LA TRIBUNA
La bárbara fiesta nacionalEn la preparación de las oposiciones se hace un largo recorrido, sin saber si, a la hora de la verdad, el esfuerzo prolongado tendrá el premio anhelado
Regala esta noticia Añádenos en GoogleFEDERICO ROMERO HERNÁNDEZ. EX SECRETARIO GENERAL DE AYUNTAMIENTO DE MÁLAGA Y PROFESOR TITULAR DE DERECHO ADMINISTRATIVO
20/08/2026 a las 02:00h.No piensen ustedes que voy a hablarles solo de toros. No comparto la opinión de los que estarían de acuerdo en aplicarlo a ese fascinante ... mundo de un animal que combina bravura y nobleza y es un emblema de nuestra tierra. He vivido y convivido con personas que los admiran y que, aunque tengan que pagar el sacrificio de verlos morir en lucha desigual con el maestro que los mata, después de una faena memorable, me consta que desearían ponerle el final triunfante, aunque excepcional, del indulto. Comprendo que haya también quienes opinen lo contrario, porque es una pelea desproporcionada. Pero, al menos, ambos contendientes comparten en ese sacrificio, dignidad y grandeza y no una forma de morir rápida, claudicante y desde luego inexorable, extensible a casi todos los animales de la creación, para sacar múltiples formas de aprovechamiento.
Este protocolo ancestral, este rito casi arqueológico, puede que a algunos les resulte cruel, bárbaro, despiadado y hasta trágico. Y a otros, necesario para mantener la identidad de algo con lo que nos relacionan a todos los españoles y que, una vez más, utiliza el dominio humano sobre los animales para su provecho, con el argumentario apuntado al principio de este artículo. Comprendo a unos y otros y desde luego no los juzgo. Pero hay una singular utilización del título que lo encabeza, a la que dedico la segunda parte de lo que escribo.
Es difícil encontrar un sistema mejor para seleccionar a alguien que debe aunar la preparación y responsabilidad exigible en las funciones públicas
En efecto, mi profesor de Economía Política en la Universidad de Sevilla, Ramón Carande -que era muy conocido en el ámbito académico de entonces y da nombre a una avenida de la capital hispalense- también llamaba «bárbara fiesta nacional» a las oposiciones que muchos hicimos entonces como salida de nuestros estudios jurídicos. Con los años, he formado parte de bastantes tribunales en diversas instituciones y, después de verlas un tiempo desde la barrera, volviendo a utilizar términos taurinos, cuando me he jubilado, he vuelto a vivir sus vicisitudes y zozobras, acodado en este lado de las tablas del burladero, viendo a mis hijos y nietos opositar y, sin jugarse la vida, sí gastar alguno de sus mejores años, metidos en esa especie de silenciosos muros monacales, contando horas y minutos y cantando temas, no con estilo gregoriano, pero sí sustituyendo salmos por artículos de códigos y textos normativos. Más de un domingo, después de un breve descanso de fin de semana, los he visto separarse de la agradable reunión familiar y, con ojos arrasados de lágrimas, volver al tajo cotidiano de codos en la mesa y disciplina del espíritu, tratando de clavar en la mente el contenido de un temario que parecía inacabable. En la preparación de las oposiciones se hace un largo recorrido, sin saber si, a la hora de la verdad, el esfuerzo prolongado tendrá el premio anhelado, o habrá sido «una pasión inútil», aprovechando la expresión existencial. Porque después de varios ejercicios, se trata de hacerlo mejor que los otros aspirantes, dentro de un número limitado, sabiendo que «hasta que pasaba el rabo todo es toro», volviendo al símil taurino.
Sí, Don Ramón, comprendo la utilización de su metáfora. Se trata de una «fiesta dura y despiadada». Pero es difícil encontrar un sistema mejor para seleccionar a alguien que debe aunar la preparación y responsabilidad exigible en las funciones públicas a desempeñar, y que no estén dispuestos a jugarse algo que tanto esfuerzo e incertidumbre les ha costado, por muchas presiones políticas, económicas y de todo orden que reciban.
Por eso que sea tan triste ver que haya personas que traten de corromper el sistema. Por eso que sigo manteniendo mi esperanza en la humanidad y me entristezca los que se hayan quedado en el camino. Ayer, mi nieta celebró con el tribunal y sus ya compañeros el final de la aventura. Y me alegró saber que el presidente del mismo, además de ser notario tiene como hobby ser un buen disc-jockey. «Hay gente pa tó», que diría el Guerra hablando del ilustrado Belmonte. Pero es un signo de humanidad alentadora.
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