Han encontrado huevos de dinosaurio en un lugar demasiado frío para que existiesen. Estos científicos creen que el titanosaurio fabricaba sus propias incubadoras
Aunque hubiese médicos que se resistían a usarla, la incubadora ha sido uno de los inventos más útiles de la historia de la humanidad. Básicamente, les daba a los bebés prematuros una segunda oportunidad para sobrevivir en el mundo. Pero, en realidad, los humanos no fuimos los primeros en fabricar este dispositivo. De hecho, precisamente su inventor se fijó en el mundo animal para construirlo. Muchos animales han precisado de algo similar a una incubadora para que sus crías pudiesen prosperar. No sabemos exactamente cuáles fueron los primeros en hacerlo, aunque, según un estudio publicado recientemente por científicos japoneses y argentinos, la incubadora puede ser, como mínimo, tan antigua como algunos dinosaurios.
Demasiado al sur. Esta hipótesis partió del hallazgo de cáscaras de huevo de dinosaurio en la Formación Chorrillo del Cretácico Superior (Maastrichtiense), en las zonas más meridionales de la Patagonia. Los huevos en cuestión tendrían más o menos el tamaño de un balón de fútbol y posiblemente pertenecían a titanosaurios.
El lugar en el que se hallaron es un punto demasiado cerca del polo sur. Según la comparación que hacen en Science Alert, el clima en ese momento debería ser similar al que hoy en día tiene la ciudad de Nueva York. Si nos ponemos más castizos, quizás sería comparable a alguna ciudad del norte de España, como Bilbao. Sea como sea, lo que está claro es que hacía demasiado frío para que los bebés de dinosaurio pudiesen llegar a nacer.
Enterrarlos no es suficiente. Las cáscaras del huevo tenían poros grandes y abundantes. Eso, en un principio, podría demostrar que se desarrollaban enterrados, de modo que necesitaban más huecos para que pudiese entrar el aire por ellos. Podríamos pensar que, al enterrarse, se aumentaría la temperatura adecuadamente. Sin embargo, los autores del estudio que se acaba de publicar han calculado que esto no es suficiente para retener todo el calor necesario. Debería haber algo más.
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Mira a tu alrededor. Para buscar la respuesta al enigma, estos científicos probaron a fijarse en dos de los parientes y descendientes de los dinosaurios que aún caminan sobre la Tierra: los cocodrilos y las aves. Al observar sus métodos de incubación de huevos, se toparon con una opción que podría haber sido útil para aquellos titanosaurios. Y es que tanto los cocodrilos de agua salada como unas aves australianas llamadas talégalos tienen la costumbre de crear incubadoras con ayuda de materia vegetal en descomposición. El proceso por el que las bacterias degradan la materia orgánica libera mucho calor. Por eso, al cubrir los huevos con un montón de compost humeante, mantienen el calor en torno a ellos.
No es seguro. Lógicamente, no podemos saber si esto ocurrió tal y como han supuesto. Cuadra con el tipo de clima y con lo que hacen los descendientes de los dinosaurios. Además, está claro que algo había que hacer. En esas latitudes, la temperatura era insuficiente para que los huevos pudiesen eclosionar favorablemente, así que se necesitaba algún método para calentarlos. Con este, parece que todas las piezas encajan. Desgraciadamente, se han encontrado muy pocos yacimientos con huevos de este dinosaurio y la única forma de confirmar la teoría es precisamente esa. Encontrar más huevos y detectar nuevas pistas. Hasta entonces, esta es una hipótesis bastante elegante, pero hay que tomarla con cautela.
Imagen | Gary Todd
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Han encontrado huevos de dinosaurio en un lugar demasiado frío para que existiesen. Estos científicos creen que el titanosaurio fabricaba sus propias incubadoras
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por
Azucena Martín
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Han encontrado huevos de dinosaurio en un lugar demasiado frío para que existiesen. Estos científicos creen que el titanosaurio fabricaba sus propias incubadoras
Un poco de materia orgánica en descomposición y, voila, huevos calentitos
Aunque hubiese médicos que se resistían a usarla, la incubadora ha sido uno de los inventos más útiles de la historia de la humanidad. Básicamente, les daba a los bebés prematuros una segunda oportunidad para sobrevivir en el mundo. Pero, en realidad, los humanos no fuimos los primeros en fabricar este dispositivo. De hecho, precisamente su inventor se fijó en el mundo animal para construirlo. Muchos animales han precisado de algo similar a una incubadora para que sus crías pudiesen prosperar. No sabemos exactamente cuáles fueron los primeros en hacerlo, aunque, según un estudio publicado recientemente por científicos japoneses y argentinos, la incubadora puede ser, como mínimo, tan antigua como algunos dinosaurios.
Demasiado al sur. Esta hipótesis partió del hallazgo de cáscaras de huevo de dinosaurio en la Formación Chorrillo del Cretácico Superior (Maastrichtiense), en las zonas más meridionales de la Patagonia. Los huevos en cuestión tendrían más o menos el tamaño de un balón de fútbol y posiblemente pertenecían a titanosaurios.
El lugar en el que se hallaron es un punto demasiado cerca del polo sur. Según la comparación que hacen en Science Alert, el clima en ese momento debería ser similar al que hoy en día tiene la ciudad de Nueva York. Si nos ponemos más castizos, quizás sería comparable a alguna ciudad del norte de España, como Bilbao. Sea como sea, lo que está claro es que hacía demasiado frío para que los bebés de dinosaurio pudiesen llegar a nacer.
Enterrarlos no es suficiente. Las cáscaras del huevo tenían poros grandes y abundantes. Eso, en un principio, podría demostrar que se desarrollaban enterrados, de modo que necesitaban más huecos para que pudiese entrar el aire por ellos. Podríamos pensar que, al enterrarse, se aumentaría la temperatura adecuadamente. Sin embargo, los autores del estudio que se acaba de publicar han calculado que esto no es suficiente para retener todo el calor necesario. Debería haber algo más.
Mira a tu alrededor. Para buscar la respuesta al enigma, estos científicos probaron a fijarse en dos de los parientes y descendientes de los dinosaurios que aún caminan sobre la Tierra: los cocodrilos y las aves. Al observar sus métodos de incubación de huevos, se toparon con una opción que podría haber sido útil para aquellos titanosaurios. Y es que tanto los cocodrilos de agua salada como unas aves australianas llamadas talégalos tienen la costumbre de crear incubadoras con ayuda de materia vegetal en descomposición. El proceso por el que las bacterias degradan la materia orgánica libera mucho calor. Por eso, al cubrir los huevos con un montón de compost humeante, mantienen el calor en torno a ellos.
No es seguro. Lógicamente, no podemos saber si esto ocurrió tal y como han supuesto. Cuadra con el tipo de clima y con lo que hacen los descendientes de los dinosaurios. Además, está claro que algo había que hacer. En esas latitudes, la temperatura era insuficiente para que los huevos pudiesen eclosionar favorablemente, así que se necesitaba algún método para calentarlos. Con este, parece que todas las piezas encajan. Desgraciadamente, se han encontrado muy pocos yacimientos con huevos de este dinosaurio y la única forma de confirmar la teoría es precisamente esa. Encontrar más huevos y detectar nuevas pistas. Hasta entonces, esta es una hipótesis bastante elegante, pero hay que tomarla con cautela.