Si las relaciones entre Estados Unidos y Reino Unido mejoraron sustancialmente cuando Donald y Melania Trump fueron recibidos con honores en el Palacio de Buckingham ... hace unos meses, el fino humor británico terminó de suavizar las cosas ayer. En un alarde de estilo propio de la realeza británica, el rey Carlos III cautivó a los congresistas con un discurso plagado de sensatez, voluntad de cooperación, sentido de la Historia y humor elegante. Hasta el indómito Trump hubo de reconocer que había conseguido lo que él no: que los demócratas se pusieran de pie. En un momento en el que el orden mundial se desintegra a marchas forzadas y la incertidumbre global es máxima a causa de la guerra en Irán, es inteligente trabajar para destensar las relaciones entre Estados Unidos y Europa, aliados naturales a pesar de la desafortunada coyuntura. Trump es contingente; Estados Unidos seguirá ahí después de su mandato. Sin recurrir a reproches de mal gusto, con la vista puesta en el largo plazo y plantando una sonrisa a las críticas y las preguntas difíciles que le formularon, el monarca se las arregló para reivindicar con convicción la cooperación tecnológica y militar y la vigencia de la OTAN ante un «mundo cada vez más conflictivo».
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Leer en Diario Sur - Ultima hora