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Irán se ahoga en su propio petróleo

Irán se ahoga en su propio petróleo
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El bloqueo naval de EE UU encamina al país hacia el colapso al saturar su capacidad de almacenar crudo
Irán se ahoga en su propio petróleo

El bloqueo naval de EE UU encamina al país hacia el colapso al saturar su capacidad de almacenar crudo

Regala esta noticia Un buque de guerra custodia un petrolero iraní. (EFE)

M. Pérez

29/04/2026 a las 20:43h.

Irán se ahoga en su propio petróleo. El bloqueo impuesto por Estados Unidos a los barcos de la república islámica –o vinculados a su comercio– ... en respuesta al cierre del estrecho de Ormuz ha dejado a la flota persa varada mientras el crudo mana de los yacimientos. La imposibilidad de transportarlo fuera del país por vía marítima ha generado tales excedentes que el régimen se ha visto forzado a improvisar almacenes, recuperar viejos depósitos olvidados –con el consiguiente riesgo de fugas– o buscar la manera de llevarlo en ferrocarril a China.

Aunque los iraníes se esfuerzan en zafarse del bloqueo, habitualmente mediante artimañas en las identificaciones de los barcos y los traspondedores, los navios de guerra están al quite: solo desde el lunes han hecho retroceder a media docena de petroleros con millones de barriles a bordo destinados a Asia. La saturación de los depósitos obliga a Teherán a bombear crudo cada vez con mayor lentitud y la agencia marítima Kpler calcula que la caída de la producción podría descender a 1,3 millones de barriles diarios a mediados de mayo, situando a la industria petrolífera nacional al borde del abismo.

Las últimas ofertas de Teherán a la Casa Blanca para levantar el cerco a Ormuz a cambio de que la Casa Blanca despeje el Pérsico revelan las prisas del Gobierno de los ayatolá por abrir la espita del oro negro al exterior. Nadie sabe a ciencia cierta su límite de almacenamiento, pero algunas compañías del sector opinan que colapsara este mismo mes. Donald Trump aventuró el fin de semana que el nivel crítico llegaría ayer, pero quizá se mostró excesivamente alarmista.

En cualquier caso, Irán tiene un problema. No puede mover sus petroleros, pero tampoco parar la extracción porque reanudar la actividad costaría meses. Unos 50 millones de barriles permanecen acumulados en tierra. Todos los petroleros de su flota permanecen amarrados y llenos hasta los topes. Cantidades ingentes de crudo se mecen en aguas del estrecho. Aunque Teherán fue previsor y al comienzo de la guerra largó cantidades masivas de crudo a la exportación que aligeraron los enormes depósitos de la isla de Kharg. ya vuelven a estar llenos.

La situación ha creado alarma, máxime después de que el presidente de EE UU ordenase ayer prolongar el bloqueo. Teherán ha conseguido en Ormuz la palanca de presión para agobiar a Washington y a medio mundo, pero Donald Trump ha encontrado en el bloqueo naval del Pérsico asfixiar poco a poco la principal industria persa. El régimen utiliza incluso contenedores de sólidos y habilita cisternas viejas en desuso para envasar el crudo. Algunos de estos depósitos se encuentran tan deteriorados que podrían convertirse en un grave problema medioambiental en caso de fugas.

Un circuito continuo

El caso es que la maquinaria no puede detenerse. La república islámica posee grandes yacimientos, pero al menos la mitad de ellos son antiguos, empezaron a funcionar entre 1950 y 1970 y necesitan una presión constante mediante inyecciones de gas para mantener su estabilidad. Reducir o detener la extracción puede condenarlos en el futuro. Existe el riesgo de que las cavernas intermedias se inunden, pero además el oro nego persa encierra una amenaza: sus elevados niveles de asfaltenos pueden desencadenar una solidificación y cegar las tuberías en caso de que el crudo deje de circular. Los costes para volver a activar los pozos pueden ser astronómicos.

En cualquier caso, la compañía petrolera estatal ya ha empezado a reducir la producción con el fin de alargar las posibilidades de almacenamiento. Las autoridades confían en llegar a un acuerdo con Donald Trump antes de que el cierre de los pozos sea imperativo. Y mientras tanto, intentan quemar un último cartucho: transportar el petróleo hasta China por tierra. En trenes. El problema es que los convoyes tienen menos capacidad que un petrolero y la distancia entre los dos países en ferrocarril ronda los 8.000 kilómetros, lo que implica muchos días de viaje y un aumento muy notable de los costes.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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