En un momento de retorización de las 'temáticas' en el arte contemporáneo, cuando la canonización de la pretendida marginalidad deriva en absoluta arbitrariedad propulsada por la egomanía curatorial, resultan admirables aquellos artistas, como ha demostrado con tenacidad Isidro López Aparicio, que han sido capaces ... de desarrollar una práctica híbrida sin caer en las obviedades globalizadas.
Profesor, activista enfocado a la defensa de la paz y la resolución de conflictos, minucioso 'bricoleur' en la clave antropológica establecida por Claude Lévi-Strauss en 'El pensamiento salvaje', cosmopolita disidente, heterodoxo lúcido con respecto al academicismo fosilizador, López Aparicio ha sabido modular los planteamientos conceptuales sin quedarse tampoco atrapado en sus inercias.
Cercano a los planteamientos y ejemplos de Isidoro Valcárcel Medina, ha intervenido en situaciones sociales sin obsesionarse con la 'bunkerización museal', si bien en los últimos años ha realizado una considerable cantidad de exposiciones en espaciso como La Térmica de Málaga (2024) o el Museo Lázaro Galdiano (2022).
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Pedro Alberto Cruz y Cintia G. Reyes comisarian, con su brillantez y rigor habituales, la retrospectiva de trabajos performativos de López Aparicio en el Cuartel de Artillería de Murcia. Formando parte de la excepcional programación del festival 'Trans-formace', esta selección de trabajos permite apreciar la intensidad de un artista que en los noventa parecía impulsado a colocarse en la altura apocalíptica del estilita pero que, afortunadamente, decidió ponerse en marcha para afrontar las tensiones del mundo.
Queda perfectamente explicitada la intensa coherencia ética de este autor que, como apuntan los comisarios, «ha desarrollado una práctica performativa profundamente vinculada a los derechos humanos, la mediación cultural y la crítica de las estructuras de exclusión contemporáneas».
Asistimos desde hace años a una banalización de lo performativo que, en su expansión hacia el entretenimiento acotado en los museos, suele ser un pastiche de gestos para-teatrales, pretenciosidades discursivas y malas digestiones de buenas intenciones: acontecimientos patéticos que no cuestionan nada, aunque estén saturados de intenciones 'provocadoras'. Isidro López Aparicio pone tierra de por medio con respecto a ese pseudo-radicalismo (estructuralmente desactivado) y demuestra que se hace camino al andar. Su activismo nómada no es nada posmoderno, sino que implica poner el cuerpo y, en muchas ocasiones, dejarse la piel en el intento.
Una de sus acciones más contundentes, realizada en 2019, consistió en colgarse cabeza abajo junto al muro construido por Israel en Cisjordania con la frase 'Don´t shoot. No disparar' en la camiseta. Como exigiera Benjamin, en el 'instante del peligro', necesitamos imágenes dialécticas y, ciertamente, el gesto de López Aparicio tiene una amarga actualidad. La vulnerabilidad del artista responde a un impulso ético de solidaridad, a la búsqueda de mecanismos de pacificación en un mundo de injusticias imperiales. Fue en 2002, en el contexto de los Diálogos de Paz en Colombia, cuando comenzó a realizar la acción de suspender a sujetos cabeza abajo para que compartan una sensación de riesgo colectiva, en una metáfora de la inestabilidad generalizada.
En toda la deriva de López Aparicio late un esfuerzo titánico o, mejor, equiparable a la tarea de Sísifo de trascender el aislamiento, algo que encarnó en una acción de 2018 en las que permaneció durante 24 horas en un hoyo como una manifestación de empatía con los saharauis en una zona plagada de minas antipersonas, para buscar la implicación en las dinámicas comunitarias. Puede ascender, al límite del agotamiento, hasta las cimas de volcanes en México para realizar un ritual que pueda 'cambiar el mundo', o remar hacia África en el trayecto inverso al de aquellos que ponen en riesgo sus vidas para buscar una mejor y toparse con la xenofobia.
Comisarios: Pedro Alberto Cruz y Cintia G. Reyes
Clausura: Hasta el 25 de septiembre de 2026
Las mediaciones artísticas aquí son prácticas situadas, fronterizas, relacionales, buscando brechas en el sistema, generando conocimientos críticos, inventando una universidad para doctorar a los indómitos y heterodoxos. Una lección que entrelaza, como siempre es necesario, ética y estética.
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López-Aparicio, o ética y estética en tiempos conflictivos
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