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Humanidad, humanismo y humanitarismo

Humanidad, humanismo y humanitarismo
Artículo Completo 902 palabras
La Tribuna Humanidad, humanismo y humanitarismo

Luis Utrilla Navarro

Presidente provincial Cruz Roja

Lunes, 2 de marzo 2026, 01:00

... de lo que somos, identifiquen nuestra concepción del mundo y representen nuestra actitud ante la vida.

En esta tercera década del siglo XXI, los valores que la palabra humanidad representa siguen estando en el centro de la realidad social pero ausentes de muchos comportamientos de amplios sectores de la población, que deberían hacer gala de una educación en unos valores fundamentales que las autoridades educativas minusvaloran, y en muchas ocasiones olvidan. Y no hablamos de formación académica, sino de educación.

Lo humano como forma de reconocer y respetar nuestra pertenencia a una naturaleza que dio lugar al homo sapiens. Lo humano como nuestra capacidad de pensamiento complejo, de comunicarnos, pero principalmente como portadores de cualidades como la bondad, la compasión o la empatía, que nos permiten formar grupos complejos con los que compartimos vínculos emocionales y afectivos. Y por encima de todo ello, humanos por nuestra capacidad de conciencia y raciocinio. Algo que nos invita a recuperar una de las reflexiones de don Miguel de Unamuno: el hombre, catalogado como animal racional, debería ser calificado más bien como animal afectivo o sentimental, ya que es el sentimiento y no la razón el que lo diferencia en mayor medida del resto de los animales.

Fueron los pensadores y filósofos del siglo XIV y XV los que colocaron al ser humano en el centro de su concepción de la naturaleza, articulando toda un corriente intelectual que hemos venido denominando humanismo. Un pensamiento antropocéntrico que separaba al ser humano de las concepciones mitológicas y teocentristas, y que dio un impulso sin precedentes al desarrollo del pensamiento, de las ciencias y de las técnicas.

Y ha sido, en gran medida a través de las escuelas humanistas religiosas, evolutivas, marxistas o existencialistas, cómo las sociedades contemporáneas han ido creando un complejo sistema social, económico y político de relaciones entre las personas. Es por ello que no deja de sorprender que, si somos capaces de compartir muchos de los valores que definen la humanidad, y entender los principios que modelan el humanismo, nos cueste tanto aunar los criterios que deben regir el humanitarismo.

Aliviar el sufrimiento humano es la naturaleza de un humanitarismo que ha formado parte de nuestra propia esencia desde el principio de los tiempos. Sin distinción de color de la piel, ni de la etnia a la que pertenecemos, ni de la posición política o las creencias religiosas que adoptamos. Y ha sido esa pulsión humanitaria la que nos ha permitido construir una sociedad más justa, equitativa y humana, no solo a nivel individual, sino también de la mano de instituciones humanitarias como Caritas y Cruz Roja. Nacidas a finales del siglo XIX han servido de catalizadoras de la ayuda humanitaria a los países en conflicto bélico, a los damnificados de las catástrofes naturales, o a los que han sufrido en mayor medida las crisis económicas.

Una acción humanitaria que parece quebrarse y ponerse en duda en estos momentos, impulsada por los movimientos xenófobos, las políticas populistas o las irreflexivas redes sociales. Un humanitarismo que se encuentra debilitado por la drástica reducción de los servicios públicos de un Estado de Bienestar que las políticas neoliberales están desmontando. De las crisis económicas que están dañando seriamente a la clase media, y enriqueciendo a unos pocos. Y, sobre todo, del abandono por parte de las instituciones públicas de una ayuda al desarrollo democrático de los países pobres, a los que las sociedades desarrolladas seguimos explotando.

Unas problemáticas que afectan al día a día de los ciudadanos y que desde la opinión pública se achacan a los migrantes y a los más pobres, acusándolos de usurpar y esquilmar el erario público con las ayudas que reciben. Falacia que muchos difunden inmoralmente. Es, por ello, el momento de recuperar el impulso que el humanitarismo ha tenido en décadas recientes. Un humanitarismo que ha sido una de las identidades europeas desde el siglo XVI.

Desde Cruz Roja trabajamos por desarrollar un humanitarismo que atienda las vulnerabilidades que sufren las personas, y en las que todos podemos vernos inmersos. Porque varios tropiezos nos pueden llevar a formar parte de las personas sin hogar. Porque una relación inadecuada puede convertirnos en víctimas de violencia. Porque ninguno de nosotros estamos ajenos al edadismo, a la soledad o la enfermedad mental, que nos obligue a requerir la ayuda de nuestros familiares, vecinos y amigos, y en muchos casos de los voluntarios humanitarios.

Hagamos de la humanidad, del humanismo y del humanitarismo, la nueva realidad social.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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