El estrella Michelin cierra una etapa de 15 años en el puerto para regresar al lugar que le vio crecer, Café de París. Sobre las razones y sus planes charlamos con él
Regala esta noticia Añádenos en Google José Carlos García, ante la gran sala con jardín vertical que caracteriza su actual ubicación en el puerto, con mil metros cuadrados. (Ñito Salas) 19/06/2026 a las 23:40h.Aún digiriendo una de las decisiones más importantes de su vida, y la reacción de la ciudad, José Carlos García (Málaga, 1974) no puede esconder ... la ilusión. Le ha costado elegir entre quedarse en los mil metros cuadrados del puerto o los 160 en su barrio de siempre. Y le apetecía volver. Eso hará antes de final de año. Regresará a la que siempre ha sido su casa, Café de París. En ella ha crecido personal y profesionalmente y en ella obtuvo su primera estrella Michelin en 2001. Allí dará continuidad a José Carlos García Restaurante 15 años después de independizarse frente al mar.
Sobre el cambio que se avecina, las razones, sus preocupaciones y los planes que tiene en la cabeza hablamos en una charla en la que aparece a menudo el equipo y especialmente un nombre, José García, su padre, el origen de todo. A su cocina hará algunos guiños en su nueva propuesta gastronómica. Mientras llega, y a modo de despedida de su actual ubicación, ofrecerá un menú especial hasta agosto con sus grandes hits.
–¿Cómo va la resaca después de anunciar la mudanza?
–Pues muy ilusionado por lo que viene, aunque me he dado cuenta de que la gente le busca tres pies al gato, y no lo entiendo, porque es una decisión que yo no tenía muy clara, aunque nunca he perdido de vista mi casa... Pero era una decisión que había que tomar, sobre todo, por la sencilla razón de que los compromisos se acababan.
–Se refiere al contrato del local, ¿no?
–Eso es. Nosotros firmamos por 15 años y había llegado el momento decidir si quería renovar la permanencia. No hay que buscar más allá del fin de un acuerdo, yo lo veo como el final de una etapa en mi vida. Además, estoy supersatisfecho porque hemos conseguido hacer una familia. Evidentemente, los negocios tienen muchos baches, pero este está en un perfecto estado de revista, y seguimos con la misma ilusión de siempre. Entonces, eso sí me ha sorprendido de mucha gente, que busque donde no hay pensando que nos mudamos por una cuestión económica, y en absoluto es así. Quienes me conocen lo saben y por eso me gustaría destacar el apoyo de mis compañeros, todos me han felicitado, he notado ese cariño que siempre nos hemos tenido, por eso quiero agradecérselo de alguna forma, quizás con un encuentro aquí. Me he sentido muy arropado en un paso tan importante en mi vida. Tengo 52 años, me quedan muchos de carrera profesional, y aparte es que me sigue apasionando lo que hago, más que nunca te diría, pero había dos opciones: seguir o cambiar mi rumbo y volver a mi hogar, que me ha dado y me ha enseñado tanto. Y me apetecía por la necesidad de tener un contacto más directo con el cliente, que aquí también lo hago, pero este es un espacio tan grande que me distrae.
–¿En qué sentido?
–Sobre todo por el tema de los eventos. Esto es como cuando cumples 50 años y dices: «Hostia, voy a dejar ya las motos a ver si me voy a caer». Pues más o menos es igual, aunque no es mi caso, me he comprado otra (risas).
–¿Eso significa que bajará el ritmo?
–No exactamente. Seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre pero evidentemente, en caso de algún evento, ya no para cien personas, como mucho para 40. Es más un tema de espacio. ¿Que alguien piensa que es menos ambicioso? No sé, yo me considero un tío ambicioso, pero he cubierto mis necesidades y estoy contento y muy ilusionado por volver a mi casa, tener mis nueve mesitas y ese trato directo con el cliente, que aquí también lo tengo, pero esta es una calle abierta al mundo y tengo ganas de refugiarme un poquito en el barrio.
(Ñito Salas)–Pero es como empezar de nuevo, ¿no le da un poco de vértigo?
–Totalmente. Por lo que pasará, si funcionará, si le gustará a la gente, si estaré a la altura... porque un negocio siempre es un riesgo. Pero es una vuelta a empezar con unos conocimientos, con un montón de hostias dadas. Y ahora no va a ser un lugar que tenga que descubrir, como cuando vine aquí. He nacido allí, he vivido allí, he crecido profesional y personalmente allí, es mi casa. Por supuesto, tiene que ser negocio, porque puede haber mucho romanticismo pero el negocio tiene que existir y si no estamos equivocados. Pero lo importante en el fondo es que seas feliz con lo que haces, y nosotros lo somos. Es clave en trabajos como este que requieren mucha dedicación.
–Aunque no será lo mismo en mil metros cuadrados que en 160...
–Aunque no lo creas, sí, porque vamos a dar servicio a 28 clientes, que es el aforo que tenemos actualmente. Y en cuanto al equipo, nos vamos los quince que estamos aquí, es decir, que todo sigue igual, solo que con menos metros cuadrados.
–Todo un reto después de 15 años, ¿dónde va a estar la prioridad?
–Sobre todo busco que tenga carácter de hogar tanto para el cliente de fuera como para el de dentro, el de la ciudad, gracias a él yo sobrevivo.
–Pero siempre ha dicho que la mayor parte de su clientela era extranjera...
–Eso es, pero el cliente local es el que te mantiene vivo, el que te da fuerza, el que viene para celebrar un ocasión especial. Porque hay muchas propuestas, pero ver en tu restaurante a los hijos de los clientes de mi padre, que, sí, que igual vienen una o dos veces al año, pero me da un subidón enorme.
«Me considero un tío ambicioso, pero he cubierto mis necesidades y estoy muy ilusionado por volver a mi casa»
–¿Y qué se van a encontrar ahora?
–Pues nuestra propuesta no va a ser muy diferente a la que hay, nada encorsetado ni en silencio, quiero que sea algo vivo y que haya ruido. Eso sí, queremos hacer un homenaje a esos platos que hacía mi padre y que fueron un éxito, por decirte algo, los famosos creps de angulas o su tradicional Strogonoff. Serán unos cuantos guiños, no el eje de toda la cocina. Pero me apetecía recordar esas cosas porque me he criado con esa cocina, cortando el cebollino como quería mi padre y las julianas de cebolla para su arenque, o la brunoise para hacer el solomillo Café de París. Evidentemente hemos evolucionado todos, pero, ¿por qué no hacer algo vintage chulo, bien presentado y sin perder de vista el mercado local? Nunca me cansaré de decir que el 50% de nuestro éxito son los productores locales. Aunque también te digo que ahora me quitaré el estrés de tener que pedirles, por ejemplo, cien kilos de tomates para un evento, ahora como mucho serán diez. Porque una mesa de 35-40 personas podemos hacer allí, aunque no es el fin. El fin es el día a día, mesas de 4, de 6, de 8, intentar hacer esos 28 clientes que tiene de aforo el restaurante.
–¿Mediodía y noche?
–Bueno, nosotros ya nos hemos adaptado a la ciudad, es la que manda. Estudiamos los datos y, hace unos meses, decidimos abrir la cocina desde las dos menos cuarto hasta las nueve y media de la noche, y nos va muy bien. Hoy mismo hemos tenido una mesa que ha venido a las cuatro y media. Nos hemos adaptado a la demanda y además hemos conseguido algo que yo creo que nos merecíamos todo el sector: eliminar el turno partido, contribuir a dignificar este oficio y que el equipo esté contento. Hay que ilusionar a los que vienen detrás, porque hay gente joven con mucho talento. Mis hijos, por ejemplo, muestran interés por venir a menudo, y lo primero que preguntan es si tendrían que estar tantas horas como yo.
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