Ampliar
La exposición inmersiva 'The Legend of the Titanic: The Immersive Exhibition'. FKP Scorpio Entertainment Vivir | Ocio Hundirse en el Titanic y hacer queso en un caserío: por qué las experiencias monopolizan el ocioEn busca de la intensidad y la novedad, entregamos nuestro tiempo libre a actividades inmersivas y experienciales
Viernes, 13 de febrero 2026, 18:58
... agua lo va inundando todo hasta hundirlo en las profundidades del Atlántico. Todo, claro, mientras escuchas a la famosa orquesta de fondo. Es la experiencia que promete 'The Legend of the Titanic: The Immersive Exhibition', una exposición inmersiva apoyada en gafas de realidad virtual que triunfa en Londres y que se suma a otras como 'Los últimos días de Pompeya', pero también a muestras ligadas a series de éxito como 'Stranger Things' o 'El juego del Calamar'.Hace tiempo que comer fuera no consiste solo en alimentarse, ni siquiera en disfrutar de la comida. O de la compañía. Ahora lo que se busca (y por lo que se paga) es por una buena experiencia gastronómica. Lo mismo se aplica a las 'escape rooms' o, por la misma regla de tres, a hacer cuajada o queso en un caserío. Y ojo, incluso al creciente fervor religioso. «Entre los jóvenes engancha más la experiencia que los valores: lo emotivo, lo misterioso, lo experiencial es lo que más pesa», explica el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid Rafael Ruiz Andrés. Por no hablar, claro, de viajar. La experiencia por antonomasia.
«Se ha producido un tránsito de las sociedades materialistas a las postmaterialistas. Las primeras estaban guiadas por criterios como la acumulación material, el trabajo o la idea de la familia burguesa. El horizonte aspiracional para quien tenía una casa era comprar otra en la playa. Ahora, hemos superado ese marco y está más centrado en la acumulación no tanto de objetos sino de experiencias, lo que coincide con una mayor valoración de lo individual, de lo subjetivo, de la primera persona del singular», explica el sociólogo.
Ya no basta con ver un Van Gogh, hay que meterse en 'Los Girasoles'
Un cambio de paradigma alimentado, por supuesto, por las redes sociales. «El algoritmo no hace más que potenciar esta tendencia», cuenta el experto. Pero también por una generación en la que el eje vital ya no está centrado en el trabajo sino en exprimir la vida, con mayúsculas, a tope. Es más, las experiencias ya son, en gran medida, quienes somos. Y viceversa. «En este mundo donde parece que no hay identidades sólidas, te dan un lugar en el mundo, alteran tu estatus social. Nuestras identidades se están convirtiendo en un cúmulo de experiencias», analiza el sociólogo.
Economía de la experiencia
De ahí que la economía de la experiencia, y el pertinente marketing experiencial, vivan un auténtico boom. Según un estudio de Mastercard sobre consumo, el 50% de los españoles estaba dispuesto a aumentar su gasto en experiencias en 2025 respecto a 2024, aunque para ello tuvieran que recortar en otro tipo de gastos, como la compra de ropa nueva. De hecho, según esta encuesta, el 82% de los españoles tiene planeado hacer realidad alguna de las experiencias de su lista este año, en un ranking encabezado por los viajes y seguido muy de cerca por la gastronomía, los eventos culturales o la música en directo.
«Hay una carrera de intensidad creciente, ya no basta con ver un Van Gogh, tienes que meterte en los girasoles. Creo que esa sed por obtener experiencias únicas, impactantes, diferentes y nuevas está, a su vez, conectada con la sensación de que no nos dejan huella, no nos modifican, no arraigan. Por eso en los conciertos todo el mundo está grabando con el móvil, igual que en los museos. En el fondo es la ansiedad que tenemos todos porque las experiencias no se nos escapen entre los dedos. Por eso mandamos luego el vídeo o la foto al grupo de WhatsApp de la familia o los amigos», explica el filósofo Jaime Cuenca, investigador asociado en el Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto.
Ese afán también tiene que ver, en cierta forma, con la tendencia al exhibicionismo. Lo experiencial no existe si no se inmortaliza, no se cuenta y no se comparte después. Es, además, una rueda que nunca se detiene. «Del restaurante japonés pasamos al coreano y luego, a la barbacoa coreana. Las experiencias se gastan y hay que ir a por otras nuevas», resume Jaime Cuenca. Larga vida pues a la economía de la experiencia.
La alternativa: el 'ocio consciente'
Frente a la carrera desenfrenada por acumular experiencias, la otra opción (también muy de moda) es el ocio consciente. Paseos en bici, actividades al aire libre, meditación, lectura o yoga. También mucho deporte. O, incluso, sublimar el arte del Nielsen, esa filosofía holandesa que se resume en tres palabras universales: no hacer nada. «Todo funciona como un péndulo. Estamos empezando a ver una generación más joven que siente añoranza por otro tipo de cosas. Eso explica, quizá, el interés renovado por lo religioso. Y tiene que ver con una búsqueda de mayor profundidad y una pausa en esa carrera en la que estamos metidos», explica el filósofo Jaime Cuenca sobre una manera de entender el tiempo libre más conectada con el presente, con velar por la salud mental y tener el propósito siempre en mente.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
- Temas
- Realidad virtual
- Exposiciones