El pasado verano se produjo un terremoto de magnitud 5 con epicentro en Alhendín. El evento dio origen a una serie con más de 400 seísmos en pocos días (hoy ya son más de 1.700). En aquellos días, la ciudad vivió semanas de incertidumbre y el Patronato cerró la Alcazaba durante más de un mes. Después la reabrió con un recorrido adaptado. Pero una pregunta se formuló pensando en lo que pudiera pasar: ¿y si la Alhambra se derrumbara?
Qué ha pasado. Con el susto aún reciente, el Patronato ha empezado a tramitar un plan para proteger los Palacios Nazaríes, el corazón del conjunto. Y no solo ante terremotos: también inundaciones, incendios y otras emergencias climáticas.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife inicó los trámites para dotar a los palacios de un plan de salvaguarda, y la redacción del documento ha salido a licitación por 115.328 euros. A día de hoy no hay plan, solo el encargo para escribirlo. Lo que sabemos de su contenido sale de la memoria justificativa del expediente, a la que tuvo acceso Europa Press.
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Por qué hace falta. Porque proteger a las personas y proteger el patrimonio no es lo mismo. Los bienes de interés cultural, como la Alhambra, ya están sujetos a normas de autoprotección, pero su objetivo es la seguridad de los usuarios; no existen previsiones concretas para salvaguardar sus valores patrimoniales. O dicho de otra forma: hay un protocolo para sacar a los visitantes, pero no uno detallado para proteger lo que hay dentro.
Hay razones de sobra para asegurar esto: el verano pasado casi perdimos los monasterios de San Juan de la Peña por los incendios incontrolados en Aragón. En este caso, la carencia debería cubrirla el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural, un instrumento del Ministerio de Cultura que, por ejemplo, se activó con la DANA de 2024. Ya existen este tipo de planes, aunque a menudo se escriben después del desastre, como el del Museo de la Seda de La Palma tras la erupción del volcán.
Qué incluirá. Según la documentación, el plan contempla medidas que se pueden aplicar ya mismo: recuperar las salidas directas al exterior que estén inutilizadas, despejar las vías de circulación y crear equipos de emergencia para proteger los bienes. Otras actuaciones llegarán a corto plazo y requerirán más trámites, como coordinarse con otras administraciones y con los cuerpos de seguridad.
Y lo más interesante son las fichas: una por cada bien cultural de los palacios, con toda la información necesaria para protegerlo o evacuarlo: dónde está, adónde puede llevarse y por qué ruta. Todo ello en planos específicos, completados con simulacros periódicos. Y no se limita a lo que se puede mover: también debe proteger los elementos singulares inherentes a la arquitectura. Es decir, lo que no se descuelga de una pared, como las yeserías, alicatados o techumbres.
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Cómo se hará. Los trabajos durarán un año y se dividirán en cuatro fases: análisis de la situación actual, redacción de protocolos, implantación provisional y entrega definitiva. La licitación exige un equipo multidisciplinar con arquitectos especialistas en patrimonio, restauradores, coordinadores de seguridad y un director de seguridad acreditado por el Ministerio del Interior.
Hay también un componente tecnológico. El pliego primará el uso de Sistemas de Información Geográfica para geolocalizar riesgos y piezas. La Alhambra juega con ventaja: lleva años con el SIALH, un sistema de información basado precisamente en un SIG, que integra bases de datos, cartografía y ortofotografía del monumento.
Por qué ahora. Porque Granada es una de las zonas con más actividad sísmica de la península, y la Alhambra lo sabe desde hace siglos. El monumento ha convivido con terremotos desde época nazarí: el de 1431, de magnitud histórica estimada en torno a 6,7, causó daños graves en la ciudad. Después llegaron los de 1526 y 1806; y el de 1884, de magnitud aproximada de 6,5, que dejó cientos de fallecidos y miles de edificios dañados entre Granada y Málaga.
Que haya sobrevivido no significa que sea inmune. Sus estructuras han sufrido deterioros, reparaciones y restauraciones, y su comportamiento ante los seísmos sigue siendo objeto de estudio. Ahora queda lo más largo: adjudicar el contrato, redactar el documento y probarlo. Con un año de plazo, el plan no estará listo antes del próximo otoño, y habrá que ver si se queda en papel o si los simulacros llegan a hacerse. Pero está claro que, tras 600 años confiando en que el siguiente temblor sea benévolo, la Alhambra ya busca plan B para el que venga peor.
Imágenes | Dirk Pothen (para Pexels)
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La Alhambra lleva más de seis siglos aguantando terremotos. Ahora quiere un plan por escrito para salvar sus Palacios Nazaríes
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por
Isra Fdez
.
La Alhambra lleva más de seis siglos aguantando terremotos. Ahora quiere un plan por escrito para salvar sus Palacios Nazaríes
Los terremotos en Granada han hecho saltar las alarmas: ¿y si La Alhambra se derrumbase o incendiase?
El Patronato ha sacado a licitación un plan de salvaguarda: fichas de cada pieza, rutas de evacuación y simulacros
Qué ha pasado. Con el susto aún reciente, el Patronato ha empezado a tramitar un plan para proteger los Palacios Nazaríes, el corazón del conjunto. Y no solo ante terremotos: también inundaciones, incendios y otras emergencias climáticas.
Por qué hace falta. Porque proteger a las personas y proteger el patrimonio no es lo mismo. Los bienes de interés cultural, como la Alhambra, ya están sujetos a normas de autoprotección, pero su objetivo es la seguridad de los usuarios; no existen previsiones concretas para salvaguardar sus valores patrimoniales. O dicho de otra forma: hay un protocolo para sacar a los visitantes, pero no uno detallado para proteger lo que hay dentro.
Qué incluirá. Según la documentación, el plan contempla medidas que se pueden aplicar ya mismo: recuperar las salidas directas al exterior que estén inutilizadas, despejar las vías de circulación y crear equipos de emergencia para proteger los bienes. Otras actuaciones llegarán a corto plazo y requerirán más trámites, como coordinarse con otras administraciones y con los cuerpos de seguridad.
Y lo más interesante son las fichas: una por cada bien cultural de los palacios, con toda la información necesaria para protegerlo o evacuarlo: dónde está, adónde puede llevarse y por qué ruta. Todo ello en planos específicos, completados con simulacros periódicos. Y no se limita a lo que se puede mover: también debe proteger los elementos singulares inherentes a la arquitectura. Es decir, lo que no se descuelga de una pared, como las yeserías, alicatados o techumbres.
Cómo se hará. Los trabajos durarán un año y se dividirán en cuatro fases: análisis de la situación actual, redacción de protocolos, implantación provisional y entrega definitiva. La licitación exige un equipo multidisciplinar con arquitectos especialistas en patrimonio, restauradores, coordinadores de seguridad y un director de seguridad acreditado por el Ministerio del Interior.
Por qué ahora. Porque Granada es una de las zonas con más actividad sísmica de la península, y la Alhambra lo sabe desde hace siglos. El monumento ha convivido con terremotos desde época nazarí: el de 1431, de magnitud histórica estimada en torno a 6,7, causó daños graves en la ciudad. Después llegaron los de 1526 y 1806; y el de 1884, de magnitud aproximada de 6,5, que dejó cientos de fallecidos y miles de edificios dañados entre Granada y Málaga.
Que haya sobrevivido no significa que sea inmune. Sus estructuras han sufrido deterioros, reparaciones y restauraciones, y su comportamiento ante los seísmos sigue siendo objeto de estudio. Ahora queda lo más largo: adjudicar el contrato, redactar el documento y probarlo. Con un año de plazo, el plan no estará listo antes del próximo otoño, y habrá que ver si se queda en papel o si los simulacros llegan a hacerse. Pero está claro que, tras 600 años confiando en que el siguiente temblor sea benévolo, la Alhambra ya busca plan B para el que venga peor.