El aún primer ministro británico creció en un hogar de clase obrera y brilló como letrado antes de su tardío salto a la política con su «patriotismo de pueblo»
Regala esta noticia Añádenos en Google Keir Starmer. (E.P.) 22/06/2026 a las 21:57h.Keir Starmer estaba acostumbrado a brillar desde niño. Estudiante sobresaliente, con unas notas que le valieron el acceso a la Reigate Grammar School de Surrey, ... un centro entonces público sólo para alumnos excelentes, se convirtió con el paso del tiempo, primero, en un abogado de éxito y, después, en el líder que devolvió la ilusión al Partido Laborista, al poner fin a más de una década de gobiernos conservadores con una victoria aplastante en las urnas en el verano de 2024. Pero esa estrella que parecía acompañarle –incluso en su apellido– comenzó a apagarse con su mudanza al número 10 de Downing Street. Hasta el lunes, cuando cerró una carrera política que comenzó a una edad (52 años) en la que otros jefes de su partido, como Tony Blair, ya habían abandonado el cargo.
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— Keir Starmer (@Keir_Starmer) June 22, 2026«Durante los últimos años no podía caminar, mover sus brazos o hablar», compartió sobre aquella época en una de las contadísimas ocasiones en que ha hablado sobre su vida privada. La protección de su intimidad y la de su familia –está casado con Victoria, también abogada, y tienen dos hijos adolescentes– ha sido siempre una de sus obsesiones, hasta el punto de desconectar del liderazgo laborista cada viernes a las seis de la tarde mientras estuvo en la oposición. Le había tocado asumir las riendas del partido en 2020 –la pandemia condicionó su elección, que se hizo en un congreso virtual– y recomponerlo de la 'era Jeremy Corbyn', en la que buena parte de los electores de la formación se sintieron expulsados por el giro a una izquierda más extrema.
El laborismo pensó que alguien como Starmer, caballero del imperio británico desde 2014, era el mejor para devolver la calma al partido. También lo creyeron fuera de sus filas, como prueba su victoria histórica hace dos años. Siempre pulcro, trajeado, sin un pelo fuera de su sitio y con un tono –anodino, según sus detractores– que jamás sube un decibelio. Ni este lunes elevó la voz cuando el 'Himno de la alegría' sonaba a todo volumen en Downing Street durante su despedida.
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