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Indra, Telefónica, Navantia, Correos... el poder económico que se dirime en las urnas

Indra, Telefónica, Navantia, Correos... el poder económico que se dirime en las urnas
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Organismos públicos como el Banco de España, CNMV o la CNMC tienen ahora cúpulas nombradas con mandatos que se prolongan hasta más allá de 2030
(P.C./R.C.) Indra, Telefónica, Navantia, Correos... el poder económico que se dirime en las urnas

Organismos públicos como el Banco de España, CNMV o la CNMC tienen ahora cúpulas nombradas con mandatos que se prolongan hasta más allá de 2030

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José A. González y Cristina Cándido

11/10/2026 Actualizado a las 00:12h.

El ... 16 de la calle Ibáñez, la calle Buenos Aires de Bilbao, el carrer de Calàbria o el Passatge de Bofill. También lo seguirán con máximo interés en las plantas nobles de Telefónica, Navantia, Indra, Redeia o Enagás. Ellos no se juegan escaños ni senadores, se juegan quizá algo más valioso: el sillón de algunas de las empresas más importantes del país. El Estado es accionista de diez compañías cotizadas, siete de ellas pertenecientes al Ibex-35, con participaciones que rondan conjuntamente los 50.000 millones de euros a precios de mercado. A eso se suma la galaxia de sociedades íntegramente públicas que orbitan alrededor de la SEPI, el brazo inversor del Gobierno. Dos mundos distintos jurídicamente, pero en la órbita de influencia de Moncloa.

nombrar a Marc Murtra. El relevo llegó después de que el Estado alcanzara el 10% de la operadora y la propia compañía lo vinculó a su «nueva estructura accionarial».

En Indra el peso público volvió a hacerse visible un año después. Ángel Escribano recibió fuertes presiones desde, concretamente, la Oficina de Asuntos Económicos y G-20 dirigida por Manuel de la Rocha, en plena crisis por la eventual integración de la empresa familiar Escribano Mechanical & Engineering en el gigante español de defensa. La SEPI, primer accionista con un 28%, expresó públicamente su preocupación por el conflicto de interés; un día después se retiró la operación y el 1 de abril Escribano dimitió. Le sustituyó Ángel Simón. No eran episodios aislados. En 2021 la SEPI ya había impulsado la salida de Fernando Abril-Martorell de Indra bajo el argumento de que el primer ejecutivo debía contar con la «plena confianza de su principal accionista».

El Estado tiene presencia en diez cotizadas, siete de ellas del Ibex 35, y controla además una amplia red de sociedades públicas a través de la SEPI

Un año después, la salida de varios independientes del consejo provocó incluso una investigación de la CNMV. En Red Eléctrica, Jordi Sevilla dimitió en 2020 alegando «restricciones externas sobrevenidas» tras meses de fricciones regulatorias; y en Aena, Maurici Lucena llegó a la presidencia apenas mes y medio después de la moción de censura de 2018.

Desde que la SEPI reforzó su posición en Indra y entró en Telefónica, ambas compañías han acumulado además casi un centenar de movimientos entre altos cargos y consejeros. Los mecanismos no son idénticos, pero el patrón se repite: cuando el Estado tiene una posición accionarial relevante, su influencia sobre las cúpulas va mucho más allá de cobrar dividendos.

El brazo ejecutor

En el centro de ese mapa está la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), adscrita al Ministerio de Hacienda. Su presidencia, a diferencia de lo que ocurre en una cotizada, sí depende directamente del poder político: la nombra el Gobierno mediante real decreto. Su capacidad no termina en las empresas que controla al 100%. También autoriza, a propuesta de su presidencia, el nombramiento de los consejeros que representan al holding público en sus participadas. En Telefónica, Carlos Ocaña representa a la SEPI y es además vicepresidente; en Redeia, el Estado tiene asiento propio en el consejo, ocupado por José Luis Navarro; y en Enagás, la voz de la sociedad estatal es Bartolomé Lora.

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movimientos de consejeros

se han registrado en Indra y Telefónica desde que la SEPI reforzó su posición en ambas compañías

Desde marzo de 2021 ese engranaje lo dirige Belén Gualda, ingeniera de Caminos y anteriormente presidenta de Navantia. Su posición llega además a las elecciones con un frente judicial abierto. El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz acordó el pasado junio investigarla, junto a otras 24 personas, dentro de una pieza del denominado caso Leire Díez. La causa continúa abierta y su condición de investigada no implica culpabilidad.

Un cambio de Gobierno colocaría, por tanto, la propia presidencia de SEPI entre los puestos más directamente expuestos a un relevo. Y existe un precedente particularmente elocuente. Pedro Sánchez llegó al Gobierno tras prosperar la moción de censura contra Mariano Rajoy el 1 de junio de 2018. Siete semanas después, el 19 de julio, el consejo de administración de la SEPI aprobó de una tacada el relevo de ocho presidentes de empresas públicas.

La SEPI relevó de una tacada a los presidentes de Correos, Navantia, Tragsa, Hunosa, Enusa, EFE, Saeca y Cetarsa el 19 de julio de 2018, apenas siete semanas después de la moción de censura

Los perfiles de algunos de los elegidos dejaban poco espacio para la ambigüedad sobre su procedencia. Serrano llegaba directamente de la jefatura de Gabinete de la Ejecutiva Federal del PSOE. Berlanga lo hacía con una trayectoria vinculada al socialismo valenciano. Aquella primera tanda fue solo el comienzo. Algunos de los nombrados aquel verano continúan hoy en sus puestos -Jesús Casas en Tragsa o Juan Andrés Tovar en Cetarsa- mientras que por otras presidencias han pasado varios nombres.

La convocatoria electoral deja además decisiones estratégicas abiertas.

El poder regulador queda blindado

El futuro Ejecutivo no podrá renovar de inmediato las cúpulas de los principales organismos económicos y reguladores. Los mandatos de sus máximos responsables se extienden durante varios años y, en algunos casos, hasta bien entrada la siguiente legislatura. En un eventual cambio de Ejecutivo, el nuevo inquilino de La Moncloa tendría que convivir, por tanto, con buena parte del actual mapa de supervisores económicos. Se trata de organismos como el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) o el Consejo de Seguridad Nacional (CSN), diseñados precisamente para mantener cierta «continuidad» respecto al ciclo político. Este blindaje no es casual. Los estatutos de estos organismos fijan mandatos de seis años, no coincidentes con el ciclo electoral, precisamente para preservar su independencia y evitar que sus órganos de gobierno queden sometidos a los cambios políticos. Sin embargo, la concatenación de nombramientos -algunos de última hora- dibujan un mapa de contrapesos y perfiles progresistas que tendrán bajo su responsabilidad decisiones relevantes en varios frentes estratégicos.

Uno de los organismos con mayor capacidad de intervención será la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). La renovación de su consejo acometida este verano permitirá al presidente, Juan José Ganuza, y al resto de consejeros permanecer en el cargo hasta 2032. El organismo tendrá sobre la mesa algunos de los expedientes económicos más sensibles de los próximos años. Entre ellos figura la investigación abierta a seis bancos cotizados por sus políticas comerciales en las hipotecas a tipo fijo, un expediente iniciado por la anterior presidenta, Cani Fernández, en su última semana al frente del ente. La energía será el otro gran frente. La CNMC deberá resolver los expedientes relacionados con el apagón de 2025, un proceso del que se esperan las primeras sanciones y que puede marcar parte de la política regulatoria del sector energético durante la próxima legislatura.

La vigilancia del sector empresarial y financiero también queda reforzada desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Encabezada por Carlos San Basilio hasta 2030, la institución mantendrá las riendas de la supervisión bursátil y marcará el ritmo de las grandes operaciones de concentración empresarial bajo la hoja de ruta estratégica ya aprobada para los próximos seis años. El consejo cuenta además con vocales de marcado perfil político, como Mariano Bacigalupo (el marido de la comisaria europea y exministra socialistas Teresa Ribera), renovado hasta 2028), o Ángel Estrada (exasesor de José Luis Escrivá), con mandato hasta 2032, asegurando el control del actual Ejecutivo sobre el supervisor de los mercados.

Un exministro en el Banco de España

En el frente macroeconómico, el Banco de España se perfila como el principal altavoz de supervisión de la política fiscal del nuevo Gobierno. Dirigido por el exministro José Luis Escrivá hasta 2030 -adonde llegó directamente desde el Ministerio para la Transformación Digital y de Función Pública tras haber sido ministro de Seguridad Social- y secundado por la subgobernadora Soledad Núñez, el supervisor cuenta con ocho de sus nueve consejeros alineados con la etapa saliente. Las previsiones de PIB, las auditorías a la reforma de pensiones y las alertas sobre el déficit público saldrán de un Consejo de Gobierno donde la futura oposición apenas mantendrá un representante: Fernando Fernández, cuyo mandato expira en 2029.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) será especialmente relevante en uno de los debates energéticos que previsiblemente se prolongarán durante la próxima legislatura: el futuro de las centrales nucleares. Mientras el PP ha defendido en el último año prorrogar la vida útil de las plantas, el órgano cuenta con un pleno de mayoría afín al bloque actual con mandatos hasta 2031. Entre sus miembros figuran la exsecretaria de Estado Silvia Calzón y la exparlamentaria socialista Pilar Lucio, vicepresidenta del organismo. El CSN será el encargado de emitir los informes técnicos necesarios para las decisiones sobre la continuidad de las centrales más allá de 2030, después de haber participado ya en el proceso relativo a Almaraz.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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