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Investigadores malagueños desarrollan un interruptor bioológico que puede frenar los atracones

Investigadores malagueños desarrollan un interruptor bioológico que puede frenar los atracones
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Un estudio del IBIMA y la Universidad de Camerino identifica nuevos fármacos que logran resetear el centro del hambre del cerebro

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Fernando Rodríguez Fonseca y Marialuisa de Ceglia, investigadores. SUR Investigadores malagueños desarrollan un interruptor bioológico que puede frenar los atracones

Un estudio del IBIMA y la Universidad de Camerino identifica nuevos fármacos que logran resetear el centro del hambre del cerebro

José Antonio Sau

Viernes, 27 de marzo 2026, 12:56

... identificar nuevos compuestos químicos capaces de apagar el impulso incontrolable de comer, lo que se conoce popularmente como atracones. El trastorno por atracón no se basa en una falta de voluntad del sujeto, sino que es un trastorno alimentario frecuente caracterizado por episodios recurrentes en los que se pierde el control y se ingieren grandes cantidades de comida en poco tiempo. Pese a su impacto en la salud, los tratamientos actuales suelen presentar efectos secundarios o no funcionan en todos los pacientes.

Caos biológico

Usando un modelo avanzado que simula el comportamiento humano (basado en ciclos de dieta intermitente y situaciones de estrés), los investigadores descubrieron que el cerebro de quienes sufren atracones entra en un estado de «caos biológico». El hipotálamo, región encargada, entre otras funciones, de decirnos cuándo comer y cuándo parar, así como de controlar la respuesta al estrés, deja de funcionar correctamente.

Los sujetos con el trastorno por atracón desarrollan resistencia a leptina: la hormona que debería enviar la señal de saciedad al cerebro es ignorada

El estudio releva que los sujetos con este trastorno desarrollan «resistencia a la leptina», la hormona que debería enviar la señal de saciedad al cerebro es ignorada, de esta manera. Al mismo tiempo, el sistema de recompensa (vinculado a los opioides y el placer) se altera, haciendo que la comida altamente apetecible (rica en azúcares y grasas) sea prácticamente irresistible para aliviar el malestar emocional.

La gran novedad de este trabajo es el uso de fármacos de doble llave para restaurar el equilibro: la utilización de ligandos actuales, unos compuestos químicos diseñados para actuar sobre dos dianas distintas del cerebro de forma simultánea. «Es como tener una llave maestra que puede abrir dos cerraduras a la vez para resetear el sistema», señalan los autores.

Moléculas

Los investigadores probaron tres moléculas, destacando dos por su eficacia: OLHHA y OLS. El compuesto OLHHA demostró ser capaz de reducir drásticamente la ingesta de comida basura durante los momentos de mayor urgencia, mientras que el OLS no solo frenó el atracón inicial, sino que mantuvo su efecto protector durante horas, restaurando los niveles de glucosa y hormonas del estrés en la sangre.

Estos fármacos actúan sobre los sistemas endocannabinoide y paracannabinoide, un complejo entramado de señales químicas que regulan el equilibrio de energía y las emociones. Al combinar esta acción con la activación de sensores metabólicos (como los receptores PPARa), los compuestos logran que el cerebro vuelva a «escuchar» las señales de saciedad y deje de emitir órdenes de hambre desesperada.

Nuevos tratamientos

Este descubrimiento abre la puerta al desarrollo de una nueva generación de fármacos para el trastorno por atracón que sean más específicos y tengan menos efectos secundarios que los actuales. Aunque los resultados se han obtenido en modelos preclínicos, la precisión con la que estos compuestos normalizan la química cerebral sugiere que podrían ser una herramienta farmacológica clave en el futuro de la psiquiatría y la nutrición.

El equipo investigador acaba de obtener un proyecto de Desarrollo Tecnológico en Salud de la convocatoria 2025 del ISCIII, para desarrollar estas moléculas, no sólo para el trastorno por atracón, sino también para el trastorno por uso de alcohol en el que se combinan también trastornos apetitivos por el etanol, que es a la vez un alimento calórico y una droga psicoactiva.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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