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Hace 1.700 años se construyó una megastructura para la eternidad: hoy sigue dominando Sri Lanka

Hace 1.700 años se construyó una megastructura para la eternidad: hoy sigue dominando Sri Lanka
Artículo Completo 915 palabras
Vivimos rodeados de ciudades cada vez más modernas, conectadas por redes de transporte, tecnología y servicios que parecen definir por completo nuestro tiempo. Sin embargo, en distintos rincones del planeta persisten huellas materiales de sociedades antiguas que levantaron obras destinadas a durar mucho más que quienes las construyeron, recordándonos que la ambición humana de trascender no es un rasgo exclusivo del presente. Algunas de esas estructuras siguen formando parte del paisaje cotidiano miles de años después, silenciosas pero imponentes. Una de ellas se alza en Anuradhapura y, pese a su escala extraordinaria, continúa siendo poco conocida fuera de su entorno inmediato. En el norte central de la isla se encuentra la primera gran capital del territorio y uno de los lugares más sagrados del budismo, donde la práctica religiosa continúa desarrollándose con una continuidad poco habitual en el mundo contemporáneo. En los días de luna llena, peregrinos vestidos de blanco recorren descalzos senderos polvorientos mientras los monjes entonan cánticos al amanecer y visitantes extranjeros se suman a rituales que llevan celebrándose en este mismo entorno desde hace siglos. Jetavanaramaya, la cúpula de ladrillo que desafió al tiempo La construcción que domina este conjunto recibe el nombre de Jetavanaramaya y su escala resulta difícil de asimilar sin detenerse en las cifras. La estupa fue completada en torno al año 301 e. c. utilizando unos 93,3 millones de ladrillos de barro cocido y llegó a rondar los 122 metros de altura, una de las mayores alturas del mundo antiguo. Por su tamaño, cuando se terminó llegó a figurar como la tercera mayor construcción hecha por el ser humano, solo por detrás de las pirámides de Guiza. Esa ambición material resume por sí sola la magnitud del proyecto. El aspecto actual de Jetavanaramaya es también el resultado de una larga historia de deterioro y recuperación. Tras derrumbes progresivos y etapas de abandono, la estupa alcanza hoy cerca de 71 metros de altura, lejos de la imagen que proyectaba en su origen. Pese a esa reducción, su volumen la mantiene como la mayor construcción de ladrillo conocida, una escala tan extrema que, según una comparación recogida en fuentes históricas, sus ladrillos bastarían para levantar un muro de unos 30 centímetros de grosor y cerca de tres metros de altura entre Londres y Edimburgo. El hecho de que quedara cubierta durante siglos por la vegetación contribuyó a que esta hazaña de ingeniería antigua permaneciera relativamente ignorada fuera de la región. Más allá de su dimensión arquitectónica, la estupa formaba parte de una organización religiosa compleja que articulaba la vida monástica del entorno. El conjunto, denominado Jetavana Vihara, fue diseñado para acoger a una amplia comunidad de monjes y situar la práctica espiritual en torno a la presencia permanente de la construcción principal, visible desde cualquier punto del recinto. La elección del ladrillo como material principal condicionó por completo la logística del proyecto. A diferencia de las pirámides de Guiza, construidas en piedra, esta estupa requirió preparar, transportar y ensamblar millones de piezas más vulnerables a la erosión. Restos de antiguos hornos hallados en la región confirman una producción masiva, aunque sin una atribución concluyente a la obra ni una datación segura a inicios del siglo IV. La movilización de mano de obra necesaria para completar la construcción sigue siendo uno de los aspectos menos claros del registro histórico. Parte del misterio que rodea a la estupa procede de lo que se ha encontrado en su interior. Se hallaron de cofres relicarios colocados en varios niveles constructivos, una disposición que confirma su función como contenedor de significado religioso además de proeza técnica. Junto a ellos aparecieron paneles de oro con representaciones de bodhisattvas, hoy conservados en el Museo Nacional de Colombo. Este conjunto de hallazgos aporta evidencia material de corrientes doctrinales diversas y sugiere que el enclave participó en redes culturales conectadas con la India y otras regiones del entorno del Índico. En Xataka China le está mostrando al mundo que si se quiere construir, se puede: un edificio de 10 plantas en 29 horas Quizá lo más llamativo no sea solo que una estructura de estas dimensiones haya sobrevivido durante más de 1.700 años, sino que durante siglos no volvió a levantarse en la región una estupa de escala comparable. Ese dato sitúa a Jetavanaramaya como el punto culminante de una tradición constructiva que después evolucionó hacia otras formas y proporciones. Su presencia actual recuerda que sociedades muy anteriores a la modernidad ya fueron capaces de coordinar trabajo, conocimiento técnico y creencias colectivas con una ambición extraordinaria. Imágenes | erdbeernaut (CC BY-SA 2.0) | Wimukthi Bandara (CC BY-SA 4.0) | En Xataka | Hace 50 años un alemán inició un paraíso futurista en Lanzarote. Nadie imaginó que acabaría siendo la ruina más famosa de la isla - La noticia Hace 1.700 años se construyó una megastructura para la eternidad: hoy sigue dominando Sri Lanka fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .
Hace 1.700 años se construyó una megastructura para la eternidad: hoy sigue dominando Sri Lanka
  • Una estupa levantada hace más de 1.000 años años no pasa desapercibida en Anuradhapura

  • Fue una de las mayores construcciones del mundo antiguo y la mayor estructura de ladrillo conocida

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Javier Marquez

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Vivimos rodeados de ciudades cada vez más modernas, conectadas por redes de transporte, tecnología y servicios que parecen definir por completo nuestro tiempo. Sin embargo, en distintos rincones del planeta persisten huellas materiales de sociedades antiguas que levantaron obras destinadas a durar mucho más que quienes las construyeron, recordándonos que la ambición humana de trascender no es un rasgo exclusivo del presente. Algunas de esas estructuras siguen formando parte del paisaje cotidiano miles de años después, silenciosas pero imponentes. Una de ellas se alza en Anuradhapura y, pese a su escala extraordinaria, continúa siendo poco conocida fuera de su entorno inmediato.

En el norte central de la isla se encuentra la primera gran capital del territorio y uno de los lugares más sagrados del budismo, donde la práctica religiosa continúa desarrollándose con una continuidad poco habitual en el mundo contemporáneo. En los días de luna llena, peregrinos vestidos de blanco recorren descalzos senderos polvorientos mientras los monjes entonan cánticos al amanecer y visitantes extranjeros se suman a rituales que llevan celebrándose en este mismo entorno desde hace siglos.

Jetavanaramaya, la cúpula de ladrillo que desafió al tiempo

La construcción que domina este conjunto recibe el nombre de Jetavanaramaya y su escala resulta difícil de asimilar sin detenerse en las cifras. La estupa fue completada en torno al año 301 e. c. utilizando unos 93,3 millones de ladrillos de barro cocido y llegó a rondar los 122 metros de altura, una de las mayores alturas del mundo antiguo. Por su tamaño, cuando se terminó llegó a figurar como la tercera mayor construcción hecha por el ser humano, solo por detrás de las pirámides de Guiza. Esa ambición material resume por sí sola la magnitud del proyecto.

El aspecto actual de Jetavanaramaya es también el resultado de una larga historia de deterioro y recuperación. Tras derrumbes progresivos y etapas de abandono, la estupa alcanza hoy cerca de 71 metros de altura, lejos de la imagen que proyectaba en su origen. Pese a esa reducción, su volumen la mantiene como la mayor construcción de ladrillo conocida, una escala tan extrema que, según una comparación recogida en fuentes históricas, sus ladrillos bastarían para levantar un muro de unos 30 centímetros de grosor y cerca de tres metros de altura entre Londres y Edimburgo. El hecho de que quedara cubierta durante siglos por la vegetación contribuyó a que esta hazaña de ingeniería antigua permaneciera relativamente ignorada fuera de la región.

Más allá de su dimensión arquitectónica, la estupa formaba parte de una organización religiosa compleja que articulaba la vida monástica del entorno. El conjunto, denominado Jetavana Vihara, fue diseñado para acoger a una amplia comunidad de monjes y situar la práctica espiritual en torno a la presencia permanente de la construcción principal, visible desde cualquier punto del recinto.

La elección del ladrillo como material principal condicionó por completo la logística del proyecto. A diferencia de las pirámides de Guiza, construidas en piedra, esta estupa requirió preparar, transportar y ensamblar millones de piezas más vulnerables a la erosión. Restos de antiguos hornos hallados en la región confirman una producción masiva, aunque sin una atribución concluyente a la obra ni una datación segura a inicios del siglo IV. La movilización de mano de obra necesaria para completar la construcción sigue siendo uno de los aspectos menos claros del registro histórico.

Parte del misterio que rodea a la estupa procede de lo que se ha encontrado en su interior. Se hallaron de cofres relicarios colocados en varios niveles constructivos, una disposición que confirma su función como contenedor de significado religioso además de proeza técnica. Junto a ellos aparecieron paneles de oro con representaciones de bodhisattvas, hoy conservados en el Museo Nacional de Colombo. Este conjunto de hallazgos aporta evidencia material de corrientes doctrinales diversas y sugiere que el enclave participó en redes culturales conectadas con la India y otras regiones del entorno del Índico.

En XatakaChina le está mostrando al mundo que si se quiere construir, se puede: un edificio de 10 plantas en 29 horas

Quizá lo más llamativo no sea solo que una estructura de estas dimensiones haya sobrevivido durante más de 1.700 años, sino que durante siglos no volvió a levantarse en la región una estupa de escala comparable. Ese dato sitúa a Jetavanaramaya como el punto culminante de una tradición constructiva que después evolucionó hacia otras formas y proporciones. Su presencia actual recuerda que sociedades muy anteriores a la modernidad ya fueron capaces de coordinar trabajo, conocimiento técnico y creencias colectivas con una ambición extraordinaria.

Imágenes | erdbeernaut (CC BY-SA 2.0) | Wimukthi Bandara (CC BY-SA 4.0) |

En Xataka | Hace 50 años un alemán inició un paraíso futurista en Lanzarote. Nadie imaginó que acabaría siendo la ruina más famosa de la isla

Fuente original: Leer en Xataka
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