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Una mujer tapada con un burka en Afganistán. ReutersDomingo, 1 de marzo 2026, 00:01
... acertado es entrar en los debates que plantea (lo que implica correr el riesgo de considerar que hay cuestiones debatibles, como los derechos de las minorías, la existencia de la violencia de género o la igualdad entre hombres y mujeres) o hacer caso omiso de ellos para no engordar opiniones que en ningún caso son respetables (a diferencia de las personas, que sí lo son, siempre, nos recordaban unos jóvenes filósofos citando a José Antonio Marina, aun sus ideas sean detestables).Para defender la medida se puede jugar con un par de argumentos a priori aceptables: la libertad y la igualdad de las mujeres, por un lado, y la seguridad en el espacio público, por otro. Respecto a lo último, parece como si ahora volviera Esquilache a recortar la largura de las capas porque ahí se pueden esconder armas. Perdón por el chiste, la ironía, el sarcasmo, pero es que la risa es una herramienta indispensable contra la sinrazón y la amenaza autoritaria. Aunque la cosa es seria. Mucho.
Enlazando con Esquilache, el argumento de la seguridad para eliminar el burka es un tanto peregrino, como la mayoría de los que tratan de despertar los miedos de la sociedad sobre todo al que se ha construido como el «otro» o el «diferente». Teniendo en cuenta que para una feminista uno siempre será mucho... ¿de verdad ven tantos burkas y niqabs por la calle?
Argumento fraudulento
Pero es que la apelación que hace Vox a la libertad y la igualdad de las mujeres es, simplemente, un fraude proviniendo de un partido cuyo líder, Santiago Abascal, niega la violencia de género porque dice que es un «concepto ideológico» y que se desmarca sistemáticamente de cualquier acto institucional y unitario en condena de los asesinatos machistas.
Esta propuesta de prohibir la vestimenta que sí, por supuesto, es deplorable porque borra y anula a las mujeres, no va en realidad de feminismo, no busca la emancipación de las mujeres. Va de otra cosa: de xenofobia, de racismo, de querer una sociedad homogénea, uniforme, blanca y cristiana; de insuflar en la población el miedo a que la inmigración implique «la importación de hábitos y comportamientos ajenos a los de las sociedades occidentales» o «la imposición de costumbres islamistas en el espacio público español». Aquí una recomendación es ir a la novela original que cuenta el chisme, 'Sumisión', de Michel Houellebecq, y que ya tiene una década. Es una historia reaccionaria y demencial, pero ya sabemos que es ficción y está muy bien escrita, como acostumbra el francés en todas sus obras.
Insignes feministas han caído en la trampa de subirse al carro de la propuesta de Vox. Han cometido ese terrible error. Los ultras contaban con ello para hinchar el globo xenófobo. Está claro que sin realizar el análisis previo de lo que subyace, del odio al extranjero que rezuma, lo lógico es decir «por supuesto, el burka, el simple hiyab, es un símbolo de sumisión de la mujer, de anulación para que el santo varón no caiga en la tentación y coja la manzana (uy, no, perdón, esto es de otro libro)... hay que abolirlo, hay que hacerlo desaparecer».
Investigaciones alertan que la prohibición del velo retira a las mujeres del mundo educativo y del mercado laboral: las mujeres no dejan de llevar la prenda, dejan de salir a la calle
¿Qué dice la evidencia científica?
Pero, ¿de verdad prohibir el velo ayuda a las mujeres a liberarse o lo contrario? La literatura científica tiene, como poco, serias dudas al respecto. Una investigación de Aala Abdelgadir y Vasiliki Fouka publicada en Cambridge University Press reveló que la prohibición del velo en Francia a partir de 2004 le hizo flaco favor a las jóvenes musulmanas residentes en ese país, que rebajaron su presencia en el mundo educativo y en el mercado laboral. La prohibición, dice la investigación, eleva la percepción de que se forma parte de un grupo social discriminado y refuerza las identidades nacionales y religiosas de los concernidos. Vamos, que es contraproducente si lo que de verdad se busca es la libertad de las mujeres. Si se prohíbe el velo, el niqab, el burka, las chicas no dejan de llevarlo, dejan de salir de casa. La liberación de las mujeres no va por ahí, sino por la convivencia, la diversidad. El único liberalismo que funciona, el que permite la libre circulación de las ideas, resulta en que al final triunfa la más acertada, y nada hay mejor que la libertad y la igualdad, principios del feminismo.
El feminismo inteligente, basado en las evidencias, no es relativista. No piensa que las mujeres son libres de llevar velo. No dice que si algo es propio de una cultura hay que respetarlo. El feminismo considera los derechos de las mujeres como universales por encima de culturas y confesiones religiosas, emancipados de ambas, sobre todo de las segundas, tradicionalmente yugos para el sexo femenino. Pero no prohíbe, sino que libera, persuade, empatiza y acompaña. Feminismo es ciencia y analiza la evidencia, las políticas públicas y sus resultados. La emancipación se demora más de lo que se tarda en escribir una ley y aprobarla en el Congreso. La abolición del género, de los roles de género, de sus mandatos y servidumbres no es cosa que pueda pasar de un día para otro. Como tampoco lo es otra construcción más pérfida, el racismo, la demonización del otro. Pero aquí cada día hay quien pone un ladrillo más. No les hagamos la tarea todavía más fácil.
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