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El director musical del Teatro Real recomienda enfrentarse a cualquier pieza musical desde la apertura mental, llegar al teatro sin prejuicios para disfrutar de la obra de arte. También, destaca la relevancia de la emoción humana en las artes ante el panorama digital actual.
La última gran producción de la que se hizo cargo en el Teatro Real Gustavo Gimeno (Valencia, 1976) fue La novia vendida, del compositor checo Bedrich Smetana, una ópera que definió en aquel momento como "bellísima" y que en su apariencia simple conquistó al público. Estrenada el pasado mes de abril, para el director de orquesta español suponía también una oportunidad de demostrar por qué el Teatro Real le nombró la temporada pasada director musical de la institución. Y el valenciano aprobó con nota.
La última vez que se vio 'La novia vendida' en el Teatro Real fue en 1924. Tras 102 años, ¿cómo afrontó esta nueva oportunidad?Fue un momento estimulante; disfruté muchísimo de todo el proceso de dirigir una ópera que es muy desconocida, salvo su obertura, y que está llena de momentos de gran belleza. Es refinada, con unos gestos melódicos preciosos, con un punto de melancolía emocionante. Fue algo difícil de olvidar.Parece que no le dan miedo los retos. ¿Le quedan muchos sueños por cumplir?Interpretar bien cualquier pieza de música de gran calidad siempre es un desafío. Soy aún muy joven para pensar en lo que me queda por hacer porque siento que aún son muchas cosas y no quiero ponerme límites. Mi sueño es disfrutar del proceso y rodearme de los mejores para seguir aprendiendo.Ahora está inmerso en una gira con la Filarmónica de Luxemburgo, después tiene algunos compromisos con las sinfónicas de Toronto, Los Ángeles, Londres o Milán, y va a hacer una gira con la orquesta del Teatro Real por Estados Unidos. ¿Hay alguna pieza que crea imprescindible?Muchas, es imposible elegir una. Cualquier director de orquesta, te dirá que lo que más le gusta es el último proyecto que le han encargado. Cuando tienes que ponerte al frente de una orquesta para interpretar una pieza sinfónica o una ópera, te metes tanto en el mundo del compositor que la creó que acabas amando todo lo que hizo.El amor es el gran tema de la humanidad. ¿También de la ópera?Lo vertebra todo y en el género lírico es un tema central, pero hay muchas más cosas en cada título y reducirlo a eso sería injusto. Por ejemplo, en La novia vendida, el amor prevalece, pero también hay mucho humor, sátira o crítica social.Usted empezó estudiando percusión y la dirección no era más que un 'hobby'. Fue en 2012 cuando se puso delante de una orquesta. ¿Qué se siente al coger una batuta?Lo que se siente cuando eres espectador o músico es completamente distinto a lo que te ocurre cuando diriges. Los puntos de vista son completamente diferentes; el nivel de adrenalina, la exigencia que supone, la necesidad de estar permanentemente concentrado, los sentimientos que te remueven... te llevan a un mundo completamente distinto.¿Qué es lo más bonito de la dirección de orquesta?Conseguir que tantas obras de arte sigan sonando y compartir este inmenso placer con otros seres humanos. Es un privilegio poder formar parte de este proceso, pero también un honor que conlleva siempre una gran responsabilidad.¿Es el público soberano?Por supuesto, incluso cuando no te aplaude. Eso sí, la exigencia es una cualidad muy necesaria en el espectador, pero aprecio aún más la apertura mental y la curiosidad. La evaluación de lo que se escucha o ve es personal, es algo muy subjetivo, pero llegar al teatro sin prejuicios es bueno para disfrutar de la obra de arte.El año pasado fue nombrado Comendador de la Orden del Mérito Civil por el rey Felipe VI, una distinción que pone en valor su contribución a internacionalizar la cultura española. ¿Echa de menos más implicación de la sociedad en la música clásica?Es obligatorio concienciarnos de la necesidad de formar a las próximas generaciones en música, igual que en matemáticas, ciencia o lengua. Las artes son importantísimas, una parte esencial del ser humano, aquello que nos acerca a la creación y creo que tenemos que hacer un esfuerzo mayor, como sociedad, por valorarlas y formar parte de ellas.¿También de la ópera?La ópera es un género esencialmente humano. En el que está todo aquello que nos hacer ser lo que somos; olvidar esa dimensión es un gran error. En un mundo en el que cada vez estamos más solos, donde la tecnología pretende sustituirnos en cada vez más facetas de la vida, la ópera y el resto de artes se pueden disfrutar en comunión. Es algo que eleva el espíritu, que nos engrandece como seres humanos, que nos hace mejores como individuos y como sociedad.¿Significa eso que nunca podrá ser sustituido por una inteligencia artificial?No creo que ningún robot pueda hacer lo que hace un director de orquesta o los músicos de ésta. Hay algo energético en la interacción de los seres humanos que la componen, miradas que significan muchas cosas que no creo que se puedan sustituir. Nos sentimos unos cerca de otros y esa emoción propiamente humana es irrenunciable. La intuición, los sentimientos compartidos, la comunicación que se produce con el público no se puede definir con palabras. La música escrita cobra vida cuando unos seres humanos la interpretan y la ejecutan en un momento concreto para unos oyentes concretos y todas las emociones vuelven a resurgir.¿Qué es para usted la ópera?Es una forma de vida muy exigente porque lo profesional y lo personal se funden. Los músicos pasamos muchas noches fuera de casa, en solitario. También requiere un estudio y una responsabilidad constantes. Es una carrera de fondo y no te puedes despistar.Una mesa para comer en la bibliotecaMadrid abre sus palacios más icónicosMessi se retira de Argentina: "Me vacié, ya no tengo más para dar" Comentar ÚLTIMA HORA