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¿Izquierda soberanista?, ¿en serio?

¿Izquierda soberanista?, ¿en serio?
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Falla el uso de los conceptos y también la orientación del discurso político
¿Izquierda soberanista?, ¿en serio?

Falla el uso de los conceptos y también la orientación del discurso político

Regala esta noticia Añádenos en Google José Ignacio García, líder de Adelante Andalucía. (H. B.)

Cristina Vallejo

30/05/2026 a las 23:44h.

Parte del éxito de Adelante Andalucía en las últimas elecciones tiene que ver con la recuperación del andalucismo. De hecho, se ha llegado a enmarcar ... a la formación política que lidera José Ignacio García y que previamente encabezaba Teresa Rodríguez dentro de la izquierda soberanista. Así que bien podría formar grupo con Compromís en Valencia, ERC en Cataluña, Bildu en Euskadi, la Chunta en Aragón, el BNG en Galicia o, si realmente tuviera presencia, con Tierra Comunera en Castilla, o incluso con Más Madrid. Así lo ha hecho Gabriel Rufián. Pero en realidad todas estas formaciones son muy diferentes entre sí. Hay algunas que hacen tal reivindicación de la identidad singular de sus territorios que han llegado a declarar su independencia de manera ilegal (ERC). Pero hay otras que apenas son una mera marca, una oferta electoral, que ha conectado con los votantes por cuestiones relacionadas con la coyuntura política particular de cada comunidad autónoma. En ocasiones, ha sido consecuencia de la corrupción en que han incurrido gobiernos longevos, de la falta de respuesta de formaciones de alcance estatal o de la crisis secular que arrastran PSOE e IU en la Comunidad de Madrid, singularmente. Por tanto, en muchos casos, como en el de Más Madrid, pero también en el de Compromís, el surgimiento de esas opciones políticas nada tiene que ver con cuestiones territoriales, singularidades identitarias o soberanistas.

Así que, para empezar, hay que cuestionar la propia denominación de «izquierda soberanista» para referirse a determinadas formaciones y sería mejor considerarla izquierda, sí, pero «periférica», «territorial» o incluso «regionalista» (quizás bajo este término estaría mejor definido Adelante). Incluir el término «soberanista» implica la existencia de un territorio sobre el que se reclama que sus habitantes (en principio, quienes ahí residen, porque una versión extrema sería decir que sólo quienes ahí han nacido, y más extrema todavía, que sean los nacidos en ese territorio y que además sean hijos de nacionales) han de ser los que rijan en exclusiva sus destinos, y eso no sucede con todos los partidos enumerados antes. Bajo el término de «soberanista», en definitiva, subyace la creencia en la existencia de una nación que quiere ser Estado. No es el caso andaluz.

Marcar distancias

Cuando se conoció el resultado de las elecciones andaluzas, el diputado de ERC Gabriel Rufián celebró el éxito de Adelante Andalucía como propio, como el de la izquierda soberanista en que su formación política sí está encuadrada de manera más precisa. Pero la gente de José Ignacio García ha marcado distancias no tanto con la cuestión semántica como con Rufián y ha renunciado a participar de su iniciativa de integrar a todas las izquierdas españolas (las periféricas y las estatales) en una misma candidatura para maximizar su rendimiento electoral en los próximos comicios generales cuando tanto parece que se va a necesitar.

José Ignacio García se ha desmarcado de la propuesta de Rufián, porque otro de los activos de Adelante es presentarse como una fuerza política autónoma

José Ignacio García quiere que el andalucismo llegue al Congreso de los Diputados con voz propia y desmarcado de otros regionalismos y también de las izquierdas estatales que conforman el Gobierno de España. De hecho, otra de las claves a que se atribuye su éxito está –además de en haber recuperado y reivindicado «lo andaluz»–, ahí también, en presentarse como algo nuevo, independiente, libre de ataduras y servidumbres. Así que no, García no desea participar en la iniciativa de Rufián que busca, en realidad, que las izquierdas periféricas, en mejor forma electoral como se ha demostrado precisamente en Andalucía, lideren e inspiren a las estatales, que parecen últimamente venidas a menos. Desde Málaga, José Luis Centella, presidente del Partido Comunista de España, integrante de Izquierda Unida y por extensión de Por Andalucía, defiende esa unión de todas las izquierdas y que el acento más soberanista –periférico– o más estatal dependa de la coyuntura, sea una decisión más táctica que estratégica.

Peligros

Pero este resucitar del soberanismo, del identitarismo, del regionalismo, la reivindicación de lo propio, la defensa de la tierra… tiene sus peligros y no hay que pasarlos por alto. Para empezar, chirría que el sustantivo al que acompaña el adjetivo «soberanista» sea «izquierda», cuando ésta más que de la defensa de personas ligadas a los territorios se ha ocupado tradicionalmente de la reivindicación de la gente en calidad de adscritas a una clase social. En segundo lugar, aunque se quiera plantear que no es así, la defensa de un territorio, de una identidad, de lo propio, siempre se define en contraste con lo ajeno, con lo de los demás, con a quienes se califica como «los otros». Enfrenta. En tercer lugar, cuando se caracteriza a un pueblo, se eligen unos determinados rasgos para singularizarlo: una lengua, un tono de piel, una confesión religiosa, una forma de actuar, un vestido, una manera de comportarse, unos referentes culturales: ¿Qué sucede con quienes viven en ese lugar que no son así y no se identifican con las características que supuestamente definen a quienes pertenecen a un pueblo?

Atribuir a un pueblo una esencia, un carácter, unos gustos, unas tradiciones... es muy problemático. Más en las sociedades contemporáneas, cada vez más complejas

Los esencialismos, atribuir a un pueblo una esencia, un carácter, unos gustos, unas tradiciones, son muy problemáticos. Más en sociedades multiculturales y cada vez más complejas y ricas como lo son las contemporáneas. Un ejemplo: Teresa Rodríguez, en la red social X, tildó de «andalufóbica» a una persona que vertió una crítica que más bien podía ser anticlerical o antirreligiosa al Rocío: ¿Criticar la Romería de El Rocío o en general la religiosidad es ser antiandaluz? Éste y otros ejemplos de las palabras de Rodríguez –como el que indicaba que «los explotadores» de Andalucía tienen «acento de la meseta»– los comentó en la red social Bluesky Jorge Tamames, investigador del Real Instituto Elcano, que afeó el esencialismo de estos discursos, así como la falta de precisión con que se emplean según qué términos en este ámbito político como «arraigo», «sensibilidad por el territorio» o «soberanismos».

Una última cuestión que hay que discutir es si en la izquierda es inteligente, prudente, acertado, plantear según qué cuestiones cuando enfrente el leitmotiv de perversa moda es la «prioridad nacional», el poner por delante a los propios sobre los ajenos. Démosle una pensada.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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