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John Connolly, cartógrafo del mal

John Connolly, cartógrafo del mal
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«Los escritores somos urracas que roban cosas brillantes», dice el narrador irlandés, que publica 'Hijos de Eva'

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John Connolly, cartógrafo del mal

«Los escritores somos urracas que roban cosas brillantes», dice el narrador irlandés, que publica 'Hijos de Eva'

Regala esta noticia Añádenos en Google John Connolly. (Tania Sieira)

Miguel Lorenci

Madrid

05/07/2026 a las 00:03h.

Los elementos sobrenaturales siguen siendo una rareza en la novela criminal. Incorporarlos con naturalidad y convertirlos en una parte esencial de la trama es una ... de las señas de identidad de John Connolly (Dublín, 1968), uno de los autores más singulares del género. Aunque él mismo rechaza las etiquetas. Prefiere definirse como escritor de misterio antes que como autor de novela negra.

Parker es hoy un personaje muy distinto al hombre consumido por la ira que apareció en 'Todo lo que muere', la novela con la que Connolly inició la serie en 1999. «Ha envejecido francamente bien», resume su creador. «Ha pasado de ser alguien dominado por la rabia y la culpa a convertirse en una persona más empática y compasiva».

El escritor irlandés sostiene que los personajes son siempre el punto de partida de sus novelas. «Los escritores somos como urracas: robamos las cosas brillantes que atraen nuestra atención y luego las transformamos en ficción», explica en un esforzado y eficaz español. «Pero también creo que cada escritor guarda un pequeño trozo de hielo en el corazón».

Empatía y oscuridad

Ese equilibrio entre empatía y oscuridad atraviesa toda la obra de Connolly. También su visión del mal, una presencia constante en las aventuras de Parker. «El mal es innato en el mundo», afirma. Por eso ha situado a su detective en una búsqueda permanente de redención y expiación, un recorrido en el que conviven el crimen, el misticismo y lo sobrenatural.

Es la vigésimo tercera entrega de la serie de Charlie Paker, el detective que habla con fantasmas

En 'Hijos de Eva', el fantasma de Jennifer, la hija asesinada de Parker, vuelve a acompañar al investigador y a orientarlo en una pesquisa que lo llevará hasta México. Junto a él siguen Ángel y Louis, la peculiar pareja de delincuentes que se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la serie: un ladrón y un asesino profesional capaces de alternar la violencia extrema con una inesperada humanidad.

«Actuar bien no garantiza la salvación, pero es importante porque la inacción favorece al mal», reflexiona Connolly. «Si los hombres buenos deciden no actuar, se convierten en cómplices». El autor recuerda entonces la célebre frase atribuida al pensador irlandés Edmund Burke: «Para que el mal triunfe basta con que los hombres buenos no hagan nada».

Portada del libro. (Tusquets)

Parte de la novela transcurre en México, un escenario donde «el crimen parece ser más poderoso que el Estado». Una reflexión que extiende a Estados Unidos. «Se están dinamitando instituciones que parecían sólidas. En el país de Trump prefiero sentirme un forastero», comenta Connolly, que posee una residencia en el estado de Maine.

La trama arranca con la desaparición de Wyatt Riggins, novio de una amiga de Parker. El único rastro que deja es un mensaje en su teléfono móvil: «CORRE». Exsoldado vinculado a la desaparición de cuatro niños en México, su pasado empujará al detective hacia un cartel de la droga y al oscuro negocio internacional del tráfico de antigüedades.

Sin prédicas

Connolly sabe que sus novelas no van a cambiar el mundo. Tampoco lo pretende. «Mi primera obligación es entretener», asegura. «No quiero predicar ni enfadar a los lectores. Lo que sí me gustaría es que cerraran mis libros con algo más de confianza en la justicia y en la bondad humana».

Cuando comenzó a publicar, muchos lectores y críticos observaron con desconfianza la mezcla de novela detectivesca y fantástica. «Iba a contracorriente del racionalismo que define el género», recuerda. «Pero somos seres racionales e irracionales al mismo tiempo. No veo ninguna contradicción».

Hoy la crítica destaca su habilidad para construir villanos memorables. Connolly admite que disfruta creandolos. «Me resulta más fácil escribirlos que escribir a los buenos. Los villanos suelen aparecer de golpe, con un nombre y una imagen. Nunca me dan problemas», bromea.

Aunque Charlie Parker conserva su vitalidad, su creador reconoce que ya piensa en el final de la serie. No tiene prisa. «Ni siquiera mi esposa sabe cómo terminará», bromea. Su objetivo es alcanzar las treinta novelas antes de despedirse del personaje.

Antes espera ver la adaptación audiovisual de la saga que prepara Amazon con Brian Cranston y Colin Farrell. Si prospera, podría desarrollarse durante varias temporadas.

Al margen de Parker, Connolly trabaja ya en dos nuevas novelas, una ambientada durante el escándalo Watergate y otra en la Italia de los Borgia. «Quizá podría vivir sin publicar, pero no podría vivir sin escribir», admite este grafómano confeso.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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