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Guía para dejar de huir de las emociones que nos incomodan

Guía para dejar de huir de las emociones que nos incomodan
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No, no todo malestar es ‘curable’: «Hay que separar qué parte está en ti, en tu entorno, en el trabajo...»

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No, no todo malestar es ‘curable’: «Hay que separar qué parte está en ti, en tu entorno, en el trabajo...»

Jesús J. Hernández

Jueves, 23 de abril 2026, 00:03

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Hemos llegado a ese punto en que todo malestar parece ‘curable’. Ya sea con un vídeo de TikTok de 37 segundos, con un poquito de ... terapia o con un cambio vital, uno de esos saltos mortales hacia atrás que uno sólo cuenta cuando salen bien. Sin embargo, puede que ese no sea el camino, que haya que hacer algo tan revolucionario como asumir que el contexto condiciona los niveles de felicidad, que por mucha consciencia que tengamos y por mucha respiración diafragmática que hagamos, viviremos más cómodos si podemos llegar fácilmente a fin de mes.

  1. La individual

«La primera capa es la individual, la que tiene que ver con el dolor psicológico. Aquí estarían los síntomas emocionales o de trastornos», define el autor. Es importante separar los síntomas de las causas. Según explica el psicólogo, especializado en trastornos de la conducta, es habitual que pensemos «estoy mal porque tengo depresión», haciendo un símil con los dolores físicos que en psicología no funciona. «El diagnóstico en salud mental es una etiqueta y no la causa». A diferencia de un esguince, no es lo que provoca la incomodidad, sino la hoja de ruta para abordar ese mal.

  1. La social

Aquí entra el entorno social, la familia, los amigos y el marco laboral. «Los contextos sociales nos atraviesan». Las condiciones laborales influyen en nuestra sonrisa diaria. «La precariedad laboral o los problemas de acceso a la vivienda se resuelven en esta sociedad con antidepresivos», señala Esnaola. En el marco social tienen especial peso los allegados y el experto da una importancia clave a la carga transgeneracional: «Heredamos cargas. Cuento el caso de un trastorno de la conducta alimentaria con un fuerte rechazo del propio cuerpo. Cuando lo vi en terapia supe que los abuelos maternos hacían numerosos comentarios sobre el cuerpo de las mujeres y ella había estado siempre a dieta. Esas cosas nos llegan, en la mayoría de los casos sin que seamos conscientes». Dónde hemos crecido y rodeados de qué circunstancias –en especial en casos de abusos o adicciones en los progenitores– condiciona nuestras creencias y nuestra posición en el mundo. Actuamos en el presente con patrones o empujados por vivencias del pasado.

  1. El contexto

Mirando los libros de historia, podemos tener la tentación de vernos como una sociedad de flojos. Son multitud los afligidos por eso que llamamos ‘problemas del primer mundo’. Hace no tanto, nuestros abuelos sobrevivieron a hambrunas, guerras y estuvieron rodeados de una tasa de mortalidad –también infantil– donde era habitual perder a alguien cercano. «Nosotros tenemos cubiertas las necesidades básicas y podemos abordar problemas complejos que en sociedades pasadas ni se planteaban», explica Esnaola. Pero el contexto sigue marcando. «En momentos de crisis se disparan los trastornos. Vivimos en un mundo muy polarizado y con mucha fragmentación».

  1. La conciencia colectiva

¿Qué podemos hacer entonces? «Tomar consciencia de las capas». Hay que separar qué parte de tu malestar está en ti, en tus amigos, en tu trabajo, en tu mundo. «En terapia intentamos utilizar nuestra propia lente para ver qué tiene más peso: lo personal, lo relacional, lo transgeneracional o lo contextual». Y definir «cuál es nuestra posición ante todo eso» porque, incluso cuando no se puede cambiar el malestar, afrontarlo juntos será más llevadero. Hay que «buscar apoyos en comunidades, asociarnos, juntarnos sabiendo que el sufrimiento es el mayor igualador de los seres humanos» y apostar por «una conciencia colectiva».

No uses el léxico médico tan a la ligera

«Nos llegan muchas personas a la consulta con un autodiagnóstico», cuenta Kike Esnaola, que cree que «desde la pandemia hay más interés por la salud mental, aunque con una aproximación simplista y reduccionista». Igual que imperó «el lenguaje espiritual, ahora estamos en el léxico médico». Hablamos con ligereza de TDH, de narcisismo, «y también de altas capacidades y trastornos del espectro autista». Hay que ser cuidadosos con las etiquetas porque influyen en el paciente. Hasta que el psicólogo las confirma, son sólo una hipótesis.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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