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"Huele a Irak": Reino Unido ve con recelo la posición militar de Trump en Irán pese al "avance sustancial" de las negociaciones

"Huele a Irak": Reino Unido ve con recelo la posición militar de Trump en Irán pese al "avance sustancial" de las negociaciones
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Optimismo por parte del mediador de Omán en torno a un posible acuerdo, aunque la sensación general es que ambas partes están intentando ganar tiempo ante el recelo de Israel, Reino Unido y otros aliados. Más información: El entorno de Trump sopesa los riesgos de atacar Irán mientras Teherán acelera la compra de misiles a Rusia y China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante el discurso del estado de la Unión. Nathan Howard Reuters

Oriente Próximo "Huele a Irak": Reino Unido ve con recelo la posición militar de Trump en Irán pese al "avance sustancial" de las negociaciones

Optimismo por parte del mediador de Omán en torno a un posible acuerdo, aunque la sensación general es que ambas partes están intentando ganar tiempo ante el recelo de Israel, Reino Unido y otros aliados.

Más información:El entorno de Trump sopesa los riesgos de atacar Irán mientras Teherán acelera la compra de misiles a Rusia y China

Publicada 27 febrero 2026 01:56h

Las claves nuevo Generado con IA

El 1 de mayo de 2025, después del cese de Mike Waltz, Marco Rubio se convertía a la vez en secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional. Era la primera vez en cincuenta años —desde Henry Kissinger durante la Administración Ford— que algo así sucedía en Estados Unidos y eso parecía indicar que Trump quería un gobierno con un interlocutor claro en materia de relaciones exteriores y con una sola voz para los conflictos que asolan el planeta.

Todo lo contrario. En la actualidad, Marco Rubio —quien, en realidad, apenas sale de Estados Unidos—, no es sino uno más de los muchos asesores que dicen hablar en nombre de la Casa Blanca.

Pete Hegseth, secretario de Defensa, es uno de ellos. También lo es el vicepresidente JD Vance. Aparte, por supuesto, está la dupla formada por Steve Witkoff y Jared Kushner, dos inversores inmobiliarios que van viajando por el mundo para reunirse con las distintas partes en conflicto sin pertenecer al cuerpo diplomático.

Todos ellos han sustituido a los trumpistas de primera hora que soñaban con imponer su criterio en la política exterior estadounidense en este segundo mandato.

Entre ellos, el general Keith Kellogg, que aún no ha sido destituido como mediador entre Ucrania y Rusia aunque, en realidad, al estar vetado por el Kremlin, no ejerce esa función, o el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, otro ferviente defensor de la causa ucraniana que, obviamente, ha caído en desgracia, por mucho que siga acompañando a Trump en sus viajes en el Air Force One.

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"Avances significativos"

Son muchas voces que hablan a la vez y así es difícil separar la paja del trigo. En el caso de Irán y su programa nuclear, por ejemplo, en una misma semana, hemos oído a Witkoff decir que Irán estaba "a una semana" de poder fabricar una bomba nuclear, a Rubio negarlo, pero enfatizar que "están rehaciendo su programa, aunque les dijimos que no lo hicieran" y a Vance asegurar que tienen pruebas de que están intentando fabricar una bomba atómica.

Ninguno aporta dichas pruebas y no son pocos los expertos que niegan que esto sea así.

Todos se cuidan de recordar que el ataque del pasado 22 de junio había "arrasado" con el programa nuclear iraní, tal y como lo afirmó en su momento Donald Trump con una vehemencia no apoyada tampoco en dato alguno, pero ninguno explica cómo es posible que, algo que en junio había sido "arrasado", en febrero del año siguiente suponga una amenaza existencial.

También coinciden en que Trump prefiere la vía diplomática —así lo expresó el propio presidente en su discurso sobre el estado de la Unión—, pero que "no ha tomado ninguna decisión al respecto".

Todos menos Graham, quien aseguró la semana pasada que Trump "ya había decidido", aunque no quiso aclarar en qué sentido.

Mientras tanto, Jared Kushner y Witkoff siguen en Ginebra reuniéndose mañana y tarde con el ministro de Asuntos Exteriores iraní bajo la mediación de Omán.

Precisamente, ha sido el ministro omaní de Exteriores, Badr Albusaidi, el más optimista en su evaluación de estas reuniones: "Hemos terminado el día con un progreso significativo en la negociación entre los Estados Unidos e Irán. Pronto retomaremos las consultas en sus respectivas capitales. Las discusiones a nivel técnico continuarán la semana que viene en Viena".

Lo normal habría sido que ese comentario hubiera salido de boca de algún negociador estadounidense, pero, de nuevo, se delega esa función en terceras personas, lo que, de alguna manera, hace desconfiar de su veracidad.

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Los errores de 2003

Y es que toda esta confusión en torno a la verdadera amenaza del programa nuclear iraní y a la posible intervención militar estadounidense chirría entre sus aliados.

Según The Spectator, la relación entre Keir Starmer y Trump estaría pasando por su peor momento y buena parte de la culpa la tiene la cesión del archipiélago de Chagos a Mauricio, lo que pone en riesgo el uso de la base militar que los británicos tienen en la isla de Diego García y que puede ser utilizada también por Estados Unidos.

Aunque la Casa Blanca no ha solicitado formalmente el uso de esta base, relativamente próxima al mar Arábigo, para ninguna operación en Irán y tampoco esté claro que los británicos vayan a negarse a dicho uso, lo cierto es que la desconfianza ahora mismo es máxima.

"Huele a Irak", dicen altos cargos del Gobierno británico cuando se les pregunta por la posible intervención militar en Irán, al margen de toda legalidad internacional y con justificaciones que varían según el orador.

"Su espectro de riesgo es significativamente diferente —apunta una fuente del Foreign Office británico—. La ley internacional, los debidos procesos legales… todo eso les importa una mierda a los estadounidenses".

En 2003, Tony Blair no dudó a la hora de estar al lado de George W. Bush en la invasión de Irak pese a que las supuestas pruebas sobre la existencia de armas de destrucción masiva fueran un invento auspiciado por Colin Powell y Condoleeza Rice.

En 2026, Starmer no quiere caer en los mismos errores.

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¿La hora de Israel?

Ni siquiera está claro que el propio Trump quiera meterse en este lío. Ha movilizado a lo mejor de su Armada y su aviación para presionar a los ayatolás, pero dicha presión apenas ha servido para nada.

Los estadounidenses quieren que Irán renuncie a todo programa nuclear y los ayatolás quieren que se les permita un uso pacífico de dicha energía, algo que ya consiguieron sacarle a Barack Obama en el acuerdo de 2015.

Trump siempre criticó dicho acuerdo y, de hecho, sacó a su país del mismo en 2018, al año y pico de comenzar su primer mandato. Como es obvio, no va a aceptar una reedición casi textual.

Teherán tampoco quiere ceder en la destrucción de sus misiles balísticos convencionales, otra de las exigencias estadounidenses… aunque, en realidad, esta es una petición que viene de Israel y de algunos países árabes y que a Estados Unidos apenas le afecta.

La "esperanza" parece estar ahora en que sea Israel quien abra las hostilidades, de manera que la participación estadounidense no sea tan activa.

No sólo es que Teherán no sea Caracas —tampoco es que el ejército iraní se haya mostrado hasta ahora especialmente poderoso en las distintas escaramuzas con sus vecinos—, sino que hay muchas bases militares estadounidenses en la zona que podrían ser víctimas de ataques desesperados por parte de Irán o de alguna de sus milicias afines.

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El "avance significativo" que pregona el mediador omaní puede ser una cesión inesperada de alguna de las partes o una patada hacia adelante.

Al fin y al cabo, Irán y Estados Unidos también estaban avanzando en sus reuniones en Doha cuando el 22 de junio tuvo lugar la Operación Martillo de Medianoche.

Hace una semana que Trump se dio diez días para tomar una decisión definitiva. Aunque el presidente estadounidense nunca ha sido un gran cumplidor de ultimátums, su posición de fuerza se resiente con estas ambigüedades.

Pronto deberíamos saber algo definitivo al respecto. La duda es quién nos lo explicará y cómo.

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