Pese a que el pueblo de Burgohondo (Ávila) ha salido ileso, la gente se ha asustado. Cuesta ver desde la carretera que lo une con Navaluenga el lugar donde empezó el fuego, también por el humo blanco que forma una densa neblina, pero lo cierto es que cerca de esta vía, la AV-902, ayer reabierta, hay árboles verdes y maleza amarilla, pero no cenizas negras.
Pegada a esa carretera tiene una de sus casas rurales Iván Pérez, que junto a su familia regenta un total de siete alojamientos rurales en Burgohondo y Navaluenga. «Tenía todas las reservas completas para el pasado fin de semana, pero la gente canceló, claro, porque empezó el fuego. Lo malo es que también tenía completo de lunes a viernes y me lo han cancelado también. Y para el fin de semana ya me llama la gente pensando en cancelar», cuenta resignado.
Este martes ha pasado a regar, porque el jardín de la casa debe permanecer en buenas condiciones para recibir huéspedes. Sin embargo, pese al jardín en perfecto estado y la piscina con su césped impoluto, las reservas se anulan. «Tenéis que contar cómo está esto de verdad. Arriba en la sierra se ha quemado todo, y al otro lado, donde solo hay pinos, será mucho peor, pero aquí en Burgohondo no. Está todo bien», explica mientras señala al lugar donde empezó el incendio, en las montañas.
Allí queda humo, a veces se ven «chimeneas», como llama a los troncos que siguen humeando cuando les da el viento. Pero el río Alberche hizo de muralla y junto a las encinas y los robles, menos inflamables que los pinos, se cortaron las llamas. El lamento de todos los vecinos es que la zona donde comenzó el fuego no tiene árboles, sino monte bajo, pero la desgracia quiso que se propagara demasiado rápido.