Los extranjeros que se topan con la protesta porla vivienda van de la comprensión al enfado, pero coinciden en algo: España está, en esto, peor
Regala esta noticia Añádenos en Google La acampada, que esté domingo seguía viva en la madrileña Puerta del Sol, se ha desbordado ya hacia las calles adyacentes. (Efe)Íñigo Goñi Davó
05/10/2026 Actualizado a las 00:06h.Un nuevo monumento se erige en la emblemática Puerta del Sol de Madrid, a juzgar por la atención que está despertando desde que comenzó a ' ... levantarse' hace algo más de una semana. El millar de personas, jóvenes en su mayoría, que permanecen acampados desde el sábado 26 de septiembre en protesta por el cada vez más difícil acceso a una vivienda digna en España, configura una suerte de edificio humano que atrae las miradas, entre sorprendidas, curiosas, solidarias y también molestas, entre los otros ocupantes, además de la ciudadanía madrileña, de uno de los lugares más identificables del país: ese enjambre de turistas que tiñen a diario la capital de distintos colores y acentos.
«Es una pena», lamenta Nacho Braga, mexicano de 62 años, que lleva una semana de visita. «Antes veníamos a Madrid a pasear, disfrutar, tener un rato agradable con estos bellos edificios, ahora…», deja, incómodo, las palabras en el aire para que sea Manuel Contreras, paisano y compañero de vacaciones, quien remate el juicio: «Es una falta de respeto hacia la ciudad». Los concentrados no encuentran tampoco comprensión en Vincent, joven como ellos -tiene 25 años- pero de origen chino, que recorre las calles de la capital junto a sus padres. «No me dejan sacar una buena foto de la plaza», se queja, en un comentario que seguramente no sería bien recibido entre los acampados y quienes creen que el problema de la vivienda en España constituye un agujero negro. Su padre, Cook, asiente a su lado, mientras consulta en su móvil un mapa. «Somos turistas, solo queremos disfrutar y conocer la ciudad, no nos importan las regulaciones sobre vivienda», resume este ciudadano de la potencia comunista.
«Me siento responsable de esto», asume un canadiense que vincula esta crisis al pujante negocio turístico
Pero no todo son críticas hacia la movilización asentada sobre el kilómetro cero del país, ampliada ya a las arterias adyacentes. También hay turistas que defienden la importancia de su causa o que, tras preguntar en la misma plaza por el motivo de la acampada, se suman a la reivindicación. «No me molesta que estén aquí; es más, creo que está bien, que es la mejor manera de visibilizar la protesta», afirma Ryan, canadiense de 26 años. El joven se muestra perplejo ante la dimensión de la manifestación. «Aunque había visto en TikTok que había protestas, no me imaginaba algo así, debe de ser grave el problema de la vivienda, ¿no?», interroga, al tiempo que presupone que tiene su parte de culpa personal en el desafío inmobiliario. «Creo que una de las múltiples causas pueden ser los turistas, así que me siento, de alguna manera, responsable de esto», sostiene.
Entre la multitud de extranjeros que pasean bajo el último sol estival, reconocibles por sus botellas de agua, sus mapas y sus camisetas de la Puerta de Alcalá, emerge Alex, un londinense de 39 años que vuelve a su casa en Alicante tras seis semanas recorriendo el Camino de Santiago. Aunque su hogar sea en realidad, matiza, «un coche». «Allí vivo desde hace varios meses junto a mi hija», narra descubriendo el pelo azul que escondía bajo la gorra, obra de su descendiente. «Llevo meses esperando una vivienda asequible en la zona de Valencia, pero todo son pisos para turistas, pisos vacíos que se llenan en verano», expone, mientras contempla las tiendas que conquistan la plaza. «Es una buena protesta. Espero que surta efecto y Sánchez por fin empiece a hacer algo», interpela este británico, horas antes de que el presidente resuelva si convoca o no las elecciones.
«Hijita de la selva»
Elvira, oriunda de Perú e «hijita de la selva», como apostilla, suscribe estas últimas palabras de Alex: su preocupación es que «la plaza esté fea para que Sánchez se dé cuenta de lo que está haciendo». Ajena a las imágenes turísticas -«qué importa no sacarle fotos a las plazas, no nos vamos a morir de eso»-, esta viajera de mediana edad se indigna ante el coste «abusivo» de la vivienda en España. «¿Cómo va a pagar un muchacho que estudia un alquiler con estos precios?», se pregunta, apesadumbrada, pese a su breve estancia en el país.
«Solo queremos disfrutar la ciudad, no nos interesan las regulaciones de vivienda», se queja una familia china
Y es que en lo que sí coinciden los turistas que acceden a hablar, provenientes de los cuatro puntos cardinales del planeta, es en el mal lugar en que queda España tras la comparativa con cómo se accede a un techo en sus respectivos países de origen. «En China hay mayor sentido de propiedad. El sistema te da facilidad para pagar a plazos, por lo que la mayoría aboga por ser propietario», esgrime Vincent con media sonrisa. «En Canadá hay un control muy férreo sobre el precio del alquiler y la vivienda», constata Ryan, como si quisiera lanzar una propuesta a los congregados en la plaza madrileña. «En Perú estamos mal, pero en España las condiciones son peores. Allí los propietarios no se atreven a tanto», concluye Elvira.
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