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Jueves de feria, con el final asomando: resistir es vivir

Jueves de feria, con el final asomando: resistir es vivir
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El centro y el Real Cortijo de Torres recuperan público, después de un día de resaca por la noche de pre-festivo
Jueves de feria, con el final asomando: resistir es vivir

El centro y el Real Cortijo de Torres recuperan público, después de un día de resaca por la noche de pre-festivo

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Jóvenes vestidas de faralae pasean por el Real Cortijo de Torres. (Ñito Salas)

Matías Stuber

21/08/2026 a las 00:15h.

Entra una pareja de unos 45 a 50 años en la plaza de la Constitución haciendo muchos aspavientos con el abanico. «Venga, que vamos a ... por el final», dice ella de pronto. Instintivamente, se empiezan a hacer cuentas. El final de la feria que se veía a la distancia empieza a acercarse porque ya es jueves. Mientras que queden días, el ambiente se mantiene en el Centro, que recuperó cierta dignidad, después de un miércoles que parecía más un día normal de agosto.

«Todos los años venimos a Málaga para la feria«, explicó a SUR. Eso sí, no dudó en transmitir las dificultades que han tenido para encontrar un alojamiento asequible. «Cada vez nos cuesta más. Lo que piden por una noche en cualquier sitio es una locura», lamenta. El bajón de afluencia del miércoles se superó en la caseta de San Miguel, que presentó un buen aspecto. Aunque con huecos y espacio de sobra, algo impensable cuando la feria del Centro era descender a una gran congregación de masas al aire libre y el sol convertía los restos de alcohol en las calles en olor a vinagre.

«Viva la feria de Málaga», grita un joven que afirma llamarse Vicente Llamas cuando se le pregunta por qué le parece la supuesta festividad más importante del sur de Europa. La respuesta, muy corta, resume el espíritu que se vive en las calles de la ciudad esta semana. La feria tiene muchos detractores, claro, que si fuera por ellos la enterrarían. Pero como se quedan en casa y no salen, imperan las exageraciones. «Esto no lo hay en ninguna otra ciudad», añade el militante 'malaguita'. Entre abrazos y gestos sube a uno de los taburetes instalados en la plaza de la Constitución y baila con el campo de acción despejado. Eso es saber disfrutar.

Le llegan a decir a uno que la feria está en sus primeros compases y lo tienes que creer. Los testimonios que se sacan a estas alturas parecen discursos sacados de un valle de exaltación colectiva. Tanto cariño se le profesa a la semana grande que se entiende el estado comatoso y depresivo en el que quedará la ciudad a partir de la semana que viene. «En Málaga ya se sabe que el verano acaba cuando acaba la feria», recordaba el feriante que seguía instalado en lo más alto de los taburetes que sostiene las lonas para cubrir del sol.

Pocas promocionan la feria como la hace Encarni Navarro. Suele identificar como nadie al público, sabe quién tiene gracia natural y quién está borracho perdido. Lo demostró este jueves en la plaza de la Constitución, cuando subió al escenario a bailar a un matrimonio formado por dos hombres, un ciudadano francés y un catalán. Aseguraban que venían todos los años a la feria de Málaga. Para que no se diga que la peregrinación en estas fechas no es un hábito universal. Cuando se dejen de hacer cosas que se hacen siempre, mala señal.

Es verdad que pasan los días y viene la depresión de septiembre, con sus vueltas a las rutinas y los extractos de la tarjeta de crédito abundantes. Resulta mucho mejor desprenderse de estos pensamientos, no obstante, y vivir el momento. Más se esquina los malos augurios, mejor se contabilizan los buenos. Ahora se dice mucho eso de «ir al real» y es lo que había que hacer. Ahí la estampa era otra vez de mucho público, más que el miércoles, en el que sí se notó la resaca de la noche pre-festivo. Miles y miles de personas andando con júbilo por las calles del Real Cortijo de Torres. Algunos temerariamente cerca de los coches de caballo, con los ojos clavados en el móvil.

Imagen de Teatro, en el Real; El Rincón Cubano atrae a visitantes para probar sus mojitos; un matrimonio baila con Encarni Navarro. . (SUR)

No faltaba ganas de jaleo, lo que cual no deja de ser sorprendente para aquellos que llevan seis de seis. Aunque la feria por momentos se haga cuesta arriba, es impagable ver la felicidad en los rostros de las personas que la secundan. Y también, por qué no, reconocer que es un campo de historias cuasi infinitas para atrapar. En el Rincón Cubano se respira un ambiente revolucionario jalonado con precios populares, que siguen atrayendo a visitantes de todo espectro ideológico.

Cuando aún estaba revestido de poder orgánico, se podía ver a Alberto Garzón deshojando hierba buena para mezclar mojitos. «Sigue siendo el producto estrella. Vendemos unos mil al día y 3.000 los días fuertes», comenta David Arrabalí, que se mueve detrás de la barra. «Este es el único sitio donde puedes ver a diputados y concejales, concejalas de camareros y sudando la gota gorda. A veces bailando con mayor o menor gracia», asegura.

En la feria también hay una transición. Los carros de caballos se retiran, la música de las casetas muta paulatinamente de los ritmos folclóricos hacia el pop y los temas del verano. Las familias con niños van dejando paso a cuadrillas de jóvenes que quedan bajo la imponente estructura iluminada de la entrada, el punto de reunión por excelencia. Cuando la noche cae del todo, el encendido de los cientos de miles de bombillas transforma la explanada en una ciudad deslumbrante.

También lo son los datos que rodean al Real Cortijo de Torres: 20.000 metros cuadrados de toldos, el equivalente a cuatro campos de fútbol; 24 millones de vatios de potencia, suficiente para abastecer a un pueblo como Algarrobo; 700.000 euros de inversión dedicados exclusivamente a renovar las celdas de los centros de transformación; nueve kilómetros de guirnaldas, 500 arcos lumínicos y más de 35.000 farolillos distribuidos por las calles. Detrás de estas cifras también se esconde la historia de cada caseta y el recuerdo de una época no tan lejana en la que la feria era muy polvorienta y apenas había saneamiento. Este viernes lo podrán descubrir con sus propios ojos un grupo de cruceristas, que llegarán al puerto de Málaga para otro gran desembarco.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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