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Inma Núñez, la jefa de sala que comparte vida y restaurante con Alberto Chicote: "Yo estoy 24/7. Él depende de las grabaciones"

Inma Núñez, la jefa de sala que comparte vida y restaurante con Alberto Chicote: "Yo estoy 24/7. Él depende de las grabaciones"
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Inmaculada Núñez, copropietaria de Omeraki, siempre ha permanecido lejos de la exposición mediática que rodea a su socio y marido. Más información: El mejor restaurante de Madrid, según los españoles: se come por 70 euros, va Dan Brown y presume de "cocinar sin límites".

Inmaculada Núñez en su restaurante Omeraki. Nieves Díaz El Español

Ocio Inma Núñez, la jefa de sala que comparte vida y restaurante con Alberto Chicote: "Yo estoy 24/7. Él depende de las grabaciones"

Inmaculada Núñez, copropietaria de Omeraki, siempre ha permanecido lejos de la exposición mediática que rodea a su socio y marido.

Más información: El mejor restaurante de Madrid, según los españoles: se come por 70 euros, va Dan Brown y presume de "cocinar sin límites".

Publicada 9 marzo 2026 01:39h

Las claves nuevo Generado con IA

Es la primera entrevista que le hacen porque Inmaculada Núñez siempre ha estado lejos de los focos y las cámaras a los que está sometido su socio y marido, el mediático Alberto Chicote.

Ella es el alma y la otra mitad —la menos conocida— de Omeraki by Alberto Chicote (un Sol Repsol), el restaurante más celebrado de Madrid. O, al menos, así lo avalan los comensales que le otorgaron recientemente uno de los premios del público en los TheFork Awards, además de estar situado entre los recomendados de la Guía Michelin.

Inma en sala y Chicote en cocina forman el tándem perfecto. En el caso de ella, dirige el día a día del restaurante. Entra a las diez de la mañana y no se va hasta que termina el servicio de noche, que puede alargarse hasta la una de la madrugada. "Yo estoy aquí 24/7. Siempre. Alberto depende más de las grabaciones", dice sin una pizca de reproche, solo constatando un hecho.

Inma Núñez rodeada de los característicos cubos de Omeraki. Nieves Díaz El Español

Inma Núñez junto a Víctor Ramos y Alicia Ramos. Nieves Díaz El Español

Porque Omeraki —con esa 'o' añadida al concepto griego meraki, que significa hacer las cosas con alma, con cariño; como las hacen ellos— es mucho más que un restaurante gastronómico. Es un proyecto vital. Familiar. Trabajan sus dos hijos: Víctor Ramos, jefe de cocina junto a Curro Zamora; y Alicia Ramos, jefa de sala con Inma. "Es un restaurante familiar por todos los lados", repite, ". No solo por Alberto y mis hijos. El equipo lleva muchos años con nosotros. Sin ellos esto sería imposible y se nota que aquí todos han elegido su profesión, les encanta".

De la finca del caudillo a la 'barra prohibida'

Nacida en Villanueva del Fresno (Extremadura), aunque madrileña desde los seis meses, Inma se crio en Arroyomolinos, en la 'finca del caudillo', donde su padre era capataz. Ocho hermanas, recuerdos felices y una palabra que se repite como un hilo conductor en su vida: "rebelde".

Alicia Ramos e Inma Núñez son las jefa de sala del restaurante. Nieves Díaz El Español

Fue madre a los 16, pero eso no le impidió formarse tiempo después como técnico deportivo. Durante años dio clases de aeróbic, corrió maratones y fue entrenadora para asociaciones y casas de cultura. "El deporte te da disciplina, constancia y esfuerzo. Todo lo que exige la vida". Pero el deporte no daba para mantener a dos hijos siendo madre separada. Y ella sabía que había algo que se le daba especialmente bien: la hostelería.

Su primera experiencia fue sustituyendo a su madre, Tomasa Gómez, cuando enfermó. En la cafetería Sorolla empezó haciendo churros, aperitivos y platos combinados.

El restaurante de Alberto Chicote y su mujer que acaba de ganar un Sol Repsol en Madrid

Con el 8M (Día de la Mujer) presente, recuerda que en la cocina eran todo mujeres. No les dejaban salir a la barra. "A mi jefe no le gustaba que nos vieran. Antes no había camareras. Estaba mal visto". Hasta que un día, viendo que no daban abasto, salió sin permiso, pero con "prudencia". Fregó, organizó, ayudó. Y ya no volvió a quedarse encerrada en la cocina.

"Entraban los clientes y con un guiño ya sabían lo que les iba a poner". Descubrió que tenía don de gentes, memoria emocional y una intuición afilada. Por eso, se formó en un curso intensivo del INEM (actual SEPE): empezaron 30 alumnos, siguieron en hostelería solo siete. Trabajaba de 8.00 a 14.00 en un gimnasio, comía corriendo un sándwich en el tren y estudiaba por la tarde, sabiendo que sus hijos la esperaban por la noche en casa. "No he hecho este sacrificio para quedarme en un bar de polígono", le dijo a su madre cuando empezó a enviar currículums en los mejores restaurantes de Madrid.

Zona central de Omeraki. Nieves Díaz El Español

La luminosa sala del restaurante. Nieves Díaz El Español

Entró en el prestigioso Nodo en 2004. Se enamoró del servicio antes incluso de ser contratada, al igual que de un chef que trabajaba allí, Chicote. En junio ya era segunda encargada. A los pocos meses, segunda maître, lo que le hizo en ocasiones estar al frente de un servicio para 300 comensales. "Eché la hiel, pero fue mi reto", recuerda con una sonrisa. Después vendrían Palermo, Paper Moon, Pan de Lujo, etc. —"No tiene nada y lo tiene todo, como Omeraki"—.

El rayo de luz

En 2021, tras la etapa de Yakitoro y otros proyectos que crearon Inma y Chicote junto con socios, decidieron que necesitaban algo propio. "Un restaurante es un negocio, pero también tiene que alimentarte emocionalmente", reflexiona.

Omeraki tiene un Sol Repsol. Nieves Díaz El Español

Fue ella quien encontró el local. 700 metros cuadrados. Un antiguo almacén agrícola. Una entrada oscura, un pasillo horrible —hoy la espectacular biblioteca— y un techo roto por una entreplanta. Chicote dijo que estaba loca. "Me decía: ¿Tú sabes lo que cuesta reformar 700 metros?". Pero Inma vio un rayo de luz. Literal.

"Ya está. Hay que quitar la entreplanta". Donde otros veían ruina, ella vio un lucernario. Hoy es una estructura fotovoltaica que inunda la sala de claridad y se ha convertido en emblema del restaurante.

Inma en la famosa biblioteca de Omeraki. Nieves Díaz El Español

La biblioteca —1.500 libros, algunos son regalados por clientes— estaba dibujada en una libreta que Chicote guarda desde el año 2000. Es su sueño cumplido. El símbolo del restaurante, un remolino inspirado en el ensō japonés (el círculo imperfecto que nunca se cierra), representa la mejora constante. Neones de cristal soplado uno a uno, un pequeño bosque vertical asiático, muñecos caricaturizados que dejan los clientes. Cada detalle de Omeraki tiene un relato.

Cocina de fondos, servicio con alma

Aquí casi todo se hace en casa, menos los helados, que se los trae Napoli; y el pan de masa madre, que llega de Viena la Baguette, tres generaciones de panaderos con los que mantienen relación desde hace años.

Los chefs de Omeraki preparando desde por la mañana el servicio de comida. Nieves Díaz El Español

Inma Núñez junto a los jefes de cocina, Víctor Ramos (izq.) y Curro Zamora. Nieves Díaz El Español

La cocina es de "fondo" —pura esencia Chichote, la describe Inma—: reducciones, salsas trabajadas, profundidad y sabor. Tres menús (110, 89 y 75 euros) que cambian mensualmente. Algunos platos cada vez cuestan más cambiarlos, ya que se han convertido en icónicos como la "crisanchofa" —alcachofa en forma de crisantemo con salsa de jamón ibérico y esfera líquida de burrata—, la sopa agripicante de bogavante o el helado de espárragos de temporada.

Puede que muchos clientes lleguen por la fama de Chicote. "La primera vez,. La segunda ya no. Repiten por el equipo", explica Inma, que inculca a sus camareros que no sean robots. Hay protocolo, pero también personalidad. "Quiero que expliquen el plato como son ellos".

Inma siempre lleva la pulsera que le regaló Alberto a su familia. Nieves Díaz El Español

Omeraki tiene un Sol Repsol y está recomendado por Michelin. ¿La estrella para cuándo? "No podemos perder la esencia de Omeraki ni dejar de ser nosotros. Si no la dan siendo nosotros, bienvenida".

Caminar acompañado

Sobre su muñeca lleva una gran pulsera de cristales de colores. También sus hijos, Alicia y Víctor. También su nieto. Es un regalo que Chicote le trajo a su familia de Kenia. Y es que un masái le dio una lección de vida a en un viaje por la sabana: "En la vida nunca debes caminar solo".

Mientras habla, Inma la acaricia todavía emociana a pesar de haber pasado 26 años. Ella, que ha pasado media vida abriendo camino. Ella, que vio luz en un almacén oscuro. Ella, que sigue entrando cada mañana la primera y apagando cada noche la última luz. Aquí, lejos del foco, está parte del secreto del éxito de Omeraki.

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