- IGNACIO DEL CASTILLO
Análisis fundamental
PRECIO OBJETIVO:
PRECIO ACTUAL:
RECOMENDACIÓN:
Análisis técnico
CORTO PLAZO:
MEDIO PLAZO:
LARGO PLAZO:
Nota: Datos de cotización y análisis actualizados a día de hoy.
La tecnológica, a la que varios Gobiernos han querido convertir en el campeón nacional de la Defensa, ha tenido su trayectoria y gestión muy vinculadas a los vaivenes políticos de cada Ejecutivo.
La historia de Indra, el líder español en tecnologías de la información y Defensa, ha estado desde su creación influida y, en ocasiones, determinada por los designios de los distintos Gobiernos españoles.
Aunque Indra se creó oficialmente en 1993, ya en 1988, cinco años antes, fue una decisión política la que provocó la creación de lo que luego sería la pata de tecnologías de la información del grupo, ahora bautizada como Minsait. Ese año, el presidente de Telefónica, Luis Solana -nombrado por Felipe González-, y el ministro de Industria del PSOE, Claudio Aranzadi, acordaron fusionar sus compañías de tecnologías de la información -Entel, de Telefónica, y Eria, del INI, el hólding estatal antecesor de Sepi- para crear un gran grupo capaz de competir con las multinacionales.
Esa fusión, que se llamó Eritel -Entel era el doble de grande que Eria, aunque el control, por motivos políticos, fue del INI-, fue una decisión política y la semilla de lo que luego acabaría siendo Inisel y, más tarde, Indra (ya en 1993).
El propio nacimiento de Indra también estuvo inspirado desde la política industrial del Gobierno socialista. Se realizó tras la absorción por parte de la pública Inisel -presidida por Javier Monzón- de la firma privada Ceselsa, especialista en radares y simuladores y que se había hecho un hueco en el mercado español de Defensa. La integración de Inisel y Ceselsa aprovechó una época de debilidad financiera de Ceselsa que vendía, sobre todo, a la Administración. Desde entonces han pasado 33 años y las compañías involucradas se han desarrollado al calor de la llegada masiva de la tecnología a las empresas, administraciones y a los ejércitos.
Aquella primera fusión Entel-Eria, bautizada como Eritel, tenía una facturación de 10.000 millones de pesetas, unos 60 millones de euros en 1988. La Indra de 1993 registró ventas de 303 millones de euros en su primer ejercicio, una cifra que se ha multiplicado por 18 veces hasta los 5.457 millones de 2025.
Con todo, la cúpula directiva de Indra vivió una larga etapa de estabilidad, atravesando varios gobiernos de diferente color político.
Javier Monzón
Javier Monzón.JMCadenasEXPANSIONAdemás de Ceselsa, en la etapa de Monzón se adquieron Europraxis, para crecer en consultoría, y Azertia y Soluziona, en el área de tecnologíasde la información.
El primer presidente de Indra, Javier Monzón -un profesional que procedía de Caja Madrid, Telefónica y Arthur Andersen- era ya presidente de Inisel, una empresa estatal del INI. Por tanto, había sido nombrado por el Gobierno de Felipe González. Sin embargo, se mantuvo al frente de la compañía hasta 2015, nada menos que 22 años.
Eso supuso navegar por los últimos años de presidencia de Felipe González (1982-1996), mantenerse durante todos los años de los Gobiernos de Aznar (1996-2004) y de Zapatero (2004-2011) y más de tres años del Gobierno de Mariano Rajoy (2011-2018), puesto que fue sustituido en enero de 2015.
En esa estabilidad tuvo mucho que ver que, en 1999, el Gobierno Aznar, que a través del INI tenía el 66% de Indra, la privatizó por completo por 437 millones de euros (con 391 millones de plusvalías). Eso hizo que en la segunda legislatura de Aznar y las dos de Zapatero, Indra fuese una empresa privada.
La salida de Javier Monzón de la presidencia de Indra, en enero de 2015, se produjo también por la injerencia política del Gobierno de Rajoy, concretamente de su ministro de Defensa, Pedro Morenés, y de su secretario de Estado, Pedro Argüelles.
Morenés ya quería impulsar un campeón español de la Defensa y para eso quería fusionar Indra y Navantia, los astilleros militares, un grupo que arrastraba un historial de pérdidas causado por la raquítica inversión en Defensa de los diferentes Gobiernos.
Monzón creía que integrar Indra con Navantia hubiera supuesto un desastre para las dos, porque Indra no tenía balance como para soportar las pérdidas de Navantia y se hubiera descapitalizado.
Indra ya era uno de los principales actores mundiales en control de tráfico aéreo y radares, y había puesto algunas picas en Flandes: arrebató a Siemens el contrato del control de tráfico aéreo de Alemania, y había hecho lo mismo con el gigante americano Lockheed Martin en Reino Unido y en Eurocontrol, la organización que integra los servicios de navegación aérea en Europa.
También era una referencia en gestión de tráfico y ticketing para movilidad (ferrocarriles, autopistas y metros). Además, era relevante en sistemas electrónicos embarcados para Defensa (en aviones, tanques o barcos). Y, de ser la séptima empresa en el negocio de servicios informáticos para empresas, se había convertido en el líder del mercado español por encima de Accenture o Informática El Corte Inglés.
Pero todo eso requería inversión en I+D constante. Y una fusión con una Navantia deficitaria lo hubiera puesto en riesgo. Fusionar Indra y Navantia, cuando no había programas de nuevas fragatas ni de submarinos, sólo hubiera conducido a la inviabilidad de Indra a medio plazo.
Para poder descabalgar a Monzón, Morenés y Argüelles se valieron del 20% del capital que controlaba la Sepi. Aunque parezca que la participación de Sepi en Indra es histórica, no es así. Poco antes de la privatización de 1999, Caja Madrid había entrado en el capital de Indra, con un 10,5% que fue elevando más adelante hasta un 20,1%. Pero Indra se mantuvo 14 años como compañía privada.
Fernando Abril-Martorell
Fernando Abril-MartorellMAURICIO SKRYCKYEXPANSIONAbril-Martorell separó Minsait (negocio IT) para una potencial venta que nunca se cerró. Además, fue elegida coordinador del FCAS y compró Tecnocom en el sector financiero y de pagos.
Hasta que, en agosto de 2013, con el Plan de Reestructuración de BFA-Bankia (donde se integró Caja Madrid), el grupo bancario fue obligado a vender sus participaciones industriales y el paquete de Indra pasó a Sepi, controlada por el Gobierno de Mariano Rajoy.
A pesar de tener el 20% del capital, el Gobierno del PP tardó casi un año y medio en forzar la salida de Monzón. Defensa sondeó con varios nombres al consejo de Indra, sin que ninguno concitase un acuerdo. Entre ellos, figuró Fernando Becker, exconsejero de Economía y Hacienda de Castilla y León, expresidente del ICO y exdirectivo de Iberdrola, pero sobre todo sonó Eduardo Serra, exministro de Defensa del PP (1996-2000) y que tuvo a Morenés de Secretario de Estado.
Sin embargo, la resistencia de Monzón retrasó el relevo hasta que entró en liza la Telefónica de César Alierta, que en enero de 2015 compró un 6% de Indra y propuso como candidato a Fernando Abril-Martorell, que había sido un alto directivo de JPMorgan, Telefónica, Credit Suisse y Prisa. Este candidato sí fue aceptado por el consejo. Sin embargo, la Indra de Abril-Martorell se mantuvo independiente y no se integró en ningún polo español de Defensa.
Marc Murtra
Marc MurtraAlberto EstévezEFELa etapa de Murtra viró la firma hacia la Defensa con la toma del 10% de ITP. Y puso las bases de la compra de Hispasat-Hisdesat, que se cerró en 2025, y la entrada en constelaciones LEO.
Abril-Martorell, nombrado bajo un Gobierno del PP, se mantuvo en la presidencia ejecutiva de Indra tras la llegada a la presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez. En mayo de 2021, casi tres años después de la moción de censura, Sánchez provocó la salida de Abril-Martorell y su relevo por parte de Marc Murtra, ingeniero y directivo de empresas vinculado al PSC.
El aterrizaje de Murtra, y la negativa a dotarle de poderes ejecutivos por parte de un consejo con mayoría de independientes, provocó casi dos años de inestabilidad en la cúpula directiva y en el consejo.
Eso provocó una solución ad hoc, nombrando dos co-consejeros delegados: Ignacio Mataix para Defensa y Cristina Ruiz para el área de IT (Minsait). Esa estructura, que nació forzada por las circunstancias, se demostró ortopédica y provocó meses y meses de tensiones de Murtra con los co-CEO y con los vocales independientes, así como de los dos co-CEO entre sí.
Cristina Ruiz dejó su puesto en abril de 2022, mientras que Ignacio Mataix continuó hasta marzo de 2023, siendo sustituido en mayo de ese año por José Vicente de los Mozos. La tensión con el consejo no finalizó hasta que en junio de 2022, en la junta de accionistas, la alianza de Sepi -que desde febrero de 2022 había ido elevando su paquete en Indra del 18% al 28%-, Sapa y Amber forzó la destitución de cinco de los consejeros independientes y la dimisión posterior de otro, los que más se oponían al aumento de poder de Murtra.
Aunque la junta provocó un gran alboroto político, la CNMV, que investigó el caso, concluyó que no se había producido una acción concertada que hubiera obligado a Sepi a lanzar una opa por el 100%. Tras la llegada de los nuevos vocales independientes, Murtra fue logrando gradualmente poderes ejecutivos y un reparto de tareas consensuado con De Los Mozos, con lo que Indra entró en una etapa de estabilidad.
Ángel Escribano
Ángel Escribano.Diego Radamés / Europa PressEXPANSIONCon Escribano, el grupo ha entrado en las plataformas para crecer en blindados y en munición, espacio y drones. También ha multiplicado las alianzas con firmas internacionales.
Hasta el 18 de enero de 2025, cuando Murtra fue sorpresivamente nombrado presidente ejecutivo de Telefónica, con el apoyo del nuevo núcleo duro de la teleco -Gobierno, CriteriaCaixa y STC-, tras la salida de José María Álvarez-Pallete, que fue convocado a Moncloa para que Manuel de la Rocha, el director de la Oficina Económica de Pedro Sánchez -en presencia de Ángel Simón, CEOde CriteriaCaixa-, le comunicase que tenía que dar un paso a un lado.
Ese mismo sábado 18 de enero se produjo también la noticia -adelantada por EXPANSIÓN- de que Ángel Escribano, presidente de Escribano Mechanical & Engineering y segundo accionista de Indra, había sido elegido, con el apoyo de Sepi, como sustituto de Murtra al frente de la empresa.
Si hay una firma en España ejemplo de la influencia de la política y de los políticos en las empresas teóricamente privadas, esa es Indra.
Moncloa prepara el terreno para la nueva etapa de Indra sin EscribanoCL puja por las plantas de International Paper en TarragonaEl FMI pide introducir límites a las hipotecas al ver "indicios de relajación" en la concesión de crédito Comentar ÚLTIMA HORA