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Internacional

La Antártida se convierte en el último laboratorio global de cooperación: así es el modelo de paz y conservación que aplican

La Antártida se convierte en el último laboratorio global de cooperación: así es el modelo de paz y conservación que aplican
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Los expertos reclaman reglas para el turismo y mayor alineación entre ciencia y decisiones internacionales en la gobernanza del continente blanco. Más información: La costa de la Antártida retrocede: ha perdido casi 13.000 kilómetros cuadrados en las últimas tres décadas

Glaciar antártico de fusión. iStock

Historias La Antártida se convierte en el último laboratorio global de cooperación: así es el modelo de paz y conservación que aplican

Los expertos reclaman reglas para el turismo y mayor alineación entre ciencia y decisiones internacionales en la gobernanza del continente blanco.

Más información: La costa de la Antártida retrocede: ha perdido casi 13.000 kilómetros cuadrados en las últimas tres décadas

Mariana Goya Publicada 22 mayo 2026 07:30h

La Antártida se mantiene como uno de los pocos espacios del planeta gobernados por un sistema internacional basado en el consenso, sin soberanía nacional y con la paz y la ciencia como principios centrales.

Sin embargo, ese modelo, vigente desde 1959, atraviesa ahora un momento de presión creciente debido al aumento de los impactos del cambio climático, la expansión del turismo y la distancia entre la evidencia científica y la respuesta política.

El diagnóstico, compartido por organizaciones ambientales, diplomáticos y científicos, apunta a un mismo problema estructural. Pues, la toma de decisiones en el Sistema del Tratado Antártico avanza más despacio que los cambios que afectan al continente.

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"El ritmo al que evolucionan las medidas sigue siendo peligrosamente lento si se compara con la rapidez a la que se producen los cambios climáticos y los efectos en la biodiversidad de la Antártida", advirtió Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición para la Antártida y el Océano Austral (ASOC), durante su intervención durante la 48ª reunión consultiva sobre el Tratado Antártico celebrada en la ciudad japonesa de Hiroshima.

Por su parte, Patricia Cavalcanti, directora del programa Asia-Pacífico de la Agenda Antártica, subrayó en el mismo encuentro el valor histórico del acuerdo y su vigencia en el contexto actual.

"El Tratado Antártico fue un milagro de mediados del siglo XX. Hoy, las Partes tienen una histórica ventana de oportunidad para honrar ese legado concretando nuestra ambición del siglo XXI en un aspecto que nos une a todos: un medioambiente saludable", señaló.

El acuerdo

El Tratado Antártico fue firmado en 1959 en Washington por un grupo inicial de países en un escenario de tensión geopolítica global.

Su objetivo fue desmilitarizar el continente y garantizar su uso con fines pacíficos y científicos.

Más de seis décadas después, el sistema sigue operativo y ha incorporado protocolos ambientales que lo convierten en uno de los marcos de gobernanza internacional más estables.

El sistema actual reúne a 29 países consultivos y funciona mediante decisiones por consenso, lo que permite mantener la estabilidad política pero también ralentiza la adopción de medidas cuando existen discrepancias entre Estados.

Cambios acelerados

Los expertos coinciden en que la Antártida desempeña un papel clave en el equilibrio climático global, pero no es de extrañar, dado que el continente regula el nivel del mar, influye en la circulación oceánica y conserva registros naturales del clima de miles de años.

El problema es que los datos científicos presentados en el marco de los debates recientes del Tratado Antártico en Hiroshima apuntan a cambios significativos en el ecosistema, como es la reducción de hielo marino, las alteraciones en la dinámica de especies y las transformaciones en la criosfera que afectan a toda la estructura ambiental del continente.

En ese sentido, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) ha sido uno de los casos más citados en la discusión internacional.

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Su situación de vulnerabilidad ha abierto un debate sobre la necesidad de establecer figuras de protección más estrictas dentro del sistema antártico, aunque las decisiones finales aún no se han materializado en medidas vinculantes.

Otro de los puntos más conflictivos del sistema de gobernanza actual es el crecimiento del turismo en la Antártida. De ahí que el incremento de visitantes y expediciones haya generado preocupación entre las organizaciones ambientales, que consideran insuficientes los mecanismos actuales de autorregulación.

Por ese motivo, la ASOC insiste en la necesidad de establecer normas jurídicamente vinculantes que regulen la actividad turística antes de que la presión sobre los ecosistemas aumente de forma irreversible.

Y es que el modelo actual, basado en gran medida en acuerdos voluntarios entre operadores, no garantiza una gestión uniforme del impacto ambiental.

Divulgar la Antártida

La mesa redonda celebrada en el Instituto Cervantes de Japón reunió a representantes de la sociedad civil que trabajan en divulgación, educación ambiental y programas de cooperación internacional vinculados al continente.

Yuri Kimura, coordinadora internacional de Peace Boat —la oenegé japonesa que promueve la paz, los derechos humanos, el desarrollo sostenible y el cuidado del medioambiente—, explicó el enfoque educativo de sus programas en la región antártica.

"No se trata simplemente de dar una conferencia directa, sino de entender los problemas más profundos que rodean a la Antártida y nos permite experimentarlos realmente", señaló en referencia a las expediciones formativas que integran ciencia, cultura y sensibilización ambiental.

Este tipo de iniciativas busca trasladar el conocimiento científico a la ciudadanía y generar una conexión directa con un territorio que, pese a su lejanía geográfica, tiene impacto global.

Un momento durante la celebración de la mesa redonda en el encuentro celebrado en Hiroshima, Japón. Cedida

Es quizás por ese motivo que el Sistema del Tratado Antártico continúa siendo uno de los ejemplos más sólidos de cooperación internacional en vigor. Pues su estructura ha permitido evitar conflictos territoriales y mantener la actividad científica en un entorno relativamente estable durante más de seis décadas.

Sin embargo, los expertos coinciden en que el modelo enfrenta desafíos acumulativos.

El aumento del impacto climático, la presión turística y la lentitud en la actualización de normas ambientales plantean una tensión creciente entre la evidencia científica y la capacidad de respuesta institucional.

De ahí que la principal preocupación expresada en los foros celebrados recientemente es el desfase entre la velocidad de los cambios en el continente y la capacidad del sistema para adoptarlos en su agenda política.

Y, por esa razón, la Antártida se ha consolidado como un caso único de gobernanza global en el que confluyen intereses científicos, ambientales y diplomáticos bajo un mismo marco.

  1. Antártida
  2. Objetivo 13: Acción por el clima
  3. Objetivo 14: Vida submarina
  4. Objetivo 15: Vida de ecosistemas terrestres

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    Fuente original: Leer en El Español
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