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Hace un calor insoportable: la culpa es del oscurecimiento global

Hace un calor insoportable: la culpa es del oscurecimiento global
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La Tierra está absorbiendo mucha más luz solar
Hace un calor insoportable: la culpa es del oscurecimiento global

La Tierra está absorbiendo mucha más luz solar

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The Economist

27/07/2026 a las 01:21h.

Cole Porter tenía razón. Hace un calor insoportable. El 14 de julio, la temperatura superficial de los océanos tropicales y de latitudes medias de la ... Tierra fue más alta que en cualquier otro 14 de julio de los registros modernos. Lo mismo ocurrió con todos los demás días de julio y también con casi todos los días de junio. Europa ha sufrido tres olas de calor desde mayo y, aunque el continente está mejor preparado para este tipo de fenómenos que antes, decenas de miles de personas fallecerán como consecuencia de ellas.

Cole Porter tenía razón. Hace un calor insoportable. El 14 de julio, la temperatura superficial de los océanos tropicales y de latitudes medias de la Tierra fue más alta que en cualquier otro 14 de julio de los registros modernos. Lo mismo ocurrió con todos los demás días de julio y también con casi todos los días de junio. Europa ha sufrido tres olas de calor desde mayo y, aunque el continente está mejor preparado para este tipo de fenómenos que antes, decenas de miles de personas fallecerán como consecuencia de ellas.

Un 4 de julio bajo una «cúpula de calor»

Las celebraciones del 4 de julio en Estados Unidos tuvieron lugar bajo una sofocante «cúpula de calor». El supertifón Bavi, que provocó la evacuación de más de un millón de personas de la costa china, debió gran parte de su fuerza a la velocidad a la que fue capaz de absorber energía del mar sobrecalentado. Los incendios se están extendiendo por todas partes. Y lo peor está por llegar. Las probabilidades de que este año sea el más caluroso jamás registrado están aumentando y el fenómeno de El Niño que se está gestando en el Pacífico prácticamente garantiza que el año que viene superará al actual.

El cambio climático se alimenta de sí mismo. Los efectos del calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero están impulsando procesos que calientan aún más el planeta. Lo que más entusiasma —y alarma— a los científicos es una reducción inesperada de un aspecto poco conocido pero fundamental de la Tierra: su albedo.

El albedo es la fracción de la luz solar incidente que una superficie o un planeta refleja de vuelta hacia su origen. Un albedo elevado, ya sea debido a tejados blancos o a mares cubiertos de hielo, mantiene la temperatura baja; por el contrario, cuando el albedo es bajo, la energía incidente permanece en la Tierra, elevando las temperaturas de la superficie del planeta. Desde hace más de dos décadas, se realizan mediciones fiables por satélite del albedo de la Tierra. Estas mediciones muestran que está disminuyendo a una velocidad sorprendente. Los océanos, responsables de la mayor parte de la absorción de la luz solar, han acumulado, como consecuencia, mucho más calor.

Esto se debe, en parte, a la escasez de nubes refrescantes sobre los mares, un efecto ampliamente previsto del calentamiento por efecto invernadero. Sin embargo, también se debe a algo completamente distinto. En 2006 —de hecho, hace 20 años este mes—, el difunto Paul Crutzen, un químico atmosférico de renombre mundial, escribió un artículo en el que señalaba el «dilema político» implícito en los esfuerzos por controlar las emisiones de dióxido de azufre. El dióxido de azufre, que proviene de la quema de algunos combustibles fósiles, genera pequeñas partículas en la atmósfera tras su emisión que causan estragos en la salud humana. También reflejan la luz solar de vuelta al espacio, reduciendo así la cantidad de energía que llega a la superficie terrestre. Según Crutzen, las agencias sanitarias consideraban que controlar esas partículas podría salvar 500.000 vidas al año; al mismo tiempo, al disminuir el efecto refrigerante del azufre, esas medidas podrían aumentar el calentamiento global en quizá 1°C (1,8°F).

Ambas tendencias de reducción del albedo parecen destinadas a continuar, lo que aumentará aún más el calor. Es poco probable que las ciudades industriales del mundo en desarrollo sacrifiquen la salud de sus habitantes, asfixiados por el smog, con el fin de frenar el calentamiento a escala mundial, por lo que las emisiones de azufre seguirán disminuyendo. Las retroalimentaciones climáticas que reducen la cobertura nubosa no cesarán mientras los niveles de dióxido de carbono sigan aumentando. Y aunque la transición hacia las energías renovables reduzca el uso de combustibles fósiles, como ya está empezando a ocurrir, lo más importante es el nivel acumulado de gases de efecto invernadero.

Hace aproximadamente una década, la necesidad de estabilizar ese nivel acumulado llevó a muchos países a adoptar objetivos de «cero emisiones netas». Los defensores de esta idea consideran que no emitir a la atmósfera más gases de efecto invernadero de los que se eliminan es una buena forma de cuidar el planeta. Tienen razón. Sin embargo, se trata de un proceso inevitablemente lento. Es más, sus detractores también tienen razón cuando afirman que solo en el caso de las economías más grandes el progreso de un único país hacia los objetivos de cero emisiones netas tiene un efecto apreciable en la trayectoria global del mundo. La idea se concibió cuando Estados Unidos creía en los acuerdos internacionales y el nivel de idealismo necesario para imaginar que los países se animaran unos a otros a mejorar era simplemente elevado —y no, como ocurre ahora, una ilusión—.

¿Por qué no te comportas?

Todavía hay lugares donde se entiende que el cambio climático es importante y donde se pueden coordinar las acciones. El compromiso con el objetivo de cero emisiones netas debería otorgar a un país cierta posición de ventaja a la hora de negociar otras opciones a más corto plazo para limitar el cambio climático, como la reducción de las emisiones de metano y la producción de gases fluorados utilizados en los sistemas de refrigeración, medidas que aportan beneficios más rápidamente que la reducción del dióxido de carbono.

Sin embargo, ninguna forma de reducción de emisiones puede cambiar rápidamente la trayectoria actual. Lo que queda es la perseverancia. Hacer que el aire acondicionado sea más eficiente, más barato y más generalizado salva vidas y encaja bien con otros objetivos políticos, como lograr que la electricidad limpia sea barata de producir y consumir. Hace diez años se alcanzó en Kigali, la capital de Ruanda, un compromiso para eliminar progresivamente los gases fluorados de los sistemas de refrigeración. Hay margen para llevar a término más iniciativas internacionales orientadas a mejorar la maquinaria que los utiliza, lo cual podría duplicar el beneficio en refrigeración que supone la eliminación gradual de dichos gases.

La respuesta más radical consiste en hacer que la Tierra vuelva a ser un poco más reflectante

La respuesta más radical consiste en hacer que la Tierra vuelva a ser un poco más reflectante. La provocativa sugerencia de Crutzen para resolver su dilema político sobre las emisiones de azufre fue sustituir los aerosoles nocivos por otros benignos. Se ha probado el blanqueamiento de las nubes refrigerantes sobre la Gran Barrera de Coral, pero la tecnología necesaria para llevarlo a cabo a gran escala sigue siendo difícil de desarrollar. Una empresa israelo-estadounidense, Stardust Solutions, ha recaudado fondos para desarrollar aerosoles «seguros» que, en su opinión, un país o un grupo de países podrían utilizar para enfriar el planeta desde la estratosfera.

Hay quienes se oponen ferozmente a este tipo de geoingeniería; casi nadie la respalda como una vía deseable para el futuro. Sin embargo, si las naciones pueden actuar de forma concertada para calentar el planeta —como hicieron los miembros de la Organización Marítima Internacional cuando impusieron nuevas restricciones a las emisiones de azufre de los buques en 2020—, deberían ser capaces de debatir las condiciones en las que podrían enfriarlo. Guardar silencio sobre la geoingeniería no impide que alguien la pruebe. Cuanto más se acelere el calentamiento, antes se llegará a un punto en el que, por citar de nuevo a Cole Porter, valdrá todo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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