- SILVIA IRANZO GUTIÉRREZ*
Hoy se habla mucho de defensa. No es sorprendente teniendo en cuenta que los últimos 4 años han sido los de mayor mortalidad en conflictos desde el final de la guerra fría. El gasto mundial en Defensa ha aumentado un 41% en los últimos 10 años.
La industria de la Defensa es una parte esencial del sistema de la defensa de un país y realiza una contribución positiva a la economía y al desarrollo tecnológico. En España, la industria de la Defensa representa el 2,1% del PIB y el 12,9% de la producción industrial. Unas 545 empresas, la mayoría pymes, operan en el sector, que factura 16.000 millones de euros. Invierten en promedio en I+D el 9,2% de su facturación y generan empleo de alta cualificación. España es la cuarta potencia industrial de la Defensa en Europa y la décima exportadora mundial del sector. El futuro del sector español de la Defensa es prometedor, por ejemplo, en la producción de drones, munición, sistemas satelitales, sensores, artillería de precisión o ciberdefensa, entre otros. Sin embargo, se enfrenta a retos importantes, tanto a nivel nacional como europeo.
En España se pueden identificar cinco retos principales de esta industria. El primero es la falta de presupuestos estatales. Aumentar el gasto en Defensa con presupuesto prorrogado requiere recurrir a "modificaciones presupuestarias", como son los créditos extraordinarios, las ampliaciones de créditos o las transferencias de unas partidas a otras. Estas operaciones, además de atentar contra los principios democráticos de control del gasto público y de especialidad presupuestaria, no permiten aprobar programas de gastos que excedan el plazo de un año, lo que impacta negativamente sobre los programas de desarrollo más largos y de mayor valor añadido. Estos obstáculos se salvan en parte mediante los Programas Especiales de Modernización, resultantes de acuerdos conjuntos entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Industria y Turismo.
El segundo reto es que el crecimiento del PIB español, más alto que la media de la UE, obliga a España a realizar un mayor esfuerzo anual de incremento de gasto en Defensa que sus socios europeos para mantener el gasto directo mínimo en defensa en relación al PIB establecido por la OTAN (2% para alcanzar el 3,5% en 2035).
El tercer reto es el reducido tamaño relativo de las empresas españolas del sector de la Defensa, lo que las relega a un puesto inferior a la hora de formar consorcios con otras empresas europeas, o de participar en fusiones y adquisiciones de escala europea. Indra, la empresa española de mayor tamaño, facturó 5.457 millones de euros en 2025, comparado con la francesa Thales con 22.136 millones o la italiana Leonardo con 19.503 millones.
Dependencia exterior
El cuarto reto es la dependencia de España del exterior en material de Defensa, sobre todo en componentes aeronáuticos y electrónica avanzada, lo que acrecienta la vulnerabilidad en caso de conflictos geopolíticos. España depende sobre todo de Estados Unidos, que representa la mitad de las compras exteriores de España. De ese país, España obtiene sistemas Patriot de defensa aérea, helicópteros navales o tecnologías de modernización de buques. La política exterior española reciente de confrontación abierta con Israel y Estados Unidos ha llevado al embargo a Israel de compras y ventas de material bélico y a frenar las adquisiciones a Estados Unidos en el marco de programas nuevos de defensa, como el caza de quinta generación F-35. Esta política está reorientando la política de adquisiciones exteriores de material de defensa hacia países como Turquía o Corea del Sur. La dependencia del exterior también se aprecia a nivel europeo. La Unión Europea (UE) ha venido destinando un 60% de su gasto en Defensa a compras de material de defensa estadounidense.
En quinto lugar, cabe citar la lentitud de los procedimientos de las administraciones públicas en el terreno de la contratación. Los avances tecnológicos en el sector de la Defensa se suceden actualmente a gran velocidad y si los procedimientos administrativos se demoran en exceso los proyectos pueden devenir obsoletos antes de su terminación.
En cuanto a la industria europea de la Defensa, su tamaño en conjunto es muy inferior a la de Estados Unidos, que factura casi cuatro veces más. Pero lo más preocupante es la fragmentación de las capacidades, que se produce porque cada país gasta en Defensa siguiendo sus intereses nacionales, que no son necesariamente los de la UE. Esto es así porque el artículo 346 del Tratado de Funcionamiento de la UE exime a los países miembros del cumplimiento de las normas del mercado interior europeo en el caso de la defensa y seguridad nacional. Ejemplos de esta fragmentación son la existencia en Europa de catorce modelos diferentes de carro de combate frente a uno en Estados Unidos, veinte modelos de fragatas frente a una en Estados Unidos o quince modelos diferentes de aviones de combate en Europa frente a ocho en Estados Unidos. Hay algunos casos de producción conjunta europea a través de determinados consorcios, como los que producen los carros Leopard o el caza Eurofighter, pero son de alcance limitado en cuanto a número de países participantes.
Menor rentabilidad
La fragmentación de las capacidades dificulta su interoperabilidad, imprescindible en las guerras modernas, impide la generación de economías de escala y perjudica la rentabilidad de las empresas europeas de Defensa, lo que limita los recursos para la innovación e I+D en el sector y resta competitividad frente a terceros países. Las cinco primeras empresas europeas de Defensa (incluyendo a Reino Unido) facturan tres veces menos que las cinco primeras de Estados Unidos (Big Five) y su nivel tecnológico es inferior a las de Estados Unidos, Corea del Sur, e incluso Rusia y Ucrania. La Comisión Europea, mediante la Estrategia Industrial de Defensa Europea (EDIS) de marzo de 2024, ha establecido metas vinculantes de cara a los próximos años para incentivar la cooperación transfronteriza en defensa. Esta estrategia contempla la adquisición en común de al menos el 40% de los equipos militares para 2030, y que ese año al menos el 50% del presupuesto de contratación en defensa de los países miembros se invierta en empresas europeas militares y de seguridad (este porcentaje sube al 60% en 2035).
El telón de fondo de la fragmentación militar europea es la ausencia de una auténtica política común de la defensa en la UE. Desde su creación formal en 1999, la política europea de Defensa solo compete al Consejo de la UE (están ausentes el Parlamento y la Comisión Europea), que requiere unanimidad de los 27 miembros para la toma de las decisiones en Defensa. Esta arquitectura de gobernanza dificulta la creación de una autoridad que indique a cada país lo que tiene que producir, cómo y cuándo.
Claves del desarrollo
Para que España disponga de un ejército que pueda ejercer la disuasión, y que sea una pieza esencial de la industria europea de la defensa, debería acometer algunas actuaciones. Primero, urge disponer de Presupuestos Generales del Estado aprobados por las Cortes. Segundo, es necesario que la política exterior y de Defensa sean políticas de estado dotadas de una cierta estabilidad. Solo así pueden las empresas tener la seguridad jurídica y la certidumbre a medio plazo sobre proveedores y clientes para acometer las inversiones necesarias. Tercero, la administración española debe agilizar los procedimientos para la adjudicación y la gestión de los proyectos de la defensa, con el fin de garantizar las tecnologías óptimas en cada proyecto. Cuarto, dado el creciente perfil tecnológico del material de defensa, se deben potenciar más las start-ups tecnológicas mejorando sus condiciones fiscales y laborales y su acceso a la financiación. Quinto, el Gobierno debe apoyar a máximo nivel los proyectos de exportación española de material de defensa de mayor valor añadido, alineados con los intereses de la defensa europea. Pero para que estas operaciones lleguen a buen puerto es imprescindible que España se pueda presentar como socio estable, creíble y confiable. Y sexto, España debe defender el establecimiento de una verdadera política europea de Defensa, apoyando la reforma de los tratados donde sea preciso y la creación de una estructura centralizada de mando de la defensa en Europa, que constituya un pilar esencial del futuro ejército europeo.
*Silvia Iranzo GutiérrezAltos Estudios de la Defensa. Doctora en Economía y Empresa
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