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La 'adopción' de Don Achilles, el sacerdote arquitecto que llegó de Camerún y tocó a León

La 'adopción' de Don Achilles, el sacerdote arquitecto que llegó de Camerún y tocó a León
Artículo Completo 1,023 palabras
Vino de Camerún con el encargo de su obispo de aprender a gestionar proyectos arquitectónicos. La familia española que lo 'acoge' celebra sus éxitos en presencia del Papa Leer

Desde su sector en el Paseo del Prado, la familia Pradas Nicolás no alcanzaba bien a ver a su «hijo sacerdote». Don Achilles, el cura camerunés al que acogen en sus comidas familiares todos los fines de semana, se encontraba justo delante del altar dispuesto frente al Ayuntamiento de Madrid para que León XIV oficiara la misa del Corpus.

«Como cristiano su visita me parece algo muy bonito porque viene para refortalecer la fe, y como sacerdote es una figura que viene a dar un sentido a la Iglesia de España. Que su figura esté por todos lados en la ciudad ayuda a entender que todavía hay algo dentro de la gente, que aún tienen esperanza», opina en el porche de la casa de su familia adoptiva.

Todos juntos acaban de festejar su graduación del grado de Arquitectura, que fue el motivo por el que vino a vivir a España en 2021. «En Camerún engañan a la gente de la Iglesia prometiendo obras que nunca salen adelante. A diferencia de allí, donde el arquitecto sólo diseña, en España también son los encargados de los proyectos. Como yo había sido encargado financiero de una obra mi obispo, que tenía pensado mandar a alguien, me escogió a mí», recuerda.

Por convenios entre ambos países, recaló en Salamanca, donde aprendió el castellano en tres meses. «Allí me dediqué a estudiar español, hasta el B2. Pero después de unos meses me fui a vivir con un compañero y ¡se me olvidó todo!», ríe.

Alberto, María e Íñigo, algunos de sus hermanos, recuerdan que al principio no les gustaba oirle dar misa porque «no se le entendía nada». Sus padres, Cristina y Manuel, solían invitar a otro cura, el brasileño Don Manuel, que un día propuso incorporar al sacerdote camerunés a aquellas reuniones familiares. "Me quedaba dormido porque no entendía nada de las conversaciones", confiesa el sacerdote, que poco a poco fue encariñándose con la familia que le abrió las puertas de su hogar.

Achilles llegó a la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (Pozuelo de Alarcón) en septiembre de 2021, cuando empezó a compaginar la ayuda en el templo con su grado universitario. «Al empezar era un infierno, daba misa por la tarde porque tenía clase por la mañana. Muchas veces no entendía nada de lo que decían los profesores y volvía cansado de clase. Un día me tumbé un rato para descansar antes de misa, y menos mal que estaba el párroco y pudo oficiarla, porque me dormí», recuerda entre risas.

Aunque acaso fuera más complejo su camino hasta el sacerdocio. Los aproximadamente 4.200 kilómetros que separan Camerún y España se le hicieron más cortos que el trayecto que le obligaron a recorrer desde su Obala natal hasta la parroquia de un pueblo aislado y pequeño de su país en la que estuvo ayudando 11 meses antes de empezar el seminario.

"Me levanté a las 5 de la mañana para coger el autobús, cuya ruta podían cancelar o decirte que no había hueco, y viajé en condiciones malísimas, parando cada dos por tres para que la gente bebiera agua o comiera algo. Eran 200 kilómetros y llegué a destino a las seis de la tarde", recuerda. Sumado a la incertidumbre que cargaba en su mochila, un Achilles de 28 años aterrizó en un pueblo en el que no había cobertura, donde tuvo que hacerse cargo de un grupo de fe de jóvenes y, además, de ir todos los días a por el agua que beberían y con el que se ducharían el párroco con el que vivía y él. "¡Y en el hombro, lo llevaba en eçl hombro eh!", apunta divertido mientras gesticula cómo cargaba con los cántaros.

Sentado a la mesa familiar, Achilles recuerda la forma en que aquella "prueba" sirvió de antesala a su camino sacerdotal. Manifiesta haber sentido la vocación desde los cinco años de edad, especialmente porque su madre era maestra de un colegio católico, pero que la perdió entre los 12 y los 15 porque quería ser futbolista. ¿Su estela a seguir? "Raúl González o Iker Casillas. Eso era lo único que sabía de España", cuenta. No le duró mucho: la vocación de seguir a Cristo resurgió durante su etapa universitaria.

Tras tres años de Filosofía al empezar el seminario y otros tres de Teología en el seminario Mayor de la Universidad Católica de Yaoundé, capital de Camerún, Achilles se ordenó diácono el 5 de agosto de 2017 y sacerdote el 6 de abril de 2018. Tras dos años sirviendo al obispo de su ciudad natal, finalmente viajó a España con 35 años, en pleno Covid.

«Estamos muy agradecidos porque siempre está sonriendo y reza mucho por nosotros», añade Cristina. La familia ha acompañado a Don Achilles en todo su periplo universitario y por la forma en que esuchan (y conocen) las anécdotas del sacerdote, destila la unión que han cultivado de un tiempo a esta parte. Una que subió de nivel cuando el obispo de Achilles, Don Sosthène Léopold Bayemi, visitó Madrid. «Hicimos una comida con todos mis compañeros y el obispo y estaban todos muy contentos», recuerda el camerunés mientras nos enseña las imágenes de la velada.

Con toda seguridad, la próxima cita familiar estará trufada de anécdotas papales después de que la familia haya vivido la visita del Papa León XIV desde distintos puntos de vista: Achilles con sus compañeros en la Vocación, Alberto -el tercer hijo en orden de nacimiento- como voluntario o Cristina y Manuel con la parroquia. "Es un momento muy especial y aunque no hayamos visto al Papa de cerca el ambiente hará que algo de gracia nos caiga", augura Cristina.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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