Elizabeth Holmes responde en X, desde prisión, a las preguntas de sus seguidores. Harvey Weinstein concede entrevistas a un podcast sin salir de la celda. Una presa lanza un clon suyo generado con IA en su perfil de Instagram. No son, para nada, casos aislados: la tecnología está redefiniendo qué significa estar "incomunicado" cuando cumples condena.
Móviles en la prisión. Un momento: ¿cómo que influencers en prisión? ¿No está prohibido en la cárcel el uso de móviles? Sí y no, al menos en Estados Unidos: el Federal Bureau of Prisons mantiene desde 2009 un sistema llamado TRULINCS (Trust Fund Limited Inmate Computer System), diseñado para proporcionar a los presos acceso limitado a mensajería electrónica sin conexión a internet. Concretando un poco, el sistema no permite a los reclusos acceder a la web, todos los mensajes entrantes y salientes son monitorizados y los correos están limitados a 13.000 caracteres sin adjuntos. Las redes sociales quedan también completamente fuera de autorización.
¿Quién lo paga? El propio recluso: el funcionamiento es tan restrictivo que los reclusos pueden escribir únicamente a un máximo de 30 contactos externos previamente aprobados, y el servicio tiene un coste de 0,05 dólares por minuto, sufragado directamente de los fondos del propio interno. Este dinero sale del trabajo del interno en prisión, pero ahí nadie se hace rico: un recluso recibe ingresos de apenas 15 dólares al mes trabajando dentro del centro, así que usar el servidor de correo puede convertirse en un lujo.
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Influencers por proximidad. ¿Cómo hacen entonces figuras como la mencionada Holmes (condenada por estafa y fundadora de Theranos, empresa de Silicon Valley que prometió revolucionar los análisis de sangre con una sola gota, llegando a ser valorada en 10.000 millones de dólares) o Sam Bankman-Fried (ex-CEO de FTX, una de las mayores plataformas de criptomonedas, culpable de uno de los mayores fraudes financieros en la historia de EE.UU)? Trasladan la gestión de sus cuentas a personas de confianza fuera del recinto.
George Santos (excongresista republicano condenado por fraude electrónico, robo de identidad de donantes y malversación de fondos de campaña para uso personal y cuya sentencia fue conmutada por Trump) reconoció que nueve personas gestionaban sus perfiles mientras él estaba dentro. El sistema prohíbe explícitamente a los reclusos operar o mantener cuentas en redes sociales, y hay intención de endurecer las sanciones limitando la capacidad de terceros para publicar contenido en nombre del preso. Es una zona gris legal y ética.
¿Y en España? Antes de seguir, dejemos claras las diferencias: no tenemos ninguna infraestructura unificada de mensajería electrónica comparable a TRULINCS. En España, la tecnología al alcance de los presos es, en la mayor parte de los casos, analógica: radio, televisión, y ordenadores sin conexión a internet para quienes estudian con la UNED o participan en talleres. Desde 2022, eso sí, hay una reforma del Real Decreto 268/2022 que modificó el Reglamento Penitenciario para abrir la puerta al teletrabajo, las videoconferencias con familiares, la presentación de quejas online y el acceso a internet en las bibliotecas de los centros. Todo dependiendo, obviamente, de la infraestructudra de cada prisión.
Presos que hablan. La figura del recluso que intenta hablar al mundo desde su celda no es nueva. Durante décadas, la televisión fue el único canal, y personalidades como la periodista norteamericana Barbara Walters lo convirtieron en un formato habitual, con largas conversaciones con criminales desde la cárcel, como los hermanos Menéndez, el estafador Bernie Madoff o el actor Robert Blake mientras estaba a la espera de juicio por el asesinato de su esposa.
El siguiente paso han sido los podcasts: famosos periodistas (significativamente, siempre de corte conservador) como Tucker Carlson o Candace Owens han usado el formato para entrevistar a gente tan prominente como Harvey Weinstein. Este apareció en el podcast de Owens en su primera entrevista en casi diez años desde Rikers Island.
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Presos por IA. El caso más extremo de esta especie de salida virtual de las paredes de prisión está en el caso de Nicole Daedone. Fue condenada en 2025 por conspiración para cometer trabajos forzados en el marco de la empresa OneTaste. Su equipo publicó en Instagram un vídeo en el que un clon generado por IA leía un mensaje a sus seguidores: una réplica sintética de la propia Daedone se comunicaba así con su audiencia mientras ella estaba físicamente detenida. Un curioso paso adelante que se enfrenta a un nuevo vacío legal, ya que no hay ninguna norma que prohíba a un equipo externo publicar contenido generado por IA en nombre de un recluso, siempre que ese contenido no haya sido producido dentro del centro penitenciario.
El futuro. Confluyen, de este modo, multitud de opiniones y posturas. Hay abogados que, significativamente y como especifica The Hollywood Reporter, creen que la presencia en redes sociales puede desvirtuar la imagen de los acusados y, en última instancia, su imagen pública, y acabar perjudicándoles. Pero como se ha llegado a decir, Martin Luther King escribió su 'Carta desde la cárcel de Birmingham' en papeles que sus abogados distribuyeron. Hoy, su esposa Coretta lo habría publicado en Twitter.
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La noticia
Hay influencers tuiteando y subiendo stories a Instagram desde dentro de la cárcel: han encontrado la forma aunque está prohibido
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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Hay influencers tuiteando y subiendo stories a Instagram desde dentro de la cárcel: han encontrado la forma aunque está prohibido
Ya hay presos influencers que están creando réplicas digitales con IA para mantener activas sus redes sociales
Elizabeth Holmes responde en X, desde prisión, a las preguntas de sus seguidores. Harvey Weinstein concede entrevistas a un podcast sin salir de la celda. Una presa lanza un clon suyo generado con IA en su perfil de Instagram. No son, para nada, casos aislados: la tecnología está redefiniendo qué significa estar "incomunicado" cuando cumples condena.
Móviles en la prisión. Un momento: ¿cómo que influencers en prisión? ¿No está prohibido en la cárcel el uso de móviles? Sí y no, al menos en Estados Unidos: el Federal Bureau of Prisons mantiene desde 2009 un sistema llamado TRULINCS (Trust Fund Limited Inmate Computer System), diseñado para proporcionar a los presos acceso limitado a mensajería electrónica sin conexión a internet. Concretando un poco, el sistema no permite a los reclusos acceder a la web, todos los mensajes entrantes y salientes son monitorizados y los correos están limitados a 13.000 caracteres sin adjuntos. Las redes sociales quedan también completamente fuera de autorización.
¿Quién lo paga? El propio recluso: el funcionamiento es tan restrictivo que los reclusos pueden escribir únicamente a un máximo de 30 contactos externos previamente aprobados, y el servicio tiene un coste de 0,05 dólares por minuto, sufragado directamente de los fondos del propio interno. Este dinero sale del trabajo del interno en prisión, pero ahí nadie se hace rico: un recluso recibe ingresos de apenas 15 dólares al mes trabajando dentro del centro, así que usar el servidor de correo puede convertirse en un lujo.
Influencers por proximidad. ¿Cómo hacen entonces figuras como la mencionada Holmes (condenada por estafa y fundadora de Theranos, empresa de Silicon Valley que prometió revolucionar los análisis de sangre con una sola gota, llegando a ser valorada en 10.000 millones de dólares) o Sam Bankman-Fried (ex-CEO de FTX, una de las mayores plataformas de criptomonedas, culpable de uno de los mayores fraudes financieros en la historia de EE.UU)? Trasladan la gestión de sus cuentas a personas de confianza fuera del recinto.
George Santos (excongresista republicano condenado por fraude electrónico, robo de identidad de donantes y malversación de fondos de campaña para uso personal y cuya sentencia fue conmutada por Trump) reconoció que nueve personas gestionaban sus perfiles mientras él estaba dentro. El sistema prohíbe explícitamente a los reclusos operar o mantener cuentas en redes sociales, y hay intención de endurecer las sanciones limitando la capacidad de terceros para publicar contenido en nombre del preso. Es una zona gris legal y ética.
¿Y en España? Antes de seguir, dejemos claras las diferencias: no tenemos ninguna infraestructura unificada de mensajería electrónica comparable a TRULINCS. En España, la tecnología al alcance de los presos es, en la mayor parte de los casos, analógica: radio, televisión, y ordenadores sin conexión a internet para quienes estudian con la UNED o participan en talleres. Desde 2022, eso sí, hay una reforma del Real Decreto 268/2022 que modificó el Reglamento Penitenciario para abrir la puerta al teletrabajo, las videoconferencias con familiares, la presentación de quejas online y el acceso a internet en las bibliotecas de los centros. Todo dependiendo, obviamente, de la infraestructudra de cada prisión.
Presos que hablan. La figura del recluso que intenta hablar al mundo desde su celda no es nueva. Durante décadas, la televisión fue el único canal, y personalidades como la periodista norteamericana Barbara Walters lo convirtieron en un formato habitual, con largas conversaciones con criminales desde la cárcel, como los hermanos Menéndez, el estafador Bernie Madoff o el actor Robert Blake mientras estaba a la espera de juicio por el asesinato de su esposa.
El siguiente paso han sido los podcasts: famosos periodistas (significativamente, siempre de corte conservador) como Tucker Carlson o Candace Owens han usado el formato para entrevistar a gente tan prominente como Harvey Weinstein. Este apareció en el podcast de Owens en su primera entrevista en casi diez años desde Rikers Island.
Presos por IA. El caso más extremo de esta especie de salida virtual de las paredes de prisión está en el caso de Nicole Daedone. Fue condenada en 2025 por conspiración para cometer trabajos forzados en el marco de la empresa OneTaste. Su equipo publicó en Instagram un vídeo en el que un clon generado por IA leía un mensaje a sus seguidores: una réplica sintética de la propia Daedone se comunicaba así con su audiencia mientras ella estaba físicamente detenida. Un curioso paso adelante que se enfrenta a un nuevo vacío legal, ya que no hay ninguna norma que prohíba a un equipo externo publicar contenido generado por IA en nombre de un recluso, siempre que ese contenido no haya sido producido dentro del centro penitenciario.
El futuro. Confluyen, de este modo, multitud de opiniones y posturas. Hay abogados que, significativamente y como especifica The Hollywood Reporter, creen que la presencia en redes sociales puede desvirtuar la imagen de los acusados y, en última instancia, su imagen pública, y acabar perjudicándoles. Pero como se ha llegado a decir, Martin Luther King escribió su 'Carta desde la cárcel de Birmingham' en papeles que sus abogados distribuyeron. Hoy, su esposa Coretta lo habría publicado en Twitter.