores. Los administradores que descuidan estos aspectos ponen en riesgo un plan, por lo demás, justificado.
- ¿Cuál es el mayor error que puede cometer un consejo de administración?
Confundir la reestructuración con un trámite técnico que se delega por completo en los asesores. Un consejo que no hace suyas las decisiones estratégicas del proceso asume igualmente sus consecuencias, aunque no las haya pilotado en primera persona.
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