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Javier Muguerza, disidencia y concordia

Javier Muguerza, disidencia y concordia
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Introductor de la filosofía analítica en España, refundó el Instituto de Filosofía del CSIC, creó la revista Isegoría y dialogó con Iberoamérica

La Tribuna

Javier Muguerza, disidencia y concordia

Introductor de la filosofía analítica en España, refundó el Instituto de Filosofía del CSIC, creó la revista Isegoría y dialogó con Iberoamérica

Regala esta noticia Añádenos en Google Javier Muguerza. (SUR)

Sebastián Gámez

Profesor de instituto y profesor

20/07/2026 a las 02:00h.

La fatalidad de la historia impidió que Javier Muguerza (Coín, 7 de julio de 1936-Madrid, 10 de abril de 2019) conociera a su padre, ... fusilado junto a otros miembros de su familia en los primeros días de la Guerra (in)civil. Sin embargo, décadas después, declarará: «Escribamos el pasado de otro modo, sin animosidad ni revanchismo. Enterremos con nuestros muertos la guerra (...) Desde el profundo afecto a la memoria de mi padre y el resto de mis familiares injustamente asesinados, tiendo mi mano a todos los afectados por el injusto asesinato de los suyos». Posiblemente esta tragedia marcaría el devenir de su vida y de su obra, caracterizada por una voluntad de diálogo, concordia y disidencia edificante.

Y este diálogo fue más allá de nuestra tierra, pues Muguerza cultivó una suerte de patriotismo cosmopolita: unir aún más España con Iberoamérica, tal como proponía Saramago en una de sus maravillosas parábolas, hermanos de lengua del otro lado del Atlántico en un proceso de diálogo e intercambio mutuamente enriquecedor. Fue uno de los que concibió el proyecto de la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, un mapa de 34 volúmenes en el que colaboraron más de 500 investigadores.

Desde Sócrates hasta Rosa Parks y Luther King, pasando por Thoreau, que inspirará a Gandhi, la fuerza del 'no' a lo largo de la historia ha sido muy poderosa, hasta el punto de que si trazáramos un mapa por el recorrido de cómo se han ido gestando y reconociendo los Derechos Humanos a través de las distintas generaciones, observaríamos que ese 'no' que grita la conciencia que se rebela contra el poder tiránico es, si no el mecanismo principal del reconocimiento de estos Derechos, uno de ellos. Quizá nadie haya filosofado tanto y tan bien sobre las implicaciones y consecuencias de la disidencia ética y política como Javier Muguerza.

La principal aportación teórica de Muguerza, el llamado imperativo de la disidencia, no sólo es una reformulación del imperativo categórico de Kant, es también una forma de reconocer el poder de los que han padecido el poder y se han atrevido a rebelarse frente a él con todas las consecuencias. El imperativo de la disidencia no pretende conseguir un fundamento por el consenso de una moral universal, sino más bien defender la posibilidad y la obligación de decir 'no' ante situaciones de injusticia o ausencia de libertad. Naturalmente, el disenso razonado es un momento del diálogo que podrá desembocar en un consenso más sólidamente argumentado para decidir. Pero dados los abusos de poder, tarde o temprano aparecerá otro disenso que ponga en marcha el diálogo hacia una situación menos injusta. Todo ello en un proceso sin fin, el de la historia.

Discípulo de José Luis López Aranguren y José Ferrater Mora, Javier Muguerza se doctoró en la Universidad de Madrid. Fue profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, en la de la Laguna, de Tenerife, en la Autónoma de Barcelona y, finalmente, en la UNED de Madrid (1979-2006), así como refundador y primer director del Instituto de Filosofía del CSIC (1986) y fundador y director de la revista Isegoría (1990). Recibió una sólida formación en lógica y filosofía de la ciencia. Con la antología 'La concepción analítica de la filosofía' (1974) fue uno de los principales difusores de esta corriente en el mundo hispánico, pero acabó haciendo un ejercicio de crítica a la razón analítica por su estrechez de miras en 'La razón sin esperanza' (1977).

Posteriormente ha mantenido un diálogo crítico con algunos de los filósofos ético-políticos más influyentes de las últimas décadas, como Rawls y Habermas. Pues si bien las trayectorias del ser y el deber ser, entre los que se sitúa la tensión ético-política, nunca llegarán a converger, es razonable y dignificador mantener la esperanza de esforzarse por un mundo humano mejor, aunque siempre tengamos que echar mano de la disidencia para combatir los abusos de poder. Ojalá en el 90 aniversario de su nacimiento podamos desde el Ateneo y el Ayuntamiento de Coín, la AAFi, la UNED y la UMA, celebrar una exposición en Coín digna de la trayectoria de uno de los mayores filósofos desde la Transición.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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