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Ciencia

Indígenas andinos desarrollaron una adaptación genética única para digerir almidón

Indígenas andinos desarrollaron una adaptación genética única para digerir almidón
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Los investigadores sostienen que la expansión del cultivo de papa en los Andes habría favorecido indirectamente esta característica genética.
Fernanda GonzálezCiencia18 de mayo de 2026mejor digestión del almidón, en comparación con grupos que incorporaron la papa a su alimentación mucho más recientemente.

señala que “los biólogos sospechan desde hace tiempo que distintos grupos humanos han desarrollado adaptaciones genéticas en respuesta a su dieta, pero existen pocos casos en los que la evidencia sea realmente sólida”.

La nueva investigación buscó explicar el origen de esta adaptación genética observada en los pueblos andinos. Según el artículo publicado este mes en la revista Nature, los especialistas recolectaron muestras de sangre de diversas comunidades indígenas de América Latina para estudiar su ADN. Entre los participantes se incluyeron quechuas de Perú, reclutados tanto en ciudades a nivel del mar, como Lima, como en regiones de gran altitud, entre ellas Cerro de Pasco. También participaron indígenas mayas mexicanos hablantes de tzeltal, tzotzil y ch’ol, reclutados en zonas cercanas a Palenque, Chiapas.

La información obtenida se comparó con bases de datos genéticas internacionales ya existentes, que incluían muestras de poblaciones de distintas regiones del mundo, entre ellas grupos tibetanos y habitantes de Oriente Medio.

Tras analizar el genoma de más de 3,720 personas pertenecientes a 85 poblaciones distintas, los investigadores identificaron la presencia del gen AMY1 en prácticamente todos los participantes. Este gen está relacionado con la producción de amilasa, una enzima generada por las glándulas salivales que ayuda a descomponer carbohidratos complejos, como el almidón, desde el proceso de masticación.

Los resultados mostraron que la mayoría de las personas posee un promedio de siete copias del gen AMY1. Sin embargo, entre los indígenas quechuas de Perú se detectó un promedio de 10 copias, una diferencia que, según los autores, podría haber representado una ventaja evolutiva vinculada con la supervivencia o la reproducción de aproximadamente 1.24% por generación.

Los investigadores sostienen que la expansión del cultivo de papa en los Andes habría favorecido indirectamente esta característica genética. No obstante, Gokcumen aclara que el fenómeno no significa que las poblaciones indígenas desarrollaran nuevas copias del gen simplemente por consumir este tubérculo.

“No es que los indígenas andinos adquirieran copias adicionales del gen AMY1 una vez que empezaron a comer papas. Más bien, aquellos con menos copias fueron desapareciendo gradualmente de la población, posiblemente porque tuvieron menos descendencia, mientras que quienes poseían más copias sobrevivieron y transmitieron esa característica”, explicó el especialista.

Los humanos no dejan de evolucionar y su dieta es factor

Bajo esta interpretación, la mayor capacidad para digerir almidón en los pueblos quechuas sería el resultado de un proceso de selección natural que actuó durante miles de años.

El equipo científico también exploró otra posible explicación: que este rasgo hubiera surgido tras el colapso demográfico indígena ocurrido después de la llegada de los europeos a América en los siglos XV y XVI, un periodo marcado por epidemias, violencia y hambrunas que transformó profundamente a las poblaciones originarias.

adaptación evolutiva humana frente a distintas presiones ambientales, incluida la alimentación.

La especialista afirma que los resultados abren nuevas líneas de estudio sobre la manera en que los seres humanos podrían seguir evolucionando frente a los hábitos alimenticios modernos, la aparición constante de nuevos ingredientes y la creciente internacionalización de la gastronomía. A su juicio, estos descubrimientos cuestionan la idea de que el cuerpo humano permanece adaptado únicamente a las dietas del Paleolítico.

“Esta investigación demuestra que las poblaciones humanas han respondido y evolucionado frente a cambios alimentarios ocurridos durante los últimos 10,000 años. Nuestras vías metabólicas no son simplemente producto de ese pasado paleolítico”, concluye la científica.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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