Fuente de la imagen, Eyor Arnason / Getty
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Guillermo D. Olmo
- Título del autor, BBC Mundo
- y
- Autor, Sandra Kanthal
- Título del autor, BBC World Service
- Fecha de publicación 27 minutos
Islandia dio por sentada su seguridad durante décadas.
Este Estado insular ártico es uno de los pocos del mundo que no tiene un ejército regular.
Durante décadas, confió su defensa a sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a Estados Unidos.
Pero el actual contexto internacional y la segunda presidencia de Donald Trump han puesto esa certeza en entredicho.
Las amenazas del mandatario estadounidense a la vecina Groenlandia y a la alianza atlántica han causado preocupación en Islandia y abierto el debate sobre su posición en el mundo, hasta el punto de que el gobierno ha impulsado un referendo el próximo 29 de agosto sobre la reapertura de las negociaciones para ingresar a la Unión Europea, que llevaban años congeladas.
Esta es la historia de cómo un pequeño país que no se sentía amenazado se vio obligado a replantear su seguridad.
Por qué Islandia no tiene Ejército
Situada a unos 2.300 kilómetros del Polo Norte, la isla de Islandia es un país relativamente joven, ya que obtuvo su independencia de Dinamarca en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial.
Terminada la contienda, la república islandesa fue uno de los Estados que fundaron la OTAN en 1949, con una particularidad: era y es el único que no tiene un ejército regular.
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Final de Más leídas
En el contexto de la incipiente rivalidad con la Unión Soviética, los aliados vieron el valor estratégico de la isla, a la que el histórico líder británico Winston Churchill definió como "un portaaviones imposible de hundir".
Y, pese a que no aportaba ni tanques ni tropas a la alianza, aceptaron garantizar su defensa en un acuerdo que luego fue reforzado con la firma de un tratado bilateral con Estados Unidos en 1951.
Desde entonces, cazas estadounidenses, noruegos y de otros países de la OTAN patrullan sus cielos de manera rutinaria, y fuerzas aliadas realizan allí con frecuencia ejercicios de entrenamiento y reconocimiento.
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Episodios
Fin de Podcast
Pia Hansen, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad de Islandia, le dijo a la BBC: "En nuestro país tenemos la experiencia de la presencia de ejércitos extranjeros, pero no de uno propio".
Parte de la explicación a esta paradoja la da la geografía.
Con una densidad de población de 3,8 habitantes por kilómetro cuadrado, Islandia es el país más deshabitado de Europa y uno de los más despoblados del mundo, y durante décadas ha imperado el criterio de que los aproximadamente 400.000 islandeses son una población insuficiente para proveer un ejército estable y capaz de defender sus más de 103.000 kilómetros cuadrados de superficie.
Más cuando el 80% del país lo forman las Tierras Altas, un inhóspito territorio de clima extremo formado por glaciares, desiertos de lava y volcanes en los que apenas vive alguien.
"No tiene sentido; no tenemos bastante gente", contestó Maria, una joven estudiante de Derecho de la Universidad de Islandia cuando la BBC le preguntó si su país debería tener un ejército.
Todos sus compatriotas a los que consultamos en nuestro recorrido por Reikiavik, la capital, respondieron lo mismo, y una encuesta del año pasado arrojó que un 72% de los islandeses se oponen a la idea de dotarse de unas fuerzas armadas convencionales.
Por ahora, los islandeses parecen seguir confiando en sus guardacostas, un cuerpo considerado como bien equipado y eficiente que aparece frecuentemente en los sondeos como una de las instituciones más valoradas.
Eminentemente dedicados al salvamento marítimo en un país que vive volcado en la pesca en difíciles condiciones ambientales, les corresponden también tareas de vigilancia fronteriza y de gestión de la base aérea de Keflavík, desde donde despegan los cazas de la OTAN en sus patrullas aéreas y que durante la Guerra Fría fue uno de los principales puntos de vigilancia de los movimientos de los submarinos soviéticos.
Por qué se duda ahora de la seguridad
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 y su visión sobre la región ártica agitó el tablero.
Trump insistió en que Estados Unidos debe "poseer" Groenlandia por cuestiones de seguridad nacional y, en medio de crecientes diferencias con sus aliados europeos, llegó a cuestionar el compromiso estadounidense con la OTAN.
Y declaraciones suyas en las que mencionó a Islandia cuando parecía referirse a Groenlandia no contribuyeron a la tranquilidad de los islandeses.
En el Foro de Davos de enero, el mandatario estadounidense dijo sobre sus aliados europeos: "No sé si estarían ahí por nosotros. No estuvieron ahí en Islandia, eso se lo puedo decir. Quiero decir, nuestro mercado de valores sufrió una caída ayer a causa de Islandia. Así que Islandia ya nos ha costado mucho dinero".
Aunque un portavoz de la Casa Blanca aclaró después que Trump se refería a Groenlandia, sus palabras fueron recibidas en Islandia con una mezcla de asombro y preocupación.
Fuente de la imagen, Samuel Corum / Getty
Pie de foto,Eirikur Bergmann, politólogo de la Universidad Bifröst, le dijo a la BBC: "Los comentarios de Trump dejaron a muchos boquiabiertos en Islandia, aunque creo que todo el mundo entendió que quería decir Groenlandia".
"Sin embargo, el tipo de agresión que el gobierno de Estados Unidos ha iniciado para tomar Groenlandia, a veces en tono hostil, ha sido un motivo de preocupación en Islandia, porque los argumentos planteados sobre la necesidad estadounidense de hacerse con Groenlandia pueden aplicarse igualmente a Islandia", añadió el experto.
En realidad, el giro dado por Trump a la política exterior estadounidense y el creciente interés de Washington en el Ártico no han hecho sino intensificar una preocupación anterior por el aumento de la percepción de la amenaza rusa en Europa, especialmente tras la invasión de Ucrania en 2022.
Fuente de la imagen, Betty Laura Zapata / Getty
Pie de foto,La apuesta europea
Pero quizá el giro estratégico más significativo iniciado en Reikiavik ha sido el de volver la mirada a la Unión Europea.
El gobierno de coalición de la primera ministra Kristrún Frostradóttir quiere reabrir las negociaciones para el ingreso de Islandia al bloque europeo, congeladas desde 2013, y convocado un referendo al respecto.
Si los islandeses votan a favor el 29 de agosto, Islandia reanudará las conversaciones para su ingreso a la Unión Europea, un asunto sobre el que durante años se han mostrado divididos.
Aunque el debate sobre la pertenencia al bloque se arrastra desde hace décadas, el nuevo contexto y la presencia de Trump le han dado a la pregunta sobre la pertenencia o no al bloque una dimensión nueva: la seguridad de su país.
Fuente de la imagen, Thierry Monasse / Getty
Pie de foto,"Pese a que la Unión Europea no es una alianza militar, sus tratados contienen cláusulas más explícitas incluso sobre defensa mutua que la Carta Atlántica de la OTAN, lo que está convenciendo a muchos sobre la conveniencia de la adhesión", indica Bergmann.
En realidad, Islandia forma parte hace años del espacio Schengen, el área europea de libre circulación de personas y mercancías, y otros elementos clave del entramado de la Unión Europea, pero nunca ha dado el paso de convertirse formalmente en un Estado miembro.
Uno de los escollos para la entrada al bloque ha sido la resistencia islandesa a acordar con Bruselas el acceso a los abundantes recursos pesqueros de los que depende su economía.
Fuente de la imagen, Jeremie Richard / Getty
Pie de foto,Los euroescépticos rechazan la negociación de cuotas pesqueras y la cesión de soberanía que implicaría la pertenencia al club europeo.
A lo que los partidarios de la adhesión oponen la ventaja que supondría contar con una moneda estable como el euro en un país que en los últimos años ha sufrido una inflación mayor a la de los europeos, y últimamente cada vez más, el respaldo de pertenecer al bloque cuando los pilares del pasado parecen agrietarse.
La igualdad que muestran las encuestas dificulta hacer pronósticos sobre el resultado del referendo.
En un mundo cada vez más volátil, lo único seguro es que los islandeses tendrán de una manera o de otra que responder a una pregunta que durante décadas no tuvieron que plantearse: la de quién y cómo garantiza su seguridad.
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