Arbolado, desasfaltado y ventilación natural: la receta de los expertos para frenar el efecto 'isla de calor' en nuestras calles
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 26/08/2026 Actualizado a las 18:36h.Caminar hoy por el centro de cualquier ciudad moderna durante una ola de calor es toda una experiencia. Pero una de hostilidad ambiental. Porque lo ... que hace décadas se presentó como el culmen de la modernidad –grandes calles despejadas y plazas diáfanas– ha resultado ser un conjunto de planchas de hormigón en las que el desdichado paseante puede 'morir al sol', en ciudades sin sombras. No es una sensación personal de los tiquismiquis con el mercurio, es una realidad de dimensiones considerables y que confirman los expertos del sector.
Ante el calor extremo el comportamiento del ciudadano actual es llamativo: huye de la «modernidad» de las nuevas avenidas y se refugia en los cascos viejos. Xabier Arruza, coordinador de Bilbao Urban & Cities Design (una agrupación de profesionales y empresas que aboga por nuevos modelos de ciudades) observa que esta elección es acertada. «Si alguien te pregunta: 'Oye, ¿dónde puedo estar mejor en cualquier ciudad con este calor?', la respuesta es: 'Vete a la parte vieja, busca un soportal, busca una plaza porticada'». Las soluciones que funcionan «están en las partes menos modernas de las ciudades: jardines con estanques con agua, pérgolas, calles con arbolado...».
Antes de que el aire acondicionado permitiera ignorar el clima exterior, el urbanismo debía «escuchar» al entorno para ser habitable. Arruza menciona el caso de las antiguas civilizaciones del desierto que utilizaban torres de viento o 'badgirs' (el término que las designa en persa): «Son torres en forma de chimenea que se orientaban para captar las brisas exteriores y conducirlas hacia el interior, o bien favorecer la salida de aire caliente», logrando ventilación y refrigeración pasiva sin electricidad. Pero nosotros «hemos decidido construir megatorres de cristal. Si hace 50 grados, decimos: 'Bueno, ponemos aire acondicionado y ya está'».
El abandono de recursos tradicionales como el arbolado, las calles porticadas, los estanques de los jardines o las pérgolas, ha transformado nuestras calles en «islas de calor». Los materiales actuales, lejos de protegernos, actúan como amplificadores térmicos. «Has artificializado el entorno, has puesto pavimento y edificios de cristal y acero. Son materiales que rebotan el calor. El asfalto lo absorbe durante el día y lo libera por la noche; los cristales y el acero lo proyectan hacia el peatón. Te acercas a ciertas torres modernas y lo notas», explica Arruza.
El error de las «tiritas»
La respuesta actual de muchas administraciones ante esta crisis térmica se limita a soluciones provisionales: fuentes de emergencia y «refugios climáticos». Para San Salvador del Valle, esto es un error de diagnóstico que él ilustra con una metáfora contundente: «Es como si tú te pusieras un zapato que constantemente te hace heridas en el talón y, en lugar de entender que tienes que reblandecer el zapato o cambiar de calzado, solo pones tiritas».
«Las medidas a corto plazo tienen que intentar coser y remendar los rotos que tenemos, pero el daño va a ir 'in crescendo' si no nos comprometemos en un cambio de estilo de vida». Además, alerta sobre el efecto perverso de confiar solo en alternativas mecánicas: «Gran parte de las soluciones que estamos dando ahora tienen que ver con un mayor consumo de aires acondicionados, y esto va a suponer una nueva agresión contra el equilibrio ecológico del hábitat».
Tres tácticas para corregir lo que pasa
Si la solución no es tirar de aire acondicionado, poner fuentes o habilitar refugios climáticos... ¿Qué se puede hacer para que la ciudad, nuestra ciudad, vuelva a ser habitable? Los expertos lo tienen claro: recuperar y aplicar con precisión tres palancas maestras: la sombra, el agua y el viento.
La gestión de la sombra (intercepción solar)
«La primera táctica de todas es evitar que el sol llegue al suelo y para eso lo mejor son los árboles, más allá de parches como los toldos», defiende el economista Xabier Arruza. Un arbolado de porte generoso puede reducir la temperatura bajo su copa hasta 10 grados en comparación con el asfalto expuesto. El reto es superar la «excusa del parking» que a menudo impide plantarlos en plazas duras por la falta de profundidad para las raíces.
La evapotranspiración (el regreso a la tierra)
La ciudad del futuro debe dejar de ser impermeable. «Necesitamos renaturalizarla. La ciudad es más que el espacio urbano; es sinónimo de lo urbano, lo rural y lo natural», afirma el catedrático Roberto San Salvador. Arruza coincide en que el futuro urbano debe oler a «tierra mojada», incluso «hay que despavimentar. El agua debe estar presente en el suelo para que transpire, porque dejar que el ciclo natural del agua vuelva ayuda a regular la temperatura».
La ventilación natural
Por último, el diseño debe permitir que el aire se mueva. Antiguamente, los cascos viejos de calles estrechas y pegadas no solo buscaban la sombra, sino canalizar las brisas. «Si yo sé por dónde soplan los vientos, puedo intentar planificar calles y edificios para dejar esa libre circulación que refrescaría la ciudad», detalla Arruza.
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