Una vista aérea con dron muestra el petrolero Agios Fanourios I, de bandera de Malta, que navegó por el estrecho de Ormuz, llegando a aguas territoriales de Irak frente a Basora, Irak. Mohammed Aty Reuters
Oriente Próximo Irán abre Ormuz al prometerle Trump que desbloqueará 20.000M si entrega gran parte del uranio y frena a HezboláEl inquilino de la Casa está a punto de cantar victoria tras un acuerdo en el que no consigue el cambio de régimen, no mitiga la financiación del terrorismo y la fabricación de una bomba nuclear depende, como en 2015, de la palabra de los ayatolás.
Más información:Irán reabre el estrecho de Ormuz por el alto el fuego pero amenaza con cerrarlo de nuevo si EEUU mantiene su bloqueo
Guillermo Ortiz Publicada 18 abril 2026 02:47h Las clavesLas claves Generado con IA
"Irán ha anunciado que el estrecho de Irán está completamente abierto y listo para el paso", escribió Donald Trump en su red social, Truth, este viernes por la mañana, con esa mezcla de triunfalismo y geografía imprecisa que le caracteriza.
Los mercados respondieron con euforia inmediata: el crudo estadounidense se desplomó un 12% hasta cerca de los 83 dólares por barril, mientras que el Brent internacional también se deslizó más de un 11% hasta alrededor de los 88 dólares.
El Dow Jones se disparó 1.000 puntos, el S&P 500 superó los 7.100 por primera vez en la historia, y los futuros de combustible para calefacción se desplomaron un 13%.
¿Puede Irán poner un peaje en Ormuz? Las petroleras buscan tratados internacionales, leyes y sanciones para evitarloEl problema es que la versión iraní difiere ligeramente: el ministro de Exteriores, Abás Araqchi, anunció que "en línea con el alto el fuego en el Líbano, el paso para todos los buques comerciales a través del estrecho de Ormuz se declara completamente abierto para el período restante del alto el fuego".
La diferencia no es menor: Trump habla de apertura definitiva, mientras que Araqchi la vincula explícitamente al alto el fuego en el Líbano.
Ambos omiten, además, un detalle clave que han manejado discretamente los observadores: al menos nueve petroleros han transitado el estrecho esta semana, aunque el tráfico siga siendo una fracción de los 100 barcos diarios que pasaban antes de la guerra.
El estrecho nunca estuvo completamente cerrado para todos los barcos, sólo para los que no querían pagar el peaje de más de un millón de dólares que exigía Irán.
Hezbolá y el imprevisible Netanyahu
Las razones para el optimismo son evidentes, pero también frágiles. Los mediadores paquistaníes han logrado convencer a Teherán de que haga una concesión visible que permita a Trump reclamar victoria, y eso ha creado el contexto necesario para que las conversaciones puedan reanudarse en un futuro cercano en Islamabad.
El hecho de que tanto Estados Unidos como Irán hayan aceptado una extensión tácita del alto el fuego más allá del 22 de abril sugiere que ambas partes ven posibilidades reales de acuerdo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una mesa redonda centrada en recortes de impuestos en Las Vegas (Nevada). Evan Vucci Reuters
Ahora bien, vincular la apertura del estrecho al mantenimiento del alto el fuego en Líbano introduce una variable impredecible: Benjamin Netanyahu.
El primer ministro israelí afirmó que su país había "acordado" el alto el fuego temporal de 10 días, pero que sus fuerzas permanecerían en Líbano ocupando una "extensa" zona de seguridad hasta la frontera siria, y que la demanda clave de Israel seguía siendo el desarme de Hezbolá.
Es una exigencia que ahora depende de la voluntad del régimen de los ayatolás y que, en principio, Hezbolá no puede aceptar mientras las tropas israelíes ocupen territorio libanés, lo que convierte el alto el fuego en una tregua precaria que puede saltar por los aires en cualquier momento.
Y si Israel vuelve a bombardear Líbano, Irán puede cerrar el estrecho inmediatamente, enviando los precios del petróleo de vuelta a los 100 dólares.
En realidad, la sensación es que Hezbolá sale reforzado de esta ecuación. El grupo chií ha logrado que su supervivencia se convierta en condición imprescindible para que funcione el acuerdo entre Washington y Teherán, exactamente lo contrario de lo que pretendía la Administración Trump cuando empezó esta guerra.
"Netanyahu falló en su objetivo declarado de desarmar a Hezbolá", reconocía el exdiplomático israelí Alon Pinkas a la cadena catarí Al Jazeera. Ahora, todo depende de que Irán "frene" a su milicia terrorista, pero no está claro que esa sea la voluntad del régimen.
El ministro de Exteriores iraní, Abbás Aragchi, recibiendo en Teherán al jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, este miércoles en Teherán. Reuters / WANA
¿De vuelta al acuerdo de Obama?
En sus prisas por conseguir cualquier tipo de acuerdo que pueda vender como victoria antes de las elecciones de noviembre, Trump está legitimando de facto a una organización que su propia Administración clasifica como terrorista.
Irán no solo podría mantener intacta su milicia más poderosa, sino que la convertiría en pieza clave de la arquitectura de paz regional, algo que Israel no va a tolerar en ningún caso.
Una de las justificaciones de la guerra fue el hecho —verídico— de que Irán financiaba el terrorismo internacional. Acabar recompensando a Hezbolá no tendría demasiado sentido.
Aparte, Estados Unidos está negociando un acuerdo de 20.000 millones de dólares por uranio con Irán, según reveló este viernes Axios.
El acuerdo liberaría fondos iraníes congelados a cambio de que Teherán entregue su arsenal de casi 2.000 kilos de uranio enriquecido enterrado en sus instalaciones nucleares subterráneas, entre ellos los 450 kilos enriquecidos al 60% de pureza.
Los iraníes habían exigido inicialmente 27.000 millones, Estados Unidos solo quiso llegar hasta 6.000 millones, y el número final de 20.000 millones parece bastar a las dos partes.
Lo curioso es que, de confirmarse este extremo, Trump se acercaría peligrosamente al acuerdo que negociaron Barack Obama y su secretario de Estado John Kerry en 2015.
La ironía es evidente: Trump está recreando el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA , por sus siglas en inglés) del que él mismo salió en 2018, cuando lo calificó como "el peor acuerdo de la historia" pese a las presiones de sus aliados europeos, en especial, el presidente francés, Emmanuel Macron.
No se cumpliría ningún objetivo
El alto el fuego permanente está más cerca que nunca, pero a un precio que puede resultar estratégicamente ruinoso para Estados Unidos.
Trump declarará su victoria mediática, pero dejará un Oriente Próximo donde Irán mantiene todos sus activos principales: Hezbolá, armado y legitimado, 20.000 millones de dólares para financiar sus operaciones regionales, y control efectivo sobre el estrecho de Ormuz como arma de chantaje permanente.
Los ayatolás han aprendido que cerrar el estrecho les da una capacidad de negociación que no tenían antes: cada vez que no les guste una decisión de Israel, de los saudíes, o de los propios estadounidenses, pueden amenazar con cortar el 20% del petróleo y gas mundial.
Es un poder que no van a devolver voluntariamente y que no sólo garantiza la supervivencia del régimen, sino que supone un negocio de lo más lucrativo.
Con todo, lo más peligroso es la señal que envía sobre el programa nuclear: Irán ha descubierto que puede desarrollar uranio al 60% de pureza, negociar desde esa posición de fuerza, y obtener no sólo el levantamiento de sanciones, sino dinero en efectivo a cambio de promesas de desarme que puede incumplir en el futuro, como insistió John Bolton, asesor de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump, en la CNN.
Trump presiona a Netanyahu para detener sus ataques contra Hezbolá en Líbano y mantener a flote las negociaciones con IránEl régimen sabe que le va la vida, literalmente, en conseguir la bomba nuclear. Y ahora sabe también que chantajear con el estrecho le funciona. Trump puede conseguir su acuerdo, pero Irán puede conseguir su arma nuclear, que era precisamente el objetivo principal de la operación militar.
La diferencia es que uno es temporal, la otra es para siempre.