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Javier Calleja vuelve con una edición limitada tras un parón de casi dos años

Javier Calleja vuelve con una edición limitada tras un parón de casi dos años
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El artista malagueño lanza tres obras con Mármol&Fa, el estudio de la gestora cultural Alicia Gutiérrez, quien fuera su studio manager

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SUR Javier Calleja vuelve con una edición limitada tras un parón de casi dos años

El artista malagueño lanza tres obras con Mármol&Fa, el estudio de la gestora cultural Alicia Gutiérrez, quien fuera su studio manager

Alberto Gómez

Viernes, 20 de marzo 2026, 00:10

... para reencontrarse. Célebre fue la retirada de Agnes Martin, uno de los casos más engimáticos del arte moderno: desapareció en el punto más alto de su carrera para regresar un lustro después. También la poeta María Victoria Atencia permaneció quince años sin publicar para desconcierto de críticos y lectores. Ambas volvieron más poderosas que antes: allanado el camino, depurada la voz. A veces basta coger aire para sumergirse de nuevo.

Alicia Gutiérrez Mármol, quien fuera su estudio manager. Rompieron aquel vínculo, como en un ejercicio de poda, para reconstruir una de las uniones más fructíferas del arte contemporáneo en nuestro país.

Ahora anuncian una colaboración esperada, «un guiño de complicidad y una muestra de apoyo y respeto que cada uno ha querido tener hacia la carrera del otro», trayectorias que «permanecen íntimamente ligadas» según han detallado en una nota de prensa. Se trata de una colección de tres obras, que pueden adquirirse juntas o de forma individual, realizadas en técnica mixta de impresión sobre papel y terminadas a mano por el artista en una edición limitada de 99 unidades de cada obra.

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Gutiérrez Mármol, con la edición de Anaya.

Es el tercer lanzamiento de Mármol&Fa tras las ediciones del malagueño Julio Anaya y la americana Marion Peck. Calleja no pierde su estilo pero aprieta el lenguaje. Sus figuras siguen siendo reconocibles al instante: cabezas grandes, ojos desbordados, gestos mínimos. Todo parece igual, aunque no lo es. Hay algo más tenso, menos ingenuo. La aparente sencillez vuelve a ser una trampa: detrás asoma una ironía seca, incómoda por momentos.

En estas ediciones sobre papel reduce aún más el ruido. Menos elementos, más precisión. Los personajes, a medio camino entre el cómic y el imaginario pop, ya no solo buscan empatía: generan una leve fricción. Miran de frente, sostienen la mirada, y en ese gesto aparece la duda: ¿quién observa a quién? También hay una vuelta al origen, pero sin nostalgia. El dibujo gana peso: lápiz, volumen, blanco y negro interrumpido apenas por destellos de color.

Los motivos de siempre —nubes, gotas, meteoritos, árboles en flor— siguen ahí, al servicio de la expresión, pero desde otro lugar. Y en ese proceso su trabajo se vuelve más preciso, pero también más ambiguo. Más directo en la forma, más abierto en el significado. Porque si algo queda claro en esta nueva serie es que lo simple, en su caso, nunca es inocente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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