Un nuevo estudio con estos animales da cierta cobertura académica a una filosofía que muchos ven como algo místico y esotérico
Escucha el artículo. 4 min
Escucha el artículo. 4 min
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 16/07/2026 Actualizado a las 00:07h.Millonarios como Steven Spielberg, Bill Gates o Madonna utilizan el feng shui, una técnica milenaria de Oriente, para decorar sus hogares. Practicada en China desde ... hace más de 3.000 años, consiste en la orientación de los edificios de espaldas a las montañas para proteger del viento (feng), y hacia los ríos, para tener buen aporte de agua (shui). Esa es la teoría, en la práctica tiene reglas más concretas. Y la más conocida es intentar que las habitaciones tengan una orientación norte-sur porque esto, supuestamente, alinea la energía (chi) para que fluya.
Los humanos no tenemos capacidad de detectar los campos magnéticos de la tierra conscientemente y, por ello, la mayor parte de los científicos convienen en que no parece tener sentido orientar la cama según el eje norte-sur. Pero, ¿y si pudiéramos detectarlos, aunque no nos demos cuenta? Muchos animales son capaces de orientarse y migrar con cielos nublados, de noche, o bajo el suelo, por lo que no parece que puedan depender solamente de la visión. La capacidad de detectar magnetismo en el reino animal, o magnetocepción, ha sido objeto de muchas especulaciones, pero solo recientemente se ha identificado el mecanismo responsable de esta habilidad. Al menos, en las palomas mensajeras. Y sorprendentemente, la repuesta está en su hígado.
Un estudio del centro Max Planck de Alemania que se acaba de publicar ha descubierto que la capacidad de magnetocepción de las palomas mensajeras reside en unas células específicas de este órgano que acumulan grandes cantidades de hierro. Se trata de macrófagos, células del sistema inmune hepático que se encargan de eliminar los restos de glóbulos rojos que se producen diariamente. Estos están cargados de la hemoglobina, la proteína cuyo núcleo de hierro da color rojo a nuestra sangre y nos permite transportar el oxígeno de los pulmones a los demás tejidos.
Navegación perturbada
Los macrófagos no pueden eliminar el hierro, que se acumula en su interior. Cuando las palomas se ven expuestas a un campo magnético, como el terrestre, estas partículas de hierro se alinean y generan propiedades que se llaman superparamagnéticas, lo que las hace reactivas a los campos magnéticos. Esto genera cambios que, de alguna manera que aún no se conoce, activan una pequeña red de neuronas en el hígado que se comunica con el cerebro, permitiendo detectar ese campo magnético. Los investigadores han demostrado que la eliminación de esos macrófagos perturba completamente la capacidad de navegación de estas palomas en días nublados en los que no pueden usar la visión, demostrando que en ellos reside la magnetocepción.
La capacidad de las palomas para detectar magnetismo reside en unas células específicas del hígado
El hallazgo puede parecer solamente relevante para los colombófilos más apasionados, esos que llegan a gastar miles de euros en un ejemplar de paloma mensajera, pero tiene más interés. Quizá a partir de estos estudios, se empiecen a utilizar dietas más altas en hierro para promover la orientación de estas palomas, o a seleccionar variedades de animales con hígados más grandes. Y quizás también tenga relevancia para los seres humanos, porque el mismo grupo investigador reportó hace unos años que esos mismos macrófagos del hígado humano también acumulaban grandes cantidades de hierro. Para ellos era una molestia, porque usaban técnicas basadas en magnetismo para purificar distintos tipos celulares y estos macrófagos siempre contaminaban sus preparaciones. Pero tal vez eso que inicialmente se reportó como una molestia sea la base de la magnetocepción en seres humanos.
Que los macrófagos de nuestro hígado tienen propiedades superparamagnéticas está demostrado. Lo que no sabemos es si hay neuronas en nuestro hígado capaces de detectar los cambios en estas células en respuesta al campo magnético, si son capaces de trasladar esa información a nuestro cerebro, y cómo se procesa una vez que llega allí. El caso es que con estos nuevos datos, parece plausible que podamos detectar, aunque sea débilmente y no de manera consciente, el campo magnético terrestre. La ciencia nos seguirá dando respuestas a estas preguntas, pero, mientras tanto, los aficionados al feng shui pueden seguir durmiendo felices con la cabeza orientada al norte y los pies al sur.
Algunos datos sobre el feng shui
Cultura milenaria. El feng shui es un antiguo sistema filosófico chino de origen taoísta que se basa en la ocupación consciente del espacio que nos rodea.
Cinco elementos. Defiende que los cinco elementos fundamentales del universo –la tierra, el agua, el fuego, la madera y el metal– han de encontrarse en armonía para que todo fluya.
Orientación, orden, limpieza... En la práctica, hay ciertas reglas que deberían cumplirse para que esto sea así: desde que las habitaciones tengan cierta orientación, hasta mantener el orden y la limpieza, la puerta despejada,
De China, al mundo. Durante los siglos XIX y XX, la globalización permitió que esta curiosa filosofía se extendiera por el resto del planeta. A ello también ayudó una visita a China que hizo Richard Nixon en 1972. A su vuelta, EE UU se volvió loco por el feng shui.
Arquitectura moderna. Algunos edificios muy conocidos han sido construidos siguiendo dictados de esta disciplina. Uno de ellos es la sede central del Banco de China, obra del prestigioso arquitecto Ming Pei. Pero también Norman Foster se inspiró en esta filosofía para crear algunos elementos del Shanghai Bank.
- Temas
- ciencia