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Política

Illa echa sus cuentas

Illa echa sus cuentas
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Illa fue investido en agosto de 2024. Condescendió con la fugaz reaparición de Puigdemont en Cataluña y la charlotada le sirvió de pretexto para recuperar a Trapero y elevarlo a director general de los Mossos. La normalización de Illa consistía en dejarse fotografiar con el Rey -¡el gran avance normalizador celebrado por el oficialismo!-, negar el bilingüismo, cortejar a los empresarios con un amaneramiento posconvergente, rezar el padrenuestro, bailar el minué con Junts y garantizarse el apoyo de ERC firmando lo que ya signó Bolaños para que Junqueras apoyase la investidura de Sánchez unos meses antes: los privilegios fiscales, la ordinalidad en la financiación y la condonación de la deuda.

La clave de la normalización de Illa radica en que todos los actores necesitaban ganar tiempo: Junqueras y Puigdemont para reconstruirse en la región y mantener su pulso; y Sánchez, que acababa de culminar la amnistía de los sediciosos, para estirar su menesterosa duración. En la última Diada, Illa se animó a construir «nación catalana». Illa es un nacionalista que susurra y mantiene vigentes, como Sánchez, los Presupuestos de la legislatura anterior, que ni siquiera fue suya.

Junqueras pide soberanía recaudatoria y Agencia Tributaria catalana. Illa no se lo puede conceder. Sánchez, tampoco, pero tensará el sistema al máximo cuando proceda. Ahora, Sánchez & Illa parecen escudarse en las inminentes elecciones andaluzas para rezagar las reivindicaciones de Junqueras, pero la razón de fondo no es el temor a la escabechina andaluza, sino la debilidad parlamentaria de Sánchez. El mal trago que se ahorra la ministra de Hacienda y candidata Montero es un alivio colateral. Probablemente, en julio -plazo dado por Illa- las circunstancias sean las mismas.

Sánchez se reserva activar la palanca de la alta tensión social e institucional para las vísperas de unas generales, como reclamo electoral destituyente y aglutinante de las izquierdas, de las unas y las otras. Entretanto, Sánchez lanzó la operación o cebo Rufián. No está resultando como maniobra pero puede que sí como señuelo. Bildu también se apea. Sánchez quiere liquidar del todo a Esquerra. Por eso Illa no puede presentar sus cuentas. Sánchez ha vampirizado el PSC a través de Illa, el incremento patrimonial de Iceta y la golosa oferta de colocación de socioconvergentes -el PSC de cuello blanco- en empresas con participación pública. Sánchez convence a todos de que La Moncloa es el único proveedor seguro de capital, posición y privilegio.

El oficialismo celebró en su día que Sánchez consiguió romper la unidad de acción independentista. El orfeón mediático de Sánchez interpretó acompasadamente la narrativa generada en La Moncloa. Abrió la llamada normalización que se traduce en bloqueo, basada en mantener la discordia surgida del procés entre Junqueras y Puigdemont. Mientras ellos controlen sus respectivas formaciones, Illa se sentirá seguro. Tampoco es descartable que la retirada de los Presupuestos haya sido pactada; la cuestión es ¿entre quién? Entre todos -Sánchez, Illa y ERC, tan necesitado de asomar su gastado pedigrí y pundonor.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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