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Yasmina Reza. Carole BellaicheYasmina Reza
Dramaturga y escritora «Hemos pasado de no creer las mujeres a maltratar los hombres»«He sentido empatía por algunos asesinos», admite la autora de 'Casos reales', que mezcla sus visitas a los tribunales con textos íntimos / «Las redes sociales, el ruido y los rumores son violencia extrema»
Madrid
Domingo, 18 de enero 2026, 00:12
... libro heterogéneo en el que su vida se cruza con las de criminales y asesinos. Las conoció en su periplo de tres lustros por los tribunales franceses. En unos procesos «muy parecidos al teatro» para la ganadora de los premios Molière, Tony o Renaudot, para quien «la verdad no existe».–Hay asesinos seductores, encantadores, como Cyril Berger, que dio treinta puñaladas a su suegra rica ¿Sintió empatía por alguno?
–Muchas veces sentí empatía. Otro hombre que mató a cuchilladas a toda su familia política me tocó mucho por distintas razones. Pero no el elegante y educado Berger.
–¿Por qué nos seduce la truculencia?
–No creo que sea gusto por lo morboso. Nos atrae la infracción, la ruptura, salirse del camino. La audacia de pulverizar la moral nos fascina, porque estamos tan educados para no hacerlo, por suerte, que quienes se salen de esa senda nos seducen.
–¿Somos ahora mas violentos que nunca?
–No. La violencia ha existido siempre y no es ahora mayor. Quizá sus herramientas son hoy más potentes. Además de las armas, tenemos las redes sociales, el ruido, los rumores que son una forma de violencia extrema.
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Portada del libro. Algaguara–¿Todos somos asesinos potenciales?
–Le dije a una amiga que todos podríamos serlo. 'No, no, no', me rebatió. Ninguna salíamos de nuestra postura. Es difícil responder. No lo sabemos.
–El teatro y un tribunal tienen mucho en común. ¿Ambos desnudan el alma?
–Sí. Hay una conexión muy potente. Hay dramaturgia judicial, como teatral. La gran diferencia es que ante el tribunal uno interpreta su propio papel y arriesga mucho más que los actores. Las reglas son mucho más estrictas. No hay el espacio de libertad estética del teatro.
–¿Los criminales son buenos actores?
–No siempre. Depende.
–Siguió a Sarkozy durante un año para un libro y en su juicio. ¿Es mejor político o actor?
–¡Uf! Los políticos están obligados a hacer un papel. Encarnan su personaje. En la tele no son las mismas personas que cenando en privado.
–¿Cree en la justicia? Ha cambiado el libro su percepción?
–Es difícil responder, pero creo en la justicia. La imparten seres humanos que se pueden equivocar, ser débiles. Mejor no tener juicios, claro está. Pero es realmente necesaria, sobre todo si se aplica bien.
–¿Es igual para todos? Vemos como los poderosos eluden su peso.
–No es igual para todos. No todo el mundo tiene el mismo acceso a la justicia. Las personas sin recursos no pueden optar a buenos abogados. Pero ante un tribunal, honestamente, no he percibido diferencias de trato. En Francia muchos políticos son juzgados y al fina la justicia es súper dura con ellos.
–¿Es plausible la independencia plena de un juez?
–No podemos excluir los intereses personales. Es imposible. Mi crítica sobre la falta de independencia y libertad de los jueces es que son bastante porosos al entorno, al signo de los tiempos. En Francia, no sé aquí, si eres hombre, una mujer te acusa y vas a un tribunal, no querría estar en tu lugar. Antes no creíamos a las mujeres y ahora hemos pasado a todo lo contrario. Los hombres están muy maltratados hoy. No hay un punto intermedio.
Yasmina Reza. Carole Bellaiche–¿Lo visto en los tribunales ha enriquecido su literatura?
–Sin duda. Sigo yendo a los juicios. Es formidable. Ves a personas muy distintas que nunca conocerías en otra situación. Vivimos en entornos muy cerrados. No frecuentamos otras esferas sociológicas. En un juicio ves la vida tal cual es.
–El horizonte de un juicio es hallar la verdad, pero con la inteligencia artificial nada es fiable ¿La verdad está muerta?
–La verdad no existe. Su búsqueda sí. En los tribunales comprendes que estamos en su persecución permanente. Podemos trazar un contorno de la verdad, pero no se puede encontrar. La realidad sí. La verdad siempre dependerá de la visión que tengamos. Cada cual tiene su verdad. Siempre lo creí así, y más desde que frecuento los tribunales.
–Vivimos tiempos inciertos. Un mundo extremo en el que avanzan la radicalidad, la polarización y la autocracia. ¿Le inquieta?
–Mucho. Habría que estar loco para no sentir inquietud por asuntos tan reales como el cambio climático. Los políticos lo ignoran, pero provocará un cambio extremo infinitamente mayor que las guerras. Es la amenaza número uno. La número dos, que agrava todas las demás, es la velocidad, la aceleración cada vez más vertiginosa. Parece un tornado: internet, las redes sociales, la IA… No tenemos tiempo de reflexionar, de aclimatarnos moral, psicológica y espiritualmente.
–El mundo parece pilotado por dementes ultrautoritaros
–Trump, Putin, Xi, Millei, Orbán... los grandes autócratas que ahora dirigen el mundo son factores de inestabilidad mental. Pero me inquietan menos. Piensas en los tiempos shakespearianos y ves que la humanidad ya los ha conocido. Es algo normal. Volvemos al mundo de los empíricos, a su filosofía. La humanidad no conocía las redes sociales, el infladísimo turismo de masas o el cambio climático del mundo 'civilizado', novedades llegadas a una velocidad sideral e inquietante.
–¿El teatro pude decir hoy algo que no dijeran ya Esquilo, Eurípides, Molière o Shakespeare?
–El teatro no tiene nada que decir. Estoy en contra de la idea del mensaje. Es absurda. Shakespeare o Chéjov dan testimonio de su tiempo. Esa es la esencia del teatro.
–En la última literatura se imponen la realidad y la autoficción ¿La imaginación está en horas bajas?
–Sí. Yo misma lo siento. No diría que la novela ha muerto, pero la complejidad del mundo actual, la dificultad de contemplar a personajes extraordinarios, te lleva de manera extraña a ti mismo, que es lo que más seriamente puedes contemplar. Por eso los escritores dejan de lado la ficción para entrar en la autoficción.
–Asistió a más de cuarenta juicios, pero escribe de una veintena. ¿Cómo los seleccionó?
–Al principio solo tomaba notas. Observaba intentando entender cómo funcionaba un juicio. Cuando empecé a entender la mecánica, comencé a escribir pequeñas textos. Luego cosas más serias, como las del libro. Hubo juicios sobre los que no escribí. Sentí que no tenía nada que aportar y superar a los excelente cronistas judiciales. Elegí aquellos en los que consideré que mi punto de vista era distinto.
–¿Le costó más ordenarlos que escribirlos? como dice.
–Sí, mucho más. La elección es un tema. Debí descartar algunos. Pensar cómo ordenar el libro para que causara un efecto global en el lector con una mezcla para que no sepa qué es vida y qué es un caso judicial. Fue bastante intuitivo.
–En uno de los textos más íntimos confiesa tiene miedo a la degradación. ¿Le inquieta la muerte?
–No tengo respuesta, más allá de que sea interesante ¿No? Soy como todo el mundo. Una frase maravillosa dice que envejecer es de miedosos, de blandengues o alfeñiques.
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