Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Daniel Seifert
- Título del autor, BBC Travel*
- Fecha de publicación 49 minutos
Como un utlandssvensk —un sueco que creció en el extranjero—, siempre me han fascinado las normas no escritas que moldean la vida social sueca.
Una vez me puse a charlar con una compatriota en una fiesta. Era el 4 de julio y comentamos por qué nuestro país no celebraba su día nacional con tanto fervor como los estadounidenses. Nada de fuegos artificiales ni desfiles: ¿a qué se debía?
"Bueno, resultaría bastante vergonzoso, ¿no?", dijo.
"Toda esa autocomplacencia. Es un poco excesivo", añadió bajando la voz, como si hubiera un estadounidense merodeando a pocos centímetros de nuestra mesa.
Según explicó, lanzar fuegos artificiales en honor a la nación (y, por ende, a uno mismo) huele a autocomplacencia y ostentación, dos cosas que resultan detestables en gran parte de Escandinavia.
Cuando felicité a mi compañera por lo bien que había expuesto el tema, me miró de reojo y hizo un gesto con la mano para restarle importancia a mi elogio, como si fuera un mal olor.
"No, por favor. Es solo mi humilde opinión", zanjó.
Un código de conducta basado en la modestia
Para entender esta aversión a ser el centro de atención —aunque sea mínimamente— muchos suecos señalan la Jantelagen, o Ley de Jante: un código social no escrito, arraigado en toda Escandinavia, que valora la humildad, la igualdad y el no ponerse por encima de los demás.
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