LA TRIBUNA
La acción redistributiva del sector público y la satisfacción personalNo podemos estar satisfechos con el estado del conocimiento y, mucho menos, con la situación vivida por quienes no consiguen prosperar en la vida
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ
12/07/2026 a las 02:00h.Los Rolling Stones, con su fuerza arrolladora, convencieron a varias generaciones de que es verdaderamente difícil encontrar la satisfacción personal. Dado que en la letra ... de su gran éxito musical ('I can't get no satisfaction') no figura ninguna mención a la actuación del sector público, puede ser oportuno contrastar la tesis jaggeriana para comprobar si, por la vía redistributiva, aquel tiene alguna incidencia significativa, como sí parece que la tuvo, por cierto, en relación con el referido grupo británico. Es lo que, de facto, viene a hacer un equipo de especialistas de la OCDE, encabezado por Fabrice Murtin y Taketo Muroya, mediante un extenso análisis empírico de la relación entre el bienestar personal subjetivo y las características de los sistemas fiscales y de prestaciones sociales en los países de la Unión Europea (UE).
Del estudio se desprenden algunas conclusiones interesantes para el diseño de las políticas públicas:
La gravedad de las situaciones de algunos estratos poblacionales requeriría poder aglutinar todos los recursos de instancias públicas y privadas
1. Los cinco primeros deciles, sobre todo los tres primeros, dependen grandemente de las transferencias públicas. El más pobre tiene una renta de mercado prácticamente nula. Los cuatro últimos pagan más impuestos de lo que reciben en transferencias, y en el sexto hay un equilibrio entre ambas facetas. En conjunto, los sistemas fiscales y de transferencias de los países de la UE expanden significativamente, en términos netos, las rentas disponibles de los primeros estratos de renta, que, de otro modo, no tendrían apenas recursos, lo cual es financiado por una reducción de la renta disponible de los agregados superiores.
2. A medida que un país es más rico, tiende a aumentar la satisfacción de sus residentes, mientras que disminuye cuando empeora la tasa de paro. A escala individual, la renta influye positivamente en la satisfacción personal, contrariamente a lo que hace el desempleo, que es uno de los principales depresores de la satisfacción con la vida.
3. La desigualdad de la renta resultante del mercado no está asociada sistemáticamente con una menor satisfacción media. En el caso de las cohortes jóvenes, se percibe como una señal de oportunidades. En cambio, la pobreza relativa sí muestra una relación negativa. La pobreza reduce el bienestar a través de unas deficientes condiciones materiales y de costes psicológicos como el estigma, la exclusión o la inseguridad.
4. Las obligaciones impositivas netas más altas están asociadas con un menor bienestar. No obstante, los grupos de renta elevada pueden ver compensada su satisfacción gracias a la moral fiscal, el valor de los servicios públicos, o la magnitud de su renta residual.
5. Los individuos están más dispuestos a aceptar impuestos cuando tienen confianza en los demás o en el gobierno. La asociación negativa de la carga fiscal con la satisfacción en la vida se ve amplificada cuando la calidad del gobierno es baja, y, a la inversa, la alta calidad del gobierno mitiga el efecto adverso de la imposición.
6. Se pone de manifiesto la conveniencia de aplicar políticas redistributivas bien diseñadas, basadas en una buena combinación de una fiscalidad progresiva y unos servicios públicos de calidad.
Hace unos días, un alto responsable de una conocida organización humanitaria, hondamente preocupado por la persistencia de la pobreza, que afecta de manera especialmente intensa a determinados colectivos de personas desfavorecidas, me trasladaba la trascendencia de poder contar con una base de conocimiento económico sólido y objetivo como soporte de posibles acciones correctoras. Se trata, ciertamente, de un planteamiento totalmente atinado, lo que no impide reconocer las dificultades para identificar correctamente el panorama de una realidad socioeconómica cambiante y compleja.
Desde diversas instancias públicas y privadas se vienen dedicando recursos a esa finalidad, pero es innegable que la gravedad de las situaciones que algunos estratos poblacionales padecen de manera estructural requeriría poder aglutinar todo ese esfuerzo y dotarlo de la mayor operatividad. No, no podemos estar satisfechos con el estado del conocimiento y, mucho menos, con la situación vivida por quienes no consiguen prosperar en la vida.
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