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Historias de dos líderes

Historias de dos líderes
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El autor compara la situación de Burnham y Sánchez, los dos únicos líderes socialdemócratas de grandes países europeos. Leer
Ensayos liberalesHistorias de dos líderes
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 27 SEP. 2026 - 23:37El primer ministro británico, Andy Burnham, pasea junto a Pedro Sánchez la pasada semana en Nueva York.Toby MelvilleEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El autor compara la situación de Burnham y Sánchez, los dos únicos líderes socialdemócratas de grandes países europeos.

Hace tres meses, al igual que Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español, Andy Burnham, líder del Partido Laborista británico, se convirtió en el jefe del gobierno sin haber ganado unas elecciones generales. Más allá de una ideología común, al menos formalmente, esto es de las pocas cosas que comparten los dos únicos políticos socialdemócratas al frente de grandes países europeos.

Toda comparación entre la carrera y la proyección hacia el futuro del uno y del otro puede ser útil en estos tiempos cuando los partidos tradicionales se baten en retirada ante la irrupción del populismo en ambos extremos del arco político. Antes se buscaba el voto centrista. Hoy cuenta el radicalizado.

Sánchez ganó una moción de censura hace ocho años gracias al apoyo en el Congreso de los Diputados de partidos nacionalistas y social comunistas. Burnham fue elegido primer ministro de manera casi unánime por su propio grupo en la Cámara de los Comunes tras dimitir su antecesor Keir Starmer del liderazgo laborista y de la jefatura del Gobierno.

El Gobierno de Sánchez está al borde de un ataque de nervios pero el Laborista revienta de optimismo gracias a un líder carismático y audaz que personifica una agenda de cambio repleta de las mejores intenciones. Burnham detallará su programa en el congreso anual de los socialdemócratas británicos que comenzó ayer en Liverpool. Su antecesor Starmer, también buenista, era exasperantemente dubitativo y fue un nefasto comunicador.

Burnham llegó a la cima que aspira todo político ambicioso con un buen bagaje. Fue miembro de la Cámara de los Comunes y ministro en la época dorada del laborismo que fue la de Tony Blair hace más de veinte años y durante la larga etapa, con Brexit por medio, de manirrotos gobiernos bajo distintos líderes conservadores se mudó al norte del país y fue un muy popular alcalde de Mánchester, su patria chica y la segunda ciudad británica después de Londres. Por el contrario, la experiencia parlamentaria de Sánchez antes de la moción de censura fue corta y accidentada.

A diferencia de Sánchez, que ha tenido que gobernar en coalición con socios incómodos, ha perdido su mayoría parlamentaria en los últimos meses y pretende agotar la actual legislatura en el verano del año que viene, Burnham ha heredado la muy holgada representación en el legislativo que obtuvo Starmer en las elecciones generales de 2024 y no tendrá que enfrentarse al veredicto de las urnas hasta agosto de 2029.

El británico tiene tiempo, en teoría, para corregir la desconfianza generalizada en los poderes públicos y en las instituciones que se ha hecho presente en una democracia liberal tras otra. Los sucesivos gobiernos conservadores en Reino Unido fracasaron en el intento y Burnham tiene la oportunidad de demostrar que con recetas socialdemócratas se puede hacer a un país "grande de nuevo".

Un gobierno cuenta con una sola vía para recuperar la confianza y esta es la de la buena gestión que asegura empleo de calidad con salarios dignos y la posibilidad de ahorrar. Las nuevas generaciones han de saber que podrán formar sus propias familias con fe, tesón y esfuerzo como lo hicieron sus padres. El reto de todo gobierno es el del sostenimiento de la ilusión en un creciente bienestar.

Al emprender esa vía Burnham está en desventaja con Sánchez porque la economía británica no va "como un cohete". Irremediablemente tendrá que endeudar a Reino Unido todavía más de lo que lo está y subir impuestos que ya son elevados o recortar gastos sociales. O hacer ambas cosas a la vez.

El mercado de capitales aplaude los fundamentals de la gestión de Sánchez: el crecimiento del PIB, el control del déficit y del coste de la deuda y los récords que alcanza el Ibex. Y pasa por alto la gran excepcionalidad hispana que es que el gobierno ha sido incapaz de conseguir la aprobación de sus presupuestos desde el ejercicio de 2023.

Nadie ovaciona la economía de Reino Unido que arrastra el shock de aquel suicidio comercial que fue el Brexit hace diez años y que está penalizada por una pertinaz baja productividad que es fruto de una crónica falta de inversión en infraestructuras y tecnologías digitales. A ello se añade la urgente necesidad de elevar el presupuesto de Defensa, apartado que Sánchez ignora.

Sin embargo la angustia de llegar a fin de mes y el ascenso del populismo es exactamente igual en España que en Reino Unido. Más que nunca, importa el liderazgo.

El crucial contraste entre los dos líderes es que Burnham vive una luna de miel con el electorado y Sánchez evita salir a la calle porque se le insulta. No se cuestiona la integridad moral del político británico. En estos frenéticos tiempos del móvil permanentemente en la mano, la capacidad de gobernar con cristalina claridad lo es todo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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