A sus 15 años, este joven de Ronda afronta en Málaga una recaída del cáncer en un piso cedido por la Fundación Cesare Scariolo: «Echo mucho de menos a mis hermanos»
Regala esta noticia Añádenos en Google Lukas Lobo, en su habitación, donde pasa la mayor parte del día. (Dani Maldonado) 06/09/2026 a las 00:26h.Se sienta junto a su madre en el salón, ambos algo nerviosos, pero lo que está a punto de hacer es necesario. Recordar y reconocer ... para mostrar una realidad que no puede quedar oculta. Lukas y Francina están en el salón de la que ahora mismo es como su casa, en Málaga capital. Están a 100 kilómetros del resto de su familia. Y amigos. Toda una vida en Ronda que hace unos años se puso en pausa por un diagnóstico. Lo que en un principio se achacó a las molestias típicas del crecimiento o al peso de la mochila del instituto resultó ser algo mucho más severo. Tras casi un curso entero alternando fiebres recurrentes, dolores musculares y pérdidas de peso, una analítica y una radiografía en el centro de salud de Ronda encendieron las alarmas al revelar una gran masa en el tórax. Lukas apenas tenía 12 años.
Francina Campoy y Lukas Lobo, madre e hijo. (Dani Maldonado)Lukas tiene ahora 15 años, pero siempre ha sido consciente del proceso y de la enfermedad. «Gracias a que él sabe perfectamente todo y está pendiente de su salud, hemos visto a tiempo esta recaída», cuenta Francina. En noviembre del año pasado, el propio Lukas detectó un pequeño bulto en la cabeza que confirmó la sospecha: una recaída con un nuevo tumor en el cráneo. Tras ser operado con éxito para extirpar la masa antes de que afectara al cerebro, volvió a la quimioterapia y en estos momentos se encuentra inmerso en el ensayo clínico rEECur, previsto para dos años. «Hay una pregunta que no dejo de hacerme, ¿qué ocurrirá después de ese tiempo?», se cuestiona Francina.
«Nuestro sueño es poder vivir toda la familia en Málaga, conseguir una vivienda y pasar este tiempo juntos. Cada día cuenta»
Francina Campoy
Madre de Lukas
Y es que la logística de los tratamientos ha hecho que Lukas y su familia tengan que volver a vivir a Málaga, de nuevo a 100 kilómetros de su hogar. Conviven su madre, su padre y él en un piso que les cede Fundación Cesare Scariolo para que puedan estar durante esta nueva etapa del cáncer. Sus palabras de agradecimiento a la entidad son infinitas, pero esta vuelta a la rutina de hospitales condiciona su día a día, ya que la vivienda cedida es para tres personas. «Echo de menos a mis hermanos mayores y a mis animales, que viven en nuestro piso de Ronda», confiesa Lukas.
Para su madre, Francina, de 59 años y volcada por entero a su cuidado, la prioridad absoluta es lograr la unificación de la familia en la capital, dado que al tratamiento le quedan años de revisiones y controles continuos. «El sueño más grande es podernos venir todos para Málaga y que hicieran algo para que se pudiera conseguir una vivienda aquí y pasar todo esto juntos. Estar en la familia», reclama Francina. «Se está negando a un niño el estar con los suyos en momentos como estos. Cada día cuenta, lo que vivimos es el día que tenemos».
Las necesidades económicas
A la carga emocional se añade una delicada situación económica. Francina no puede trabajar fuera de casa por ejercer de cuidadora a tiempo completo mientras que el padre, camarero de 64 años, se encuentra actualmente de baja laboral. Esta circunstancia les impide acceder a prestaciones como la del Cuidado de Menores con Cáncer (CUME). Tampoco reciben la ayuda por dependencia porque la valoración no considera el caso al mantener el menor la movilidad física básica. Además, la administración les ha retirado el Ingreso Mínimo Vital al computar la baja del padre, reclamándoles pagos indebidos y dejándoles únicamente una asignación de 57 euros para el menor.
«Considero que el sarcoma ya le ha quitado lo suficiente como para que encima no tenga la seguridad o pueda sentirse igual que los demás», lamenta Francina. «No son lujos. Es simplemente que si un día a él le apetece irse a comer un helado aquí abajo, pueda llevarlo; o que si yo tengo que ir a recogerlo cuatro veces, tenga dinero para echar gasolina cuatro veces. Días atrás quería tres cartas del Pokémon, se las compré; y venía en el autobús como el niño más ilusionado del mundo. Son tonterías, pero hay que vivirlas», añade la madre.
«Estar en la habitación jugando a videojuegos es mi zona de confort. Salir a la calle nunca es mi elección principal»
Lukas Lobo
El diagnóstico de Lukas ha paralizado su etapa adolescente y su entorno social. Camina con una malla de titanio en la cabeza y otra en el tórax, padece inflamación crónica, sufre intensos dolores si pasa mucho tiempo sentado o caminando y no puede realizar esfuerzos físicos ni deporte. En Málaga, alejado de sus amigos de Ronda, su rutina se ha reducido básicamente a las paredes de su habitación. «Estar en la habitación jugando a videojuegos es mi zona de confort. Salir a la calle nunca es mi elección principal», reconoce Lukas.
Lukas, junto a sus padres, en el piso cedido por Fundación Cesare Scariolo. (Dani Maldonado)A pesar de las constantes interrupciones médicas, la determinación y el buen hacer de Lukas le han permitido graduarse en la ESO sin repetir ningún curso. Este 15 de septiembre, el mismo día en que cumple 16 años, iniciará el grado medio de Operaciones en el Laboratorio en la Universidad Laboral de Málaga. «A mí el saber lo que me pasa siempre me ha gustado. Siempre me ha llamado la atención. Qué mejor manera de saberlo que mirándolo desde un microscopio», explica con madurez e ilusión por el nuevo curso.
Ese mismo día de su cumpleaños, la jornada arrancará a primera hora en el hospital para someterse a un TAC antes de incorporarse a las clases. Es su verdad y su realidad, la que cuentan en este reportaje y con la que luchan día a día. Y la que Francina se ha propuesto enseñar al mundo en redes sociales con @lafuerzadelukas: «Quiero que se sepa lo que es el sarcoma de Ewing y que le pongan cara. Que Lukas está aquí y no es un número, es una realidad», concluye Francina.
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