La primera ministra de Islandia, Kristrun Frostadottir habla a la prensa durante la Cumbre de la OTAN en Ankara. Imagen de archivo. Michael Kappeler/dpa. Vía Europa Press.
Europa Islandia vota en un reñido referéndum si solicita unirse a la UE con el europeísmo en alza tras las amenazas de TrumpSu situación en medio de las rutas marítimas del Ártico le da un alto valor geoestratégico.
Más información: El efecto bumerán de Trump en el Ártico: Islandia acelera su adhesión a la UE y Groenlandia atrinchera tropas europeas.
Luis Ezcurra de Alburquerque Publicada 29 agosto 2026 06:25h Las clavesLas claves Generado con IA
270.000 islandeses están llamados este sábado a las urnas para decidir si su Gobierno continúa o no negociando la adhesión a la UE. Los sondeos muestran que la opción europeísta lidera con una estrechísima ventaja, espoleada por el miedo al expansionismo del presidente de EEUU, Donald Trump, en el Ártico.
Islandia ocupa una posición estratégica en el mapa: está a poco más de 300 km de la costa de Groenlandia y en pleno trazado de las rutas árticas que Trump pretende controlar. Reikiavik teme que las continuas amenazas de anexión a sus vecinos se extiendan hasta su territorio.
El error de Trump al confundir Islandia con Groenlandia en su discurso ante el Foro de Davos no ayudó a disipar los temores. Por cuatro veces, el mandatario mencionó a Islandia cuando quería referirse a Groenlandia. "Islandia ya nos ha costado mucho dinero", dijo.
La decisión que debe tomar Europa: ¿más unidad o más división, como pretende Putin?La confusión era evidente, pero sembró la duda porque la exportavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, negó en las redes sociales que hubiera error alguno. La tensión subió cuando el excongresista Billy Long, designado por Trump como embajador de EEUU en Reikiavik declaró que, si Groenlandia fuera el estado 51, Islandia debería ser el 52.
El comentario sentó como una bomba en Reikiavik, aunque Long declaró que había sido una broma expresada en un ambiente distendido entre amigos. Los islandeses lanzaron una petición a su ministra de Exteriores, Katrín Gunnarsdóttir, pidiendo la recusación del futuro embajador.
"La crisis de Groenlandia tocó definitivamente la fibra sensible de los islandeses", declaró la primera ministra Kristrun Frostadottir a The New York Times en febrero. Aseguró que la política internacional está ahora muy presente en la mente de los ciudadanos.
La tendencia del inquilino de la Casa Blanca a rediseñar el orden mundial a favor de sus intereses acaba empujando a otros a mirar hacia Europa. La reciente ruptura comercial con Canadá o el alejamiento del Reino Unido por la guerra de Irán son dos ejemplos palpables.
Las alternativas no son muy atractivas: Rusia y China también pujan por los recursos del Ártico. Además, el cambio climático, la tensión en Ormuz o el incierto destino del Estrecho de Malaca favorecerán en un futuro nada lejano el desarrollo de las rutas del norte.
Comparada con otras áreas del planeta, la región ártica ha estado relativamente alejada de las tensiones geopolíticas hasta ahora. Pero la situación va a cambiar y la posición islandesa en un escenario donde el Ártico cobra relevancia es más vulnerable.
El Artika, gigantesco rompehielos ruso propulsado por energía nuclear navegando por el Ártico. Imagen de Archivo Rosatom
Para Islandia, la adhesión le daría derecho a participar en las decisiones de la Unión. También le proporcionaría ahorro fiscal al poder participar de la Política Agrícola Común y tendría acceso a los fondos estructurales. La adopción del euro le daría estabilidad a su economía.
Para la Unión Europea, la incorporación de Islandia reforzaría la posición geoestratégica en el Atlántico Norte y le acercaría a su poderosa industria pesquera. Además, serviría para demostrar que el proceso de ampliación sigue funcionando y mandaría un mensaje favorable a los votantes euroescépticos de países miembros.
El exalcalde de Reikiavik, Dagur Eggertsson, es una figura destacada de la opción a favor del 'Sí'. Sostiene que las amenazas de Trump hacia Groenlandia generan inseguridad a la población. La cuestión dispara el debate sobre la posición estratégica de la isla.
Eggertsson preside la delegación islandesa en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Recuerda las declaraciones del primer ministro canadiense, Mark Carney, en Davos: "Las potencias pequeñas y medianas deben permanecer unidas".
El emblema de la UE modificado es parte de la imagen de campaña del 'Sí'. El lema es 'Sí para ver'. Leonhard Foeger. Reuters.
Las claves de la decisión
La cuestión de la adhesión no es nueva: en 2009, Islandia presentó formalmente su solicitud a la UE. En 2010, tras un dictamen favorable de la Comisión Europea, comenzaron las negociaciones.
Se consiguieron avances, pero en 2013 una coalición de centroderecha euroescéptica ganó las elecciones. El nuevo Gobierno decidió suspender las negociaciones.
Fruto de lo tratado hasta entonces, Islandia ya forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE). En la práctica, las empresas islandesas comercian con la UE sin aranceles ni barreras administrativas.
También pertenece al espacio Schengen. Sus ciudadanos pueden vivir, trabajar y estudiar libremente en cualquier país de la UE, y viceversa.
El país participa en numerosos programas europeos de investigación, educación y cultura. En conjunto, se estima que ya se están aplicando tres cuartas partes de las regulaciones de la Unión.
A pesar del cese unilateral de las negociaciones, Reikiavik nunca retiró la solicitud de adhesión. El referéndum de este sábado permitirá decidir si la relación que llegó tan lejos en 2013 se desarrolla más o no.
Partidarios del 'No' se manifiestan en Reikiavik para demandar que no se reanuden las conversaciones de adhesión a la UE. Leonhard Foeger. Reuters.
El resultado, en el filo
Las encuestas muestran un empate técnico entre partidarios y detractores de reabrir la negociación con la UE. A mediados de agosto, la proporción de indecisos era de un 8 %.
Los partidarios del 'Sí' apelan a una cuestión de soberanía nacional. Sostienen que Europa la defendería contra las ansias expansivas de Trump y promueven formar parte de la eurozona para beneficiarse de la solidez de la moneda.
Los seguidores del 'No' también apelan a una cuestión de soberanía nacional: las excesivas regulaciones de la UE quitarían libertad de maniobra al Gobierno. Alertan del riesgo para su industria pesquera y la agricultura.
Según Eirikur Bergmann, profesor de Política de la Universidad Bifröst al norte del país, la cuestión de la soberanía nacional está presente en el debate político desde la independencia del país en 1944. "Los dos bandos apelan al mismo legado", señaló.
Islandia es un país constituido por una isla principal del mismo nombre y cerca de medio centenar de islas menores e islotes. Su tamaño es cerca de la mitad de Gran Bretaña y en ella habitan 400.000 personas. Un 64 % de la población se concentra en la capital y su área de influencia.
Paseando al atardecer por la calle del Arcoiris, en el centro de Reikiavik este verano. Imagen de archivo. Denis Balibouse. Reuters.
Los volcanes y los lagos ocupan gran parte de la extensión de la isla principal. Su densidad de población es la más baja de Europa.
Reikiavik es la capital más cercana al Polo Norte de todo el hemisferio. Sin embargo, el clima no es tan extremo como en otras regiones de la misma latitud gracias a las aguas de la Corriente del Golfo que bañan sus costas.
La historia de la nación es corta, pero intensa: comenzó como asentamiento vikingo. Colonizada por Noruega, a finales del siglo XIV pasó a formar parte de la corona danesa. La independencia de Dinamarca llegó en 1944, a finales de la Segunda Guerra Mundial.
En 2008, el país atravesó una crisis financiera que estuvo a punto de arrastrarlo a la bancarrota. Una década después, el boom turístico resultante de la devaluación de la moneda empujó a la economía islandesa a convertirse en una de las más estables y prósperas de Europa.
El nacionalismo islandés nació en el siglo XIX como un movimiento cultural contra el dominio danés. Hoy sigue vivo, aunque transformado en escepticismo hacia la Unión Europea.
La identidad se nutre de los elementos diferenciales respecto a la cultura danesa: su idioma tiene raíces en la lengua de los vikingos y ha permanecido inalterado desde la época medieval. Las Guerras del Bacalao de mediados del siglo XX exacerbaron el sentimiento nacionalista. En ellas se disputó el dominio de los caladeros con el Reino Unido
La pesca es, precisamente, la cuestión más espinosa en la relación con la Unión Europea. Históricamente, ha sido el pilar de la economía islandesa. Representa hasta un 12 % del PIB, aunque el turismo ha crecido en los últimos años hasta el 8,5 %.
El turismo es la segunda fuente de ingresos de Islandia detrás de la pesca. Vista general de Reikiavik. Imagen de archivo. Stoyan Nenov. Reuters.
Gudlaugur Thor Thordarson, diputado del Parlamento islandés, se opone radicalmente a la adhesión a la UE. Thordarson ocupó diferentes carteras ministeriales. Es una figura relevante del Partido de la Independencia, formación conservadora que aboga por el 'No' en el referéndum.
Se muestra radicalmente en contra de la posición de Trump respecto a Groenlandia, pero eso no implica que esté a favor de alinearse con Europa. "En los asuntos de defensa y seguridad, la clave está en los acuerdos bilaterales con EEUU", declaró a Politico. Aseguró que Islandia ya pertenece a la OTAN y forma parte de todas sus estructuras.
La opinión pública está dividida: la población urbana se inclina a favor la adhesión. Está más concienciada con los peligros de la tensión geopolítica.
Pero la mayor preocupación de los ciudadanos es el coste de la vida. La tasa de inflación subió en julio hasta el 5,3 %, llegando la subyacente cerca del 7 %.
La UE prepara un plan para "responder" a cualquier "intimidación" de Trump de hacerse con GroenlandiaLos ciudadanos temen volver a los niveles cercanos al 9 % que se registraron en 2023. Los europeístas plantean que el ingreso en la eurozona proporcionaría una estabilidad a la economía que ahora no tiene.
Sostiene que continuar las negociaciones no compromete a nada. Confían en que su Gobierno será capaz de rechazar un mal acuerdo.
Los detractores se encuentran entre las comunidades rurales o viven de la pesca y de su industria auxiliar. Temen perder el control sobre la gestión de sus recursos oceánicos. Desconfían de Bruselas, que decidirá sobre asuntos que ahora sólo se manejan desde Reikiavik.