En las gélidas y remotas islas del archipiélago de Svalbard en Noruega, la Tierra esconde colosos de hielo con un comportamiento que fascina a la ciencia. Y no son masas estáticas heladas, sino que son ríos congelados increíblemente dinámicos que han estado bajo la atenta mirada de los satélites de la NASA. Algo realmente importante porque ha podido captar un fenómeno asombroso en el glaciar Stonebreen: un patrón de flujo que simula un "latido" estacional, y que tiene hasta un color rojo muy característico.
Un fenómeno de transformación. El reciente artículo publicado por el NASA Earth Observatory, revela cómo este glaciar se transforma durante los meses más cálidos. Los datos muestran una coreografía brutal en la que el hielo llegó a desplazarse a velocidades de hasta 2.590 metros por año en el verano de 2020. Aunque aquí la verdadera pregunta es qué hace exactamente lo que este glaciar "lata" con tanta fuerza y cómo hemos logrado medirlo con semejante precisión.
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El agua de deshielo. El glaciólogo Chad Greene, investigador clave en este descubrimiento, explica que el secreto de este latido reside en el agua. Durante el verano, el agua de fusión penetra hasta la base del glaciar y esta agua aumenta drásticamente la presión hidrostática, actuando como un poderoso lubricante entre la inmensa masa de hielo y el lecho rocoso. De esta manera, al perder fricción, el glaciar se desliza hacia el océano a velocidades de vértigo.
Los científicos llaman a este fenómeno "surgencia", mientras que la inmensa mayoría de los glaciares del planeta fluyen a una velocidad más o menos constante, solo el 1% de los glaciares globales experimentan este tipo de ciclos de avance rápido y posterior letargo. Casualmente, Svalbard es uno de los lugares del mundo donde este comportamiento anómalo es más habitual.
ITS_LIVE. Rastrear el movimiento de un glaciar milímetro a milímetro no es una tarea para nada sencilla, y para lograrlo los científicos han usado esta tecnología que es una monumental iniciativa desarrollada por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA.
Este sistema actúa como un gran radar global de alta resolución y para ello, procesa de forma automatizada millones de pares de imágenes ópticas y de radar obtenidas por constelaciones de satélites como Landsat de la NASA y Sentinel de la ESA utilizando un potente algoritmo llamado autoRIFT.
Un proceso largo. No es algo que se pueda hacer en dos días de análisis, sino que para conseguir este resultado ha necesitado procesar más de 36 millones de pares de imágenes recopiladas desde 1982. Al procesar estos datos, las herramientas son capaces de generar mapas donde los colores delatan el movimiento: el rojo intenso para identificar flujos veloces y el rosa para el avance más lento.
Un gigante frágil. La ciencia detrás de Stonebreen lleva años fascinando a los investigadores, puesto que estudios previos ya alertaban sobre la situación precaria del glaciar. En 2017, el equipo de Strozzi documentó cómo el glaciar sufría una importante desestabilización frontal, y tras un lento retroceso que duró hasta 2011, experimentó una fuerte aceleración propulsada por la pérdida de espesor y, posiblemente, por la intrusión de agua oceánica inusualmente cálida.
El problema es que parte del glaciar está anclado bajo el nivel del mar a lo largo de seis kilómetros desde su frente. Esta particularidad lo hace extremadamente vulnerable tanto al hecho de que se derrita como a la erosión que hace el propio océano que tiene delante.
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Su relevancia. En un contexto de emergencia climática como el que vivimos, entender estos latidos es vital. Como ya demostró el equipo de Noël, la baja altitud de los glaciares en Svalbard está directamente correlacionada con una altísima variabilidad en la pérdida de masa de hielo, lo que puede ser un desastre al aumentar el nivel del mar.
Es por ello que estos proyectos son muy importantes, ya que permiten la investigación casi en tiempo real, ya no solo del maravilloso "latido" estacional de la naturaleza, sino que es nuestra mejor herramienta predictiva para calcular con exactitud cómo se comportará el deshielo y, en consecuencia, cómo afectará a todo el ecosistema.
Imágenes | Vince Gx
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La noticia
Hay un glaciar en Noruega que literalmente "late": la NASA ha visto que se acelera y frena al ritmo de las estaciones
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
Hay un glaciar en Noruega que literalmente "late": la NASA ha visto que se acelera y frena al ritmo de las estaciones
Este glaciar puede ser fundamental para entender la progresión del deshielo
En las gélidas y remotas islas del archipiélago de Svalbard en Noruega, la Tierra esconde colosos de hielo con un comportamiento que fascina a la ciencia. Y no son masas estáticas heladas, sino que son ríos congelados increíblemente dinámicos que han estado bajo la atenta mirada de los satélites de la NASA. Algo realmente importante porque ha podido captar un fenómeno asombroso en el glaciar Stonebreen: un patrón de flujo que simula un "latido" estacional, y que tiene hasta un color rojo muy característico.
Un fenómeno de transformación. El reciente artículo publicado por el NASA Earth Observatory, revela cómo este glaciar se transforma durante los meses más cálidos. Los datos muestran una coreografía brutal en la que el hielo llegó a desplazarse a velocidades de hasta 2.590 metros por año en el verano de 2020. Aunque aquí la verdadera pregunta es qué hace exactamente lo que este glaciar "lata" con tanta fuerza y cómo hemos logrado medirlo con semejante precisión.
El agua de deshielo. El glaciólogo Chad Greene, investigador clave en este descubrimiento, explica que el secreto de este latido reside en el agua. Durante el verano, el agua de fusión penetra hasta la base del glaciar y esta agua aumenta drásticamente la presión hidrostática, actuando como un poderoso lubricante entre la inmensa masa de hielo y el lecho rocoso. De esta manera, al perder fricción, el glaciar se desliza hacia el océano a velocidades de vértigo.
Los científicos llaman a este fenómeno "surgencia", mientras que la inmensa mayoría de los glaciares del planeta fluyen a una velocidad más o menos constante, solo el 1% de los glaciares globales experimentan este tipo de ciclos de avance rápido y posterior letargo. Casualmente, Svalbard es uno de los lugares del mundo donde este comportamiento anómalo es más habitual.
ITS_LIVE. Rastrear el movimiento de un glaciar milímetro a milímetro no es una tarea para nada sencilla, y para lograrlo los científicos han usado esta tecnología que es una monumental iniciativa desarrollada por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA.
Este sistema actúa como un gran radar global de alta resolución y para ello, procesa de forma automatizada millones de pares de imágenes ópticas y de radar obtenidas por constelaciones de satélites como Landsat de la NASA y Sentinel de la ESA utilizando un potente algoritmo llamado autoRIFT.
Un proceso largo. No es algo que se pueda hacer en dos días de análisis, sino que para conseguir este resultado ha necesitado procesar más de 36 millones de pares de imágenes recopiladas desde 1982. Al procesar estos datos, las herramientas son capaces de generar mapas donde los colores delatan el movimiento: el rojo intenso para identificar flujos veloces y el rosa para el avance más lento.
Un gigante frágil. La ciencia detrás de Stonebreen lleva años fascinando a los investigadores, puesto que estudios previos ya alertaban sobre la situación precaria del glaciar. En 2017, el equipo de Strozzi documentó cómo el glaciar sufría una importante desestabilización frontal, y tras un lento retroceso que duró hasta 2011, experimentó una fuerte aceleración propulsada por la pérdida de espesor y, posiblemente, por la intrusión de agua oceánica inusualmente cálida.
El problema es que parte del glaciar está anclado bajo el nivel del mar a lo largo de seis kilómetros desde su frente. Esta particularidad lo hace extremadamente vulnerable tanto al hecho de que se derrita como a la erosión que hace el propio océano que tiene delante.
Su relevancia. En un contexto de emergencia climática como el que vivimos, entender estos latidos es vital. Como ya demostró el equipo de Noël, la baja altitud de los glaciares en Svalbard está directamente correlacionada con una altísima variabilidad en la pérdida de masa de hielo, lo que puede ser un desastre al aumentar el nivel del mar.
Es por ello que estos proyectos son muy importantes, ya que permiten la investigación casi en tiempo real, ya no solo del maravilloso "latido" estacional de la naturaleza, sino que es nuestra mejor herramienta predictiva para calcular con exactitud cómo se comportará el deshielo y, en consecuencia, cómo afectará a todo el ecosistema.