El belga acabó cuarto en la sexta etapa y reclamó más colaboración a su compañero de Red Bull-Bora-Hansgrohe
Remco Evenepoel, en este Tour.- NACHO LABARGA Pau
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Remco Evenepoel salió del Tourmalet con una certeza incómoda: Tadej Pogacar juega a otro ritmo en este Tour de Francia. El belga terminó cuarto en la sexta etapa, a poco menos de tres minutos del esloveno, y trató de agarrarse al lado práctico del día. “Hemos sacado el máximo”, resumió en meta. La frase explicaba la carrera; el gesto explicaba todo lo demás. Evenepoel no estaba contento y el enfado tenía nombre propio: Florian Lipowitz.
La escena que le encendió llegó en la parte final, cuando compartía persecución con su compañero en Red Bull-Bora-Hansgrohe. “Había pedido un lead-out y no lo recibí”, explicó. Luego afinó el reproche con más dureza. “Sí, estaba enfadado y con razón. En la Vuelta a Cataluña tiré 30 kilómetros para él. Le pedí hacer 1 kilómetro de trabajo al frente y no pudo ser. Eso me enfadó y esta noche habrá que hablarlo bien”. En el autobús del equipo no faltará materia de conversación después de una etapa que dejó a Pogacar lejos, a Vingegaard por delante y a Evenepoel con la sensación de haber tenido que resolver demasiado solo.
La lectura deportiva del belga fue más fría cuando miró al Tourmalet. “Fue bastante bien. Hice lo que podía hacer. En cualquier caso, no tenía pensado pasarme de vueltas al final del Tourmalet, porque todavía quedaba un descenso largo”, contó. UAE puso la carrera en un punto de ebullición que pocos pudieron sostener. “UAE fue extremadamente fuerte. Nosotros ya íbamos bastante rápido, pero ellos iban extremadamente rápido”. Evenepoel cedió en la subida y se guardó una carta para la bajada, donde recortó la distancia hasta enlazar con el grupo de Del Toro, Lipowitz y Seixas.
El descenso fue su vía de regreso. Al escuchar que la moto no pudo seguirle, el belga tiró de sonrisa. “¿No pudo seguirme?”. Después explicó el plan con naturalidad. “Sabía que con mis habilidades bajando todavía podría volver al grupo de delante”. Tenía entre 15 y 20 segundos perdidos y decidió jugar ahí sus opciones. “Tenía que hacerlo, pero conozco bastante bien esa subida y esa bajada. Y sé que puedo bajar bien”. La consigna fue clara: “La intención era ir allí a bloque con riesgos calculados. Pero mi táctica al final fue: no ir completamente por encima del límite cuesta arriba y bajar rápido”.
La persecución se queda a medias
El problema llegó después, cuando el grupo perseguidor no terminó de ponerse de acuerdo en la caza de Jonas Vingegaard. Evenepoel entendió que Del Toro y Sepp Kuss no quisieran colaborar, aunque no aceptó la actitud de Lidl-Trek, que llevaba dos corredores en ese corte. “Entiendo que Del Toro y Sepp Kuss no tiren, pero Lidl-Trek tenía dos corredores allí y no querían tirar de inmediato. Pensé: ¿qué tienes que perder? Si colaboramos, quizá llegamos hasta Jonas”. Su reproche siguió en la misma línea: “Pero algunos corredores querían volver a chupar rueda”.
Evenepoel también aclaró el gesto con Seixas, a quien puso la mano en el hombro tras la llegada. “¿Si hubo algo entre nosotros? No, no lo había entendido. Él también dijo que no entendía por qué algunos corredores estaban chupando rueda. Le dije que esto es el Tour y que no sería la última vez”. En la general, el belga queda ahora cuarto. La carrera sigue abierta para él, con Pogacar ya lanzado y Vingegaard entero. “Sí, todavía hay muchas posibilidades, pero Jonas también está bien. No debemos olvidarlo”.