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Jesús Sanz Montes, en la escalera principal del Arzobispado. Pablo Nosti Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo: «Estoy de acuerdo con la regularización de inmigrantes, pero no con el café para todos»«No hay ninguna brecha en la Iglesia asturiana. Hay una minoría muy minoritaria que no está de acuerdo con el arzobispo»
Olga Esteban
Oviedo
Domingo, 8 de febrero 2026, 11:43
... Don Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Asturias, acapara titulares una vez más (hemos perdido las cuenta de cuántas van), esta vez por cuestiones como la indemnización a las víctimas de los abusos en el seno de la Iglesia y sobre la regularización de inmigrantes en España. Se sabe polémico pero, dice, ama demasiado la libertad como para no hacer uso de ella. Además, presume de espaldas anchas a costa de llevar la mochila de montañero.-Ese es un texto que está en Mateo, 25, donde Jesús va proponiendo una serie de escenarios que nos dejan siempre mala conciencia. Porque Jesús habla de los hambrientos, de los sedientos, de los desnudos… Hambrientos y sedientos de tantas cosas fundamentales, desnudos de la dignidad. También de extranjeros a los que los avatares, a veces tan injustos, de las violencias, de los terrorismos, de las dictaduras, les hacen nómadas de sus tierras y sus tradiciones. Fui extranjero y me acogisteis, forastero y me hospedasteis, significa que la Iglesia en Asturias tiene las puertas abiertas, no puede ser de otra manera. Prueba de ello son nuestras instituciones más versadas en la caridad, comedores sociales, albergues, Cáritas… ¿Dónde digo yo que no caben todos?
-Diga.
-En que cualquier espacio, el espacio de un país, el espacio de una región y el espacio de un hogar no son espacios ilimitados, ni tampoco que se puedan infinitamente dilatar, sino que tienen un límite. Para que nuestra acogida sea responsable y que pueda acompañar de verdad a la gente que queremos seguir acogiendo tenemos que hacernos la pregunta: ¿cuántos podemos tener? No caben todos. No cabe todo el mundo mundial en España, ni en Asturias, ni en mi casa. Los que quepan, que pasen todos. Y además con generosidad. Pero hay una primera limitación que te viene dada por el espacio. Luego hay otro tipo de limitación.
-¿Cuál?
-Cuando yo abro las puertas de mi casa, de mi región o de mi país, no quiero que se cuele gente que viene con la maleta viciada, con delitos de sangre, con intenciones terroristas o con historias para no contar de narcotráfico o de violaciones humanas. Yo a esta gente le digo 'Mira, si vienes para esto, no entres'. Porque yo también tengo el deber, no solamente tú tienes un derecho, yo tengo el deber de velar por mi casa, por mi región y por mi país. Yo no te rechazo, eres tú el que te rechazas si mantienes estas actitudes. A eso me refiero. Ahora, generosamente, con toda la mayor generosidad, aunque suponga estrecharnos, cuanto más quepan, mejor.
-Varias cuestiones… Lo primero es que cuando habla, aunque no lo mencione, se refiere a un proceso de regularización de inmigrantes que afecta a personas que ya están aquí.
-Sí, y eso hay que regularizarlo. Por el bien de toda esta gente que, además, está haciendo un bien inmenso. A nosotros nos llegan familias, jóvenes, pero también seminaristas y sacerdotes. Todos ellos, vengan de donde vengan y estén haciendo lo que estén haciendo, tienen que regularizarse para evitar agravios comparativos.
-Pero es que daba la sensación de que se expresaba en contra del proceso, cuando además la Conferencia Episcopal lo había apoyado.
-Ayer (por el miércoles) estuve en la Conferencia Episcopal y hace una semana estuve una hora y cuarto con el Santo Padre. Tengo un compromiso por mi trabajo en Europa como director del departamento de cultura en la Conferencia Episcopal Europea y hablamos de Europa. Él quiso que hablásemos también de España. Le dije: «Estamos más que agradecidos a los inmigrantes que tenemos y nuestras puertas tienen que estar abiertas aunque nos tengamos que estrechar, porque es un bien para nosotros, no solamente para los que acogemos, también nosotros salimos beneficiados». Y en este bien que compartimos y que nos intercambiamos conviene regularizar para evitar que la gente esté como polizones en un mundo donde no pueden tener acceso al trabajo, a la vivienda o a la escolaridad de los pequeños.
-Entonces, aclaremos. Está de acuerdo con la regularización.
-Evidentemente que sí, con la regularización, sí; con el café para todos, con otra intencionalidad quizás no confesada, ahí no.
-¿Qué intencionalidad no confesada?
-No sé. En estos días estamos asistiendo, y ayer (por el miércoles) se se se pudo verificar en el Parlamento de Asturias, intenciones que hay... Cuando alguna parlamentaria quizá en clave mitinera decía con un desparpajo que te hería no solamente la inteligencia, sino también la sensibilidad, que hay que barrer, que hay que expulsar, que hay que limpiar… Si la llegada de los inmigrantes es una especie de moneda política para desbaratar el Estado de Derecho, para modificar unas próximas elecciones, a ese enjuague y a ese juego yo no me prestaría. Pero bueno, yo no soy gobernante, pero puedo decir que no lo veo bien. Yo defiendo la acogida sensata, no medidas populistas ni demagógicas ni ideológicas. Así, bienvenidos. Cuantos más vengan, mejor.
Inmigrantes en las cárceles
-Pero si se habla de migración y se relaciona con terrorismo, narcotráfico, violaciones… ¿No se generaliza? ¿No se falta a la caridad cristiana?
-Yo no generalizo. Tenemos una población emigrante en España del 14%. Pero si vamos a la estadística, ¿cuántos de ellos están en nuestras cárceles? Y los que están, ¿por qué delitos están? Ya sé que me dicen, 'bueno, no son todos así'. No, gracias a dios. Pero esos también han entrado. Se puede regularizar previniendo, se puede regularizar defendiendo nuestra paz, nuestra convivencia, nuestra tradición… Así, yo aspiro, a que vengan cuantos más y que no nos hagan daño, sino que vengan, como viene la inmensa mayoría, para hacernos mucho bien y para ser nosotros también hacedores del bien para ellos.
-¿Dónde se pone el límite? ¿Cuántos caben?
-No hay un manual, pero tú puedes regular con medidas que sean sensatas, no demagógicas, ideológicas o con inconfesados motivos políticos. No conozco el manual de la regulación ideal, pero para eso están los partidos que, con diferente sensibilidad, se pueden ayudar para llegar a una visión compartida que sea beneficiosa para todos, para los que estamos y para los que llegan.
-Sus palabras siempre abren intensos debates, cuando no enfrentamientos. En esta ocasión, incluso en el seno de la Iglesia, también la asturiana. ¿Qué opina de quien ha dicho que avergüenza la iglesia asturiana?
-Pues que está en su legítimo derecho de expresar algo que yo no comparto. Porque esos cien abajo firmantes son cienabajo firmantes. Yo le podría hacer el recuento de las adhesiones, abrazos, mensajes que me han llegado por tierra, mar y aire justamente en la dirección contraria. Miles y muchos miles. Cuando vas a los nombres de esas cien personas sabes quiénes son muchos de ellos y, por tanto, cada uno es deudor de su historia y de sus posiciones, son identificables. Que haya cien personas que deciden no compartir con el arzobispo un parecer que además tergiversan, porque me han puesto en los labios cosas que yo jamás he dicho… Cuando una persona se posiciona frente a ti o contra ti en un diálogo franco, sereno, tú dialogas con cualquiera. Pero cuando están calumniando, insultando o ya inventando una historia que nunca sucedió, tienes dificultad. Por tanto, no hay ninguna brecha en la Iglesia asturiana, no es verdad, hay una minoría muy minoritaria que no comparte con el arzobispo, pero la inmensísima mayoría, miles y miles de gentes, me lo han agradecido. Es legítimo que haya gente a la que no le gusten mis expresiones, pero la mayoría están encantados, se sienten acompañados, fortalecidos y sostenidos. Yo también me debo a todos. Nunca hablo o escribo contra nadie, pero hay gente que se siente aludida. Yo jamás empleo siglas y menos todavía nombres.
-Cierto, era algo que quería preguntarle. No da nombres, pero a buen entendedor…
-Si alguno saca su DNI y dice 'ese soy yo', es él el que se está identificando, no porque yo le señale.
-Con esos que dice que son una minoría dentro de Iglesia, ¿ha tenido ocasión de hablar? ¿Lo hará?
-El Evangelio dice, cuando tengas una confrontación entre personas, 'cuando tengas algo con tu hermano, habla con tu hermano; si no te hace caso, pon a algún testigo para que pueda mediar. Y si así tampoco cede, díselo a la comunidad'. Pero aquí no se ha hecho así. Si cualquiera de los abajo firmantes me hubiera dicho que querían hablar conmigo, estarían aquí el tiempo que hubiera necesitado. Algunas son personas con las que tengo un trato cordial y cercano y por eso me ha sorprendido que tengan esta beligerancia. Si quieren hablar conmigo, están las puertas abiertas. No me como a nadie, como alguna caricatura ha querido dibujarme.
-¿Cree que hay una especie de campaña, no sé si orquestada o no, no sé por quién o no, contra usted o contra todo lo que dice? Aunque supongo que usted es consciente de que lo que dice es... provocativo.
-No sé si está delineada una especie de conspiración o complot en contra de mí, no me consta. Pero cuando ves una cierta sincronización donde determinadas fuerzas políticas dicen lo mismo que determinados católicos que muestran su disconformidad, ellos se están alineando. Y cuando tienen la complicidad de algún medio de comunicación que dice lo mismo, hombre... conspiración o complot, a mí no me consta, pero que hay una coincidencia es evidente.
-Pero le decía que usted es consciente del peso de sus palabras. No todos los miembros de la Conferencia Episcopal hablan con su claridad.
-Yo puedo decir que soy soy señor de mis palabras y dueño de mis silencios. Hay muchas veces que no digo nada y es un silencio que sorprende.
-¿De ver de verdad se calla alguna vez?
-Evidentemente.
-Porque no sé si queda algún tema que comentar. Estuve repasando su Twitter, espacio que usted usa para expresarse abiertamente. Ha hablado del beso de Rubiales, de Lalachus y la presentación de las campanadas de Nochevieja, de los Presupuestos Generales del Estado, de los impuestos, de la situación del campo…
-De los accidentes mineros, de las tragedias…
-Del mantenimiento ferroviario estos últimos días.
-De las tragedias naturales cuando viene una dana o cuando tenemos un accidente ferroviario como el que hemos lamentado estos días. Cuando cuando tenemos una explosión volcánica en Canarias… Cuando hay una situación que está pidiendo una palabra, pues yo la digo. Tengo una edad, tengo una formación intelectual y tengo también una identificación, pertenezco a la orden franciscana, San Francisco de Asís no es cualquier referente y, además, soy obispo. Hasta que me hicieron obispo fui profesor de universidad. Tengo dos licenciaturas y un doctorado, me manejo en cinco idiomas y tengo una responsabilidad en Europa, donde con una cierta frecuencia organizo congresos o participo en debates. Todo eso, inevitablemente, te marca y te condiciona a la hora de expresarte. Pero del mundo del motor no hablo porque no tengo ni idea… pero lo que digo está muy pensado.
«No hablo de política»
-Hay muy pocos en los que no entra, don Jesús.
-En los que entro lo hago con la conciencia de que tengo que decir una palabra, me la pienso, la rezo y después la expreso.
-Estoy segurísima de que están muy pensadas. ¿Es deber de la Iglesia entrar en política? Porque, al final, son política mucha de sus expresiones.
-No, no, no lo comparto.
-¿No?
-Cuando hablo, no hablo de política. No tengo una perspectiva política o, si quiere, partidista. Sí que tengo una clave que es moral. Si yo hablo de la verdad y los que mienten se sienten aludidos, yo no estoy entrando en un cuerpo a cuerpo como si fuera una oposición política de ese mendaz. Yo hablo de la verdad, porque la verdad nos hace libres. Si veo que hay maneras de imponernos limitaciones, cadenas y alguna prisión, hablo de la libertad. No hablo como si fuera un representante de un partido político en la oposición en un cuerpo a cuerpo con el que tengo enfrente de mi tribuna. Si yo hablo de la convivencia y hay gente que crispa, que reabre viejas heridas, que intenta ganar guerras que se perdieron o proclamar las guerras que todavía no están, gracias a Dios, pues hombre... tengo ahí una palabra moral para decir que la convivencia es un valor, la paz es un valor, la libertad es un valor, la vida es un valor, la familia es un valor, la educación es un valor. ¿Son líneas rojas de una posición política? No, son líneas rojas de una posición moral. La Iglesia tiene el derecho y el deber, desde una clave moral de de,cir cosas, aunque algunos políticos se den por aludidos y se encuentren incómodos con nuestra expresión.
-Usted no lo considera política, pero no lo comparto. Desde mi punto de vista, da la sensación de que entra en política y le tengo que confesar, además, que a veces hace mucha más oposición que la propia oposición, es el azote del Gobierno central, de Pedro Sánchez. Usted no dice nombres, pero los voy a decir yo.
-Yo jamás me he metido con ese señor, pero sí que me meto, es decir, me posiciono, ante algunas derivas que quizás algunos políticos están defendiendo, imponiendo y proponiendo. Pero yo no entro en ese cuerpo a cuerpo, porque entonces sí que estaría haciendo política y yo no soy político, soy un cristiano que tiene la formación que antes he dicho y que trabaja como franciscano en el ámbito episcopal en esta diócesis preciosa de Asturias. No hago política, tengo una posición moral. Y esta es la posición de la Iglesia. Cuando analizas las intervenciones de los cuatro últimos Papas, por ejemplo, es fácil que a un San Juan Pablo le dijeran 'está haciendo política y va contra estos'. Viene Benedicto XVI, como era un intelectual, dice tal… Viene el Papa Francisco y… Y viene el Papa León y lo mismo. Es fácil etiquetar cuando no hay esa intencionalidad.
-¿Cree entonces que le hemos situado equivocadamente en un espectro político?
-Es que incluso se ponen siglas de mi presunta militancia, que no existe ninguna. Soy crítico con todas las formaciones políticas, con todas.
«Ni libertarios ni liberticidas»
-Con unas más que con otras…
-Evidentemente. Porque hay partidos políticos que son más libertarios y otros más liberticidas. Yo voy por la libertad, que es el valor moral. Ni libertarios -vale todo- ni liberticidas -te voy a sofocar y acorralar-. Yo voy por la libertad y donde digo libertad digo paz, convivencia, familia y vida y educación.
-Es verdad que no da nombres. Pero solo una vez le hemos escuchado hablar bien de un político…
-Antonio Trevín.
-Eso es, Antonio Trevín.
-Era un buen amigo. Me pidieron que presidiera su funeral y preparé de un modo especialísimo aquella homilía.
-¿Escasean figuras como él en la política?
-Lamentablemente sí.
-Si hablamos de política, le tengo que preguntar por su relación con el presidente del Principado. Eran amigos o al menos tenían una relación cercana. No sé si sigue siendo así.
-Tenemos una relación cordial. Institucionalmente, la que cabe esperar de un presidente del Principado y del arzobispo de Oviedo. No tengo nada en contra del señor Barbón, al contrario. Él también tiene aquí su política concreta a todos los niveles de lo que una gobernanza regional implica. Jamás me he referido a él ni a sus detractores ni a sus defensores. El señor Barbón hace su labor, supongo que lo hará como mejor sabe y puede y yo le deseo suerte, nada más. Él se denomina creyente, es un punto de confluencia y muchas veces hemos comido o cenado privadamente, muchas conversaciones hemos mantenido de modo cordial y eso no ha cambiado.
-¿Recientemente también?
-Recientemente también. Eso no ha cambiado. Que él deje de ir a Covadonga... Algunos miembros de su entorno político sí que han decidido volver, me refiero a don Juan Cofiño. Que don Adrián Barbón o la delegada del Gobierno decidan no ir, no sé si lo van a mantener, ellos sabrán por qué. A mí no me lo han dicho. Ellos dan en la opinión pública algunas explicaciones para justificar su ausencia.
-Bueno, las explicaciones de la delegada del Gobierno fueron muy claras. Dice usted que no entra en el cuerpo a cuerpo, pero hubo ahí un intercambio de mensajes… Es verdad que sin dar nombres, una vez más.
-Yo hablaba de una 'seño'…
-¿No de ella?
-No. Hablaba de una seño que viene con consignas y que pretende enseñarnos cómo se hacen las homilías. Yo decía que amo demasiado la libertad como para dejarme amedrentar por una persona así. Así que con elegancia, con ironía... la ironía elegante y la ironía inteligente es un valor también.
«Tristeza» por la situación en Estados Unidos
-La utiliza mucho usted.
-(Sonríe).
-Hablamos al principio de la entrevista de inmigración y de política. ¿Qué opina de lo que está ocurriendo en Estados Unidos?
-Pues me da mucha tristeza. El presidente de los Estados Unidos es una persona que te deja siempre perplejo. Por una parte tiene una defensa a ultranza de la vida y, por tanto, ahí tenemos un baluarte en contra del aborto. Pero hay que defender la vida del no nacido y del que nació, también. Y la vida del que termina por enfermedad o por edad también hay que defenderla. Si un señor se hace adalid defensor de un tramo nada más y en el otro lo pisotea y lo machaca, yo me encuentro no solamente incómodo, sino que no me reconozco. Por eso, lo que está ocurriendo con los flujos migratorios en Estados Unidos me preocupa y me entristece por la aplicación de esas políticas.
-¿Qué papel tiene la Iglesia en situaciones como esas tan graves? En esas imágenes terroríficas que estamos viendo de de niños detenidos, de asesinatos…
-Lamentablemente, en la historia de la humanidad nos cuesta aprender de los errores y después de tantos siglos y siglos y milenios cabría esperar que hubiéramos aprendido algo y estamos en las mismas contradicciones que matan. Que matan pueblos enteros o personas particulares, que sofocan la esperanza, que roban la alegría y que te impiden crecer y madurar como fuimos llamados. Los escenarios son demasiado múltiples. No solamente es la guerra en Gaza o en Ucrania, hay más de 36 guerras declaradas, algunas de las cuales se declaran simplemente para dar salida a un armamento que ha quedado obsoleto y, para que no nos caduque la munición, vamos a organizar una escaramuza que termina siendo una batalla tribal que luego puede ser una guerra civil en un país desconocido.
-¿Teme una expansión de esos conflictos bélicos?
- Yo espero que haya cordura en el primer y segundo mundo...
-No sé si andamos muy bien de cordura en el primer mundo.
-Me temo que no, porque son intereses tan bastardos, tan egoístas y tan insolidarios que a veces parece que priva más el beneficio a ultranza en el cortoplacismo más inasumible. Eso es una mala compañía para tener una visión serena de una humanidad que se respete a sí misma, que camine por los cauces de una convivencia llena de paz, llena de respeto a pesar de las diferencias.
-Volvamos casa y a esas declaraciones, a esos charcos en los que se mete usted constantemente. Hace unas semanas volvió a ser objeto de titulares con su postura cuando Gobierno y Conferencia Episcopal firmaron el acuerdo para indemnizar a víctimas de pederastia en el seno de la iglesia. Un acuerdo con el que parece que no está de acuerdo. ¿Por qué, don Jesús?
-Fíjate si estoy de acuerdo que yo soy uno de los firmantes porque estoy en la Comisión Ejecutiva. Yo lo que decía en mi en mi tercera de ABC no es que no estaba de acuerdo con el acuerdo, es que se había quedado corto. Porque parece que hay una especie de focalización excluyente de que los únicos pederastas son los curas católicos. Y los curas católicos lamentablemente también delinquen y tenemos casos tristísimos, también alguno en Asturias. De los casos que hemos tenido en Asturias solamente uno ha sido expulsado de la clerecía y va y viene a la cárcel, pero ya no pertenece al presbiterio diocesano. En los otros casos, las víctimas eran los propios curas, como se demostró por la Fiscalía. Si nos importan las víctimas, sean quienes sean, deberíamos tratar de prevenir para que estas cosas no sucedan, acompañar cuando han acontecido y, sobre todo, ponernos de parte de la víctima y no ensimismarnos en el perfil de algunos victimarios porque curas pederastas existen, sí. ¿Cuántos son? El 0,2. El 0,2. ¿Quiénes son los que delinquen en la sociedad? ¿Por qué hay esta especie de focalización? ¿Por qué se regula entre el Gobierno de España, la Conferencia Episcopal y la Conferencia de Religiosos, como si solamente hubiera curas o frailes pederastas? Lo que dije es que se tomen las medidas preventivas y que después de haber ocurrido el crimen, sea quien sea la víctima, se diga... ¿Quiénes tienen que pagar y cuánto? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué hacer si el victimario es insolvente? ¿Y cuando ha muerto o ha prescrito? Pero todo eso solo se ha considerado respecto de los casos de sacerdotes pederastas. El 0,2.
«Los curas no son pederastas»
-Claro que hay pederastia, como otros delitos, dentro y fuera de la Iglesia, por supuesto. Pero ¿no tiene la Iglesia un papel espacial? ¿No es más grave que ocurra algo así en el seno de la Iglesia?
-En el seno de la iglesia eh el 0,2 nos han salido mal, porque la libertad tiene este este riesgo. Aunque has formado bien a un futuro sacerdote y le has indicado cuáles son las fronteras de la moral y cuáles son las fronteras del pecado y de los delitos legales y penales, luego la gente es libre para equivocarse hasta hasta el extremo más extremoso y más triste. Pero es que los curas no son pederastas. Algunos curas lo son, pero la inmensísima mayoría, en un porcentaje abrumador, es gente que con diferente entrega, pero siempre agradecida, están dejándose la piel por tanta gente, por gente pobre, por gente excluida, por gente, como decía el Papa Francisco, los descartados de la vida, consolando lágrimas, compartiendo sonrisas y abriendo horizontes de esperanza en todos los tramos de la vida. Que haya algún pederasta, yo lo lamento. Solo un caso ya me parece demasiado. Un caso es un caso. Tristísimo, lamentabilísimo, pero es un caso.
Cuando yo vivía en en Roma, haciendo mi doctorado, aprendí una poesía bellísima que decía que cuando un árbol se pudre y cae, produce estruendo y tragedia, mientras el resto del bosque sigue creciendo en silencio. Entonces, cuando se te cae un árbol por podredumbre, produce estruendo y produce desgarro y eso siempre triste. Pero si el resto del bosque crece en silencio, ese árbol truncado no tiene por qué focalizar mi atención para no ver que el resto del bosque sigue haciendo tanto bien en silencio.
-Las víctimas, a veces, no se han sentido acompañadas por la Iglesia, incluso en Asturias. ¿No se las ha acompañado?
-Al menos yo todos los casos que he tenido, que han sido bien poquitos, los he abordado en recto, es decir, sin ningún tipo de tapujo. Y a veces porque eran sacerdotes los que presuntamente delinquieron, he tenido que contar con la disconformidad de personas del entorno del cura o amigos del presbiterio. Y luego se ha demostrado, no solamente en un tribunal eclesiástico, sino especialmente en un tribunal civil, los hechos como tales. Caso que he tenido, caso que he abordado siempre, por más que haya algún rotativo de ámbito nacional que me tenga el punto de mira.
-Se refiere usted a 'El País', que ha hecho una amplia investigación sobre estos temas y le incluye en el listado de encubridores.
-Que lo demuestren, que demuestren cuándo yo he estado encubriendo a alguien, cuándo ha habido un caso que yo no haya atendido o una víctima que yo no haya podido acoger. De hecho, tenemos en la diócesis una oficina de prevención y acompañamiento que preside una mujer, laica. Y allí hay allí hay algún magistrado, abogados, psicólogos, psiquiatras y algún sacerdote. Siempre que hay algún una denuncia, esa oficina encauza. Se pone en contacto con la víctima, nos ponemos a su disposición y hacemos todo el protocolo que nos hemos dado en Asturias, como en el resto de las 70 diócesis españolas y en las tantas congregaciones religiosas.
-¿Y hay hay denuncias ahora mismo en esa oficina?
-No. No hay denuncias.
-Ha salido varias veces durante la conversación en el nombre del Papa. ¿Qué opinión tiene de él?
-Me he visto con el Papa León ya dos veces y y en breve me veré con él, en el mes de marzo. Siempre que me encuentro con él es gratísimo. No nos conocíamos antes más que de modo lejano, porque hemos concelebrado en alguna Eucaristía con la ordenación de algún agustino que hicieron obispo aquí en España y él estaba en aquella celebración, por tanto concelebramos juntos, pero no nos conocíamos. De estas dos veces que he estado con él, en una hablando de temas de jóvenes y en la otra, de temas de Europa y de inmigrantes. Pues estás delante de una persona primero muy preparada, que sabe escuchar, que te deja hablar y que después te dice algo que es esencial, para decirte 'vas bien o incorpora tal óptica que veo que está faltando'. Y siempre con un afecto y una cordialidad en donde te sientes acompañado por alguien que es para ti un padre. Un Papa, como un obispo en su diócesis, tienes de todo, cosas preciosas por las que diariamente das gracias, cosas que te sumen en la tristeza o en la preocupación y heridas que tienes que ir suturando. Su magisterio es diferente al de los anteriores Papas, pero es un magisterio realmente iluminador, sencillo de entender y muy fundamentado. Es un regalo poderle escuchar, yo le escucho siempre en italiano.
La unidad que pide el Papa
-¿Qué gran reto o grandes retos cree que tiene por delante?
-Él repite mucho la palabra unidad, porque percibe una cierta confrontación también dentro de la Iglesia. Hay una visión quizás más abierta y otra posición más tradicionalista, son visiones legítimas cuando no son excluyentes. Una visión más de vanguardia y otra más que conserva lo que hay que conservar. Yo distingo entre la tradición y el tradicionalismo. Me gusta la tradición, no me gusta el tradicionalismo. Me gusta conservar los valores que nos fundamentan y no los conservadurismos que sencillamente nos etiquetan. Digo lo mismo respecto del de la posición contraria. Me gusta la aventura, me gusta la libertad y me gusta la innovación, siempre y cuando no nos hagamos saltimbanquis o terroristas. El Papa tiene estos retos como los tengo yo también aquí en Asturias.
«Ni museo de antiguallas ni laboratorio de experimentos»
-¿No debería ir la Iglesia hacia esa vanguardia? El mundo no es como hace 2.000 años, la sociedad no es igual. Hay cierta sensación de exclusión cuando se habla de determinadas actitudes que supuestamente no debería tener un católico.
-La iglesia no es un museo de antiguallas y tampoco un laboratorio de experimentos. Las antiguallas no, la tradición sí. La tradición es lo que tú, a través del tiempo, con escenarios tan distintos, con personas tan diferentes, con diálogos y confrontaciones tan variopintas, has ido haciendo una criba y va quedando lo esencial que te identifica en una larga andadura, como tiene la Iglesia, de sus 2.000 años de historia. Pero estamos en un mundo continuamente en evolución y aparecen en este momento retos sociales, morales, donde la Iglesia tiene que improvisar una palabra para la que no estaba habituada. Eso supone asomarte con apertura para decir '¿y sobre este tema qué decimos?' Digo lo de antes: no somo museos de antiguallas ni laboratorios donde estamos inventando lo no inventado todavía, haciendo experimentos que a saber cómo salen al final. El Papa Juan Pablo II lo decía de una manera muy hermosa: el pasado se agradece, el futuro se aguarda con esperanza y el presente se abraza con pasión. Esta es la actitud para no quedarnos ni cortos ni largos, para no ser bedeles de museos ni saltimbanquis de experimentos.
Un obispo «novicio»
-Cuando celebró los 20 años de obispo decía que había tenido muchísimas gracias, pero también algún pecado. ¿Alguno confesable?
-(Ríe) Te lo confesaría, pero igual te decepciono, porque son pecados del común de pastores. Cosas que cuando las estás viviendo en directo no tienes la conciencia y muchas veces tampoco la clarividencia ni la gracia de hacerlo mejor. Pero pasa el tiempo y miras un poquito con el rabillo del ojo hacia atrás, y dices 'qué ocasión perdida para haber dicho más bien y no lo hice'. Yo vengo de la universidad y de mi cátedra, de mis libros, de mis conferencias. Nunca había estudiado para ser obispo y por tanto, y siendo franciscano, no me movía en el mundo de las curias y de los arzobispados. He tenido que ir aprendiendo y todavía me sigo considerando novicio como obispo.
-¿De verdad?
-Sí. Para tantas cosas, sí. Después de 21 años hay cosas que te siguen sorprendiendo. Y mira que estoy en la Ejecutiva de la Conferencia Episcopal. Ayer (por la reunión del miércoles) abordamos temas que serían interesantísimos poder simplemente elencar el índice, pero no me es permitido. Y serían titulares algunos de ellos.
-Usted siempre da titulares, me cuente o no esos temas.
-Bueno, quiero decir que gracias y pecados, que era la pregunta, pues sí. ¿Quién no puede hacer el mismo resumen en su ámbito familiar, en su ámbito profesional? Hemos hecho las cosas que hemos hecho, mejor y peor. Pero ya no está en mi mano el poderlas modificar. Rezas para que, si has hecho las cosas no del todo bien, eso no haya producido heridas ni daño. Y lo que hayas hecho bien, que haya sido fecundo y que haya servido para la alegría de la gente.
-La última, admitía antes de empezar la entrevista que no están siendo semanas fáciles. No sé si tiene más ganas que nunca de retirarse a un monasterio o irse a las misiones, que es a lo que siempre aspira, ¿no?
-A las misiones voy en marzo porque estamos intentando abrir una misión diocesana y tenemos varios lugares posibles. Hemos trabajado en la posibilidad de México, en una zona enormemente delicada porque es uno de los corredores del narcotráfico. Este verano estuve y me encañonaron... Cuando me hice franciscano le pedí al superior provincial irme a misiones y me dijeron 'te vamos a dedicar al estudio de la teología y serás profesor de universidad'.
-Nada más diferente...
-Pero no estuvieron desencaminados y también a través de de tu palabra, de tu pluma, puedes hacer cosas y ayudar en la medida que puedas. Y al monasterio siempre voy, todos los meses, para hacer el retiro personal, confesarme de los pecados que aquí no voy a decir y... No tengo prisa por jubilarme. En estos cuatro años más la propina que me queden. Cuando llegue el momento me jubilaré y me dedicaré a lo que Dios me de a entender.
-¿Ya cuenta con qué habrá propina?
-Eso depende personalísimamente del Papa. Ha habido obispos que a la la semana de su jubilación les han jubilado y obispos que han alargado hasta tres y hasta cuatro años... Yo creo que el alargamiento no es bueno, sobre todo cuando es excesivo, porque una vez que tú ya sabes que ha llegado la edad de tu jubilación, levantas el pie del acelerador y la gente que te rodea y colabora contigo también lo sabe. Recuerdo a don Gabino Díaz Merchán, que fue para mí como el hermano mayor que nunca tuve, y para mí las tardes que pasaba con él charlando eran deliciosas. Tener así a tu lado un jubilado de la calidad humana y eclesial de don Gabino, para mí fue un regalo.
-Me parece que tiene cosas que decir para cuatro años y alguno más.
-Si es así, lo diremos, y vosotros lo contaréis.
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