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Internacional

La banalización de la guerra

La banalización de la guerra
Artículo Completo 573 palabras
Transformar los conflictos en espectáculo convierte la guerra en políticamente más aceptable

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El presidente de Estados Unidos Donald Trump llega al Aeropuerto Internacional de Miami. AFP

Juan Carlos Viloria

Lunes, 9 de marzo 2026, 00:01

... Furia Épica» musicalizado con el éxito pop «La Macarena». El metraje de 39 segundos muestra bombarderos furtivos B-1 y B-21 despegando para lanzar misiles Tomahawk contra objetivos en suelo iraní, alternando imágenes térmicas de alta resolución con el pegadizo estribillo de los Del Rio. Pero no es un error del equipo de propaganda del presidente sino un episodio más de la estrategia de comunicación que ha llevado Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Según los analistas el objetivo perseguido es doble. Al transformar los conflictos en espectáculo y al adversario en objeto de burla, busca humillar y demonizar al enemigo en tiempos de guerra para presentar la confrontación como un episodio superficial, pero necesario y más fácil de asimilar por el espectador. Por otro lado, sus mensajes, tuits, a través de Internet, simples y sarcásticos tienden a vulgarizar la política para hacerla más accesible. Es el lenguaje adoptado por las redes sociales que le permite llegar a un público habitualmente alejado de la información internacional. El presidente de Estados Unidos, en lugar de adoptar el tono grave y solemne preceptivo en tiempos de guerra utiliza el sarcasmo, la ironía, los ataques personales, formulando ciertos temas en clave de humor para convertir la guerra en políticamente más aceptable. El Trump fanfarrón, exagerado, superlativo, cambiante, chequea constantemente los límites de la aceptación de su electorado sobre sus decisiones más polémicas y banalizando, los bombardeos, los torpedos, los aranceles, intenta trivializar propuestas que en otro tono serían inaceptables. No es extraño que el viejo ADN de la izquierda española que en los años del tardofranquismo y los ochenta, convirtió el antiimperialismo (Yankees go Home) en una religión, esté recuperando las fobias del pasado. El pulso del populista Sánchez al perdonavidas de la Casa Blanca enlaza con los tiempos en que las calles estaban salpicadas de leyendas antiamericanas (OTAN no, bases fuera) cuando todavía los pilotos de Torrejón hacían barbacoas en sus chalets, estilo Florida, a las afueras de Madrid. Para sentirse parte de la vanguardia y la progresía (cuando la progresía equivalía a antifranquismo) había que renegar de todo lo americano, lo que hoy vendría a ser llevar la pancarta del: No a la guerra. Los rescoldos de aquel antiamericanismo fanático en la izquierda incurable que creíamos haber dejado atrás con la entrada en la OTAN y la caída del muro, han rebrotado como un arma de agitación electoral. La duda es si llamar «perdedores» a los españoles lo capitalizará un diletante Sanchez en las urnas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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