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Jongkuch Mach, el 'monstruo' que deja pequeño a Wembanyama

Jongkuch Mach, el 'monstruo' que deja pequeño a Wembanyama
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Tiene 18 años, mide 2,29, es sudanés y se entrena en Australia antes de dar el salto a una universidad americana: la NBA se frota las manos
BaloncestoJongkuch Mach, el 'monstruo' que deja pequeño a Wembanyama

Tiene 18 años, mide 2,29, es sudanés y se entrena en Australia antes de dar el salto a una universidad americana: la NBA se frota las manos

Jongkuch Mach, el 'monstruo' que viene
  • JESÚS SÁNCHEZ
Actualizado 15/07/2026 - 08:09CESTMostrar comentarios1

Sólo los Knicks impidieron que Víctor Wembanyama, en su tercer año en la NBA, ganara el anillo con los Spurs para abrir una nueva era, la del dominio de un jugador singular que por su fisonomía parece venido de otro planeta. El baloncesto, la propia naturaleza del juego, ha determinado la evolución del jugador: estructuras físicas enormes con gran agilidad y versatilidad, sin posiciones definidas en la cancha. Si la dimensión de LeBron James, cuando apareció en 2001, era impensable por sus condiciones atléticas (y su carrera lo ha demostrado), si el gigante francés de 2,24, que juega como un alero de dos metros, ha roto muchos esquemas, en Sudán del Sur preparan el siguiente ‘monstruo’: Jongkuch Mach, de 18 años, 2,29 y unas condiciones extraordinarias para el baloncesto. No hay un proyecto mejor de jugador en el básket mundial.

Mach pone el balón a la altura del aro sin saltar.

Mach es sudanés de nacimiento y se entrena en Camberra (Australia), en el Centro de Excelencia del Baloncesto, donde fue reclutado con 14 años. Pertenece a la tribu Dinka, afincada en Sudán del Sur, en la orilla del Nilo. Es la etnia de personas con la medida de estatura más alta del mundo, entre 1,82 y 1,90 para los hombres. La tribu, la más numerosa en el pobre país africano, mantiene formas antiquísimas de agricultura y cría de ganado, pero Mach no creció entre vacas ni cultivó la tierra. Sus padres emigraron a Australia y ahora, viendo la evolución física de Mach y su asombroso aterrizaje en el baloncesto, están preparando el traslado a Estados Unidos.

Porque JK acaba de llamar la atención de las universidades americanas después de mostrar grandes progresos en el baloncesto durante el partido del Adidas Eurocamp de la NBL. Sumó 9 puntos y 8 rebotes en una estadística que tampoco dice demasiado. Está muy tierno aún. Obviamente ha tenido que aprender a jugar. Debe conocer el juego, encontrar su sitio en la cancha (juega de ‘cinco’) y fortalecerse, terminar de desarrollarse. En el último año ganó 18 kilos. Pero sus posibilidades son infinitas porque la publicación en Instagram del Instituto Australiano del Deporte reveló unas imágenes asombrosas: salta, corre y se mueve como si midiera 40 centímetros menos, pero el caso es que se pone debajo de la canasta, levanta el brazo y pone el balón a la altura del aro (3,05). Sin saltar. Bienvenidos al siglo XXII.

Robbi McKinlay era su entrenador en el CEB. El prodigio sudanés se puso en buenas manos. Es el hombre que formó a Josh Giddey, quizá el mejor jugador australiano que haya llegado a la NBA en los últimos 10 años. Ahora, es Solomon Dech quien vela por sus progresos. “Tiene ofertas de LSU, Santa Clara, South Carolina, Colorado, Washington State, entre otras. Sus posibilidades son brutales”.

Su sueño es jugar en la NBA y su ídolo Wembanyama, cómo no. “Siempre me fijo en él”, dice el sudanés, al que ya sitúan alto en el draft de 2028. Sus posibilidades son enormes porque aún puede dar un estirón. Su aspecto recuerda a Manute Bol, también sudanés, que medía 2,29 y pesaba 91 kilos cuando llegó a la NBA en 1985, después de jugar sólo una año en la NCAA. Al debutar con los Bullets, Bol, ya fallecido, reveló que su abuelo medía 2,39. También era de la tribu Dinka. La leyenda dice que se rompió dos dientes al hacer su primer mate. Tuvo una gran carrera, especialmente como taponador. Eran otros tiempos. Será difícil encorsetar a Mach, el jugador que recuerda a Manute y puede dejar pequeño a Wembanyama, tan intrigante como fascinante, que puede tener un camino propio... entre los 'unicornios'.

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Fuente original: Leer en Marca
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