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Japón tiene un as bajo la manga contra la mayor crisis petrolera en 50 años: un laberinto de reservas que ni el G7 domina

Japón tiene un as bajo la manga contra la mayor crisis petrolera en 50 años: un laberinto de reservas que ni el G7 domina
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Las alarmas saltaron la madrugada del lunes 9 de marzo. El barril de Brent se disparó y llegó a rozar la barrera de los 120 dólares, unas cifras que el mercado no veía desde que estalló la guerra en Ucrania allá por 2022. El miedo a sufrir la peor crisis energética de medio siglo ha obligado a los ministros de finanzas del G7 a mover ficha de urgencia. Ya hay convocadas reuniones extraordinarias para intentar frenar el golpe: la idea que está sobre la mesa es liberar de golpe entre 300 y 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas. Pero el verdadero problema no es solo el precio, sino el colapso logístico. El bloqueo ha hecho desaparecer del tablero unos 20 millones de barriles diarios. Para ponerlo en perspectiva, este "agujero" físico es cinco veces mayor que el impacto del histórico embargo árabe de 1973. En medio de este pánico occidental, todas las miradas apuntan a un actor vital que podría actuar por su cuenta para salvar los muebles: Japón, poseedor de la tercera reserva estratégica más grande del mundo, según señala el experto en energía Javier Blas. El dilema japonés. Japón es una de las economías más vulnerables a este bloqueo. Según Oilprice, el país importa aproximadamente el 95% de su suministro de crudo de Medio Oriente, y cerca del 70% de esos envíos transitan a través del ahora bloqueado Estrecho de Ormuz. El tiempo apremia, ya que los buques tardan entre 20 y 25 días en llegar desde allí hasta los puertos nipones. A nivel oficial, el mensaje es de cautela. El ministro de Economía, Comercio e Industria (METI), Ryosei Akazawa, ha declarado que no hay "planes inmediatos" para liberar reservas con el único fin de bajar los precios, recordando que estas se usan para asegurar el suministro. Sin embargo, entre bambalinas, la maquinaria ya se mueve. Akira Nagatsuma, un legislador de la oposición, en declaraciones para Reuters, reveló que la Agencia de Recursos Naturales y Energía (ANRE) ya instruyó el viernes a la base nacional de almacenamiento de Shibushi para que se prepare para una posible liberación de crudo. En Xataka El problema no es que el petróleo esté por las nubes: es que nos faltan 20 millones de barriles físicos al día y no hay por dónde sacarlos Estanflación y parálisis industrial. Las consecuencias de este bloqueo ya se palpan en la economía real. Bloomberg advierte que un petróleo por encima de los 100 dólares, combinado con un yen muy debilitado (rondando los 160 por dólar), dispara el riesgo de que Japón caiga en la estanflación.  En las calles, el golpe es evidente. Según NHK World, las gasolineras ya están subiendo los precios, lo que asfixia a empresas de transporte terrestre para las cuales el combustible representa el 10% de sus costes. El sector manufacturero también sangra: gigantes como Idemitsu Kosan y Mitsubishi Chemical han tenido que suspender o reducir su producción de etileno, un derivado del crudo esencial para la industria plástica. El complejo y hermético blindaje de Japón. Para entender por qué Japón es clave, hay que mirar cómo guarda su petróleo. Mientras otros países tienen sistemas más transparentes, el modelo nipón es un búnker de tres capas: almacenamiento nacional (del gobierno), almacenamiento del sector privado (obligatorio por ley) y reservas conjuntas con países productores. Las cifras varían ligeramente según la fuente, pero revelan un volumen colosal. Javier Blas estima el total en unos 440 millones de barriles, suficientes para 204 días de importaciones. Por su parte, el METI y reporte de Argus Media sitúan las reservas en torno a los 449-470 millones de barriles, cubriendo entre 214 y 254 días de consumo. Las instalaciones son proezas de ingeniería. Además de los tradicionales tanques sobre tierra, el país utiliza cavernas de roca subterráneas y, como destaca la base de Shirashima, gigantescos tanques flotantes en el océano, protegidos por dobles cascos y rompeolas. Pero el verdadero "caballo de Troya" comercial de Japón son sus acuerdos internacionales. Según datos de JOGMEC, el gobierno nipón alquila tanques en su propio territorio a petroleras estatales de Arabia Saudí (Aramco), Emiratos Árabes Unidos (ADNOC) y Kuwait (KPC). En tiempos normales, estas empresas usan Japón como base comercial para Asia. En caso de emergencia, Japón tiene el derecho prioritario de comprar ese crudo. El contraste asiático. El sufrimiento occidental contrasta drásticamente con la situación de China. Pekín hizo sus deberes, el país cuenta con unos inventarios comerciales récord de casi 988 millones de barriles, además de sus reservas estratégicas , y mantiene 166 millones de barriles flotando a salvo frente a sus costas. Su masiva transición hacia el vehículo eléctrico y las energías renovables actúa como un escudo nacional impenetrable ante esta crisis. En Corea del Sur, la respuesta ha sido tajante. Según el medio UDN, el presidente surcoreano Lee Jae-myung no ha esperado para tomar medidas internas, ordenando preparar topes a los precios de los combustibles y exigiendo castigos severos contra las refinerías y gasolineras que acaparen petróleo para especular. El país está bien pertrechado: sus empresas privadas tienen reservas para más de 220 días, y el Estado guarda crudo estratégico para otros 116 días. Un pulso entre la diplomacia y el mundo físico. El escenario actual ha dejado en evidencia que las proyecciones financieras chocan de frente con la cruda realidad de los buques inmovilizados. Mientras desde Washington se intenta calmar a los mercados asumiendo que los altos precios son un coste menor por la seguridad global, la Guardia Revolucionaria de Irán advierte que el barril podría escalar hasta los 200 dólares si la ofensiva no se detiene. En medio de esta escalada de amenazas, los operadores asiáticos se aferran a una disuasión puramente táctica: confían en que la ruta marítima no se bloquee por completo ante el temor de enfurecer a potencias militares de la talla de China, Corea del Sur o el propio Japón.  Sin embargo, la parálisis de los petroleros no entiende de esperanzas comerciales y el margen de maniobra diplomático se agota rápidamente. Si el G7 no logra una acción coordinada convincente en las próximas horas, Japón podría verse obligado a abrir en solitario los grifos de su colosal y compleja reserva. Será la prueba de fuego para descubrir si su sofisticado búnker de tres capas es suficiente para evitar que la tercera economía de Asia se seque ante el mayor colapso logístico del último medio siglo. Imagen | Sanjo Xataka | En 2015 Japón mostró al mundo un tren capaz de llegar a los 600 km/h. Diez años después seguimos sin saber nada de él - La noticia Japón tiene un as bajo la manga contra la mayor crisis petrolera en 50 años: un laberinto de reservas que ni el G7 domina fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Japón tiene un as bajo la manga contra la mayor crisis petrolera en 50 años: un laberinto de reservas que ni el G7 domina

El país nipón importa aproximadamente el 95% de su suministro de crudo de Medio Oriente, y cerca del 70% de esos envíos transitan a través del ahora bloqueado Estrecho de Ormuz

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Alba Otero

Editora - Energía

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Las alarmas saltaron la madrugada del lunes 9 de marzo. El barril de Brent se disparó y llegó a rozar la barrera de los 120 dólares, unas cifras que el mercado no veía desde que estalló la guerra en Ucrania allá por 2022. El miedo a sufrir la peor crisis energética de medio siglo ha obligado a los ministros de finanzas del G7 a mover ficha de urgencia. Ya hay convocadas reuniones extraordinarias para intentar frenar el golpe: la idea que está sobre la mesa es liberar de golpe entre 300 y 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas.

Pero el verdadero problema no es solo el precio, sino el colapso logístico. El bloqueo ha hecho desaparecer del tablero unos 20 millones de barriles diarios. Para ponerlo en perspectiva, este "agujero" físico es cinco veces mayor que el impacto del histórico embargo árabe de 1973. En medio de este pánico occidental, todas las miradas apuntan a un actor vital que podría actuar por su cuenta para salvar los muebles: Japón, poseedor de la tercera reserva estratégica más grande del mundo, según señala el experto en energía Javier Blas.

El dilema japonés. Japón es una de las economías más vulnerables a este bloqueo. Según Oilprice, el país importa aproximadamente el 95% de su suministro de crudo de Medio Oriente, y cerca del 70% de esos envíos transitan a través del ahora bloqueado Estrecho de Ormuz. El tiempo apremia, ya que los buques tardan entre 20 y 25 días en llegar desde allí hasta los puertos nipones.

A nivel oficial, el mensaje es de cautela. El ministro de Economía, Comercio e Industria (METI), Ryosei Akazawa, ha declarado que no hay "planes inmediatos" para liberar reservas con el único fin de bajar los precios, recordando que estas se usan para asegurar el suministro. Sin embargo, entre bambalinas, la maquinaria ya se mueve. Akira Nagatsuma, un legislador de la oposición, en declaraciones para Reuters, reveló que la Agencia de Recursos Naturales y Energía (ANRE) ya instruyó el viernes a la base nacional de almacenamiento de Shibushi para que se prepare para una posible liberación de crudo.

En XatakaEl problema no es que el petróleo esté por las nubes: es que nos faltan 20 millones de barriles físicos al día y no hay por dónde sacarlos

Estanflación y parálisis industrial. Las consecuencias de este bloqueo ya se palpan en la economía real. Bloombergadvierte que un petróleo por encima de los 100 dólares, combinado con un yen muy debilitado (rondando los 160 por dólar), dispara el riesgo de que Japón caiga en la estanflación. 

En las calles, el golpe es evidente. Según NHK World, las gasolineras ya están subiendo los precios, lo que asfixia a empresas de transporte terrestre para las cuales el combustible representa el 10% de sus costes. El sector manufacturero también sangra: gigantes como Idemitsu Kosan y Mitsubishi Chemical han tenido que suspender o reducir su producción de etileno, un derivado del crudo esencial para la industria plástica.

El complejo y hermético blindaje de Japón. Para entender por qué Japón es clave, hay que mirar cómo guarda su petróleo. Mientras otros países tienen sistemas más transparentes, el modelo nipón es un búnker de tres capas: almacenamiento nacional (del gobierno), almacenamiento del sector privado (obligatorio por ley) y reservas conjuntas con países productores.

Las cifras varían ligeramente según la fuente, pero revelan un volumen colosal. Javier Blas estima el total en unos 440 millones de barriles, suficientes para 204 días de importaciones. Por su parte, el METI y reporte de Argus Media sitúan las reservas en torno a los 449-470 millones de barriles, cubriendo entre 214 y 254 días de consumo.

Las instalaciones son proezas de ingeniería. Además de los tradicionales tanques sobre tierra, el país utiliza cavernas de roca subterráneas y, como destaca la base de Shirashima, gigantescos tanques flotantes en el océano, protegidos por dobles cascos y rompeolas.

Pero el verdadero "caballo de Troya" comercial de Japón son sus acuerdos internacionales. Según datos de JOGMEC, el gobierno nipón alquila tanques en su propio territorio a petroleras estatales de Arabia Saudí (Aramco), Emiratos Árabes Unidos (ADNOC) y Kuwait (KPC). En tiempos normales, estas empresas usan Japón como base comercial para Asia. En caso de emergencia, Japón tiene el derecho prioritario de comprar ese crudo.

El contraste asiático. El sufrimiento occidental contrasta drásticamente con la situación de China. Pekín hizo sus deberes, el país cuenta con unos inventarios comerciales récord de casi 988 millones de barriles, además de sus reservas estratégicas , y mantiene 166 millones de barriles flotando a salvo frente a sus costas. Su masiva transición hacia el vehículo eléctrico y las energías renovables actúa como un escudo nacional impenetrable ante esta crisis.

En Corea del Sur, la respuesta ha sido tajante. Según el medio UDN, el presidente surcoreano Lee Jae-myung no ha esperado para tomar medidas internas, ordenando preparar topes a los precios de los combustibles y exigiendo castigos severos contra las refinerías y gasolineras que acaparen petróleo para especular. El país está bien pertrechado: sus empresas privadas tienen reservas para más de 220 días, y el Estado guarda crudo estratégico para otros 116 días.

Un pulso entre la diplomacia y el mundo físico. El escenario actual ha dejado en evidencia que las proyecciones financieras chocan de frente con la cruda realidad de los buques inmovilizados. Mientras desde Washington se intenta calmar a los mercados asumiendo que los altos precios son un coste menor por la seguridad global, la Guardia Revolucionaria de Irán advierte que el barril podría escalar hasta los 200 dólares si la ofensiva no se detiene.

En medio de esta escalada de amenazas, los operadores asiáticos se aferran a una disuasión puramente táctica: confían en que la ruta marítima no se bloquee por completo ante el temor de enfurecer a potencias militares de la talla de China, Corea del Sur o el propio Japón. 

Sin embargo, la parálisis de los petroleros no entiende de esperanzas comerciales y el margen de maniobra diplomático se agota rápidamente. Si el G7 no logra una acción coordinada convincente en las próximas horas, Japón podría verse obligado a abrir en solitario los grifos de su colosal y compleja reserva. Será la prueba de fuego para descubrir si su sofisticado búnker de tres capas es suficiente para evitar que la tercera economía de Asia se seque ante el mayor colapso logístico del último medio siglo.

Imagen | Sanjo

Xataka | En 2015 Japón mostró al mundo un tren capaz de llegar a los 600 km/h. Diez años después seguimos sin saber nada de él

Fuente original: Leer en Xataka
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